Desde el 6 hasta el 11 de febrero tuvo lugar en París una cumbre diferente, abocada íntegramente a analizar la utilización y tal vez normar (esta última posibilidad no consiguió la rúbrica de EEUU, ni de Inglaterra), el uso de la Inteligencia Artificial (I.A.) en el mundo. De la cita participaron 80 países y lo que se podría calificar como la ‘crema y nata’ de la I.A. ¿Qué pedía la declaración emitida?, pues que la aplicación de esta tecnología sea abierta, inclusiva, transparente y ética.
Otras prioridades apuntadas son aumentar la accesibilidad de la IA para reducir la brecha digital. Entre los firmantes figuran los 27 Estados de la Unión Europea, China, India, Japón, Brasil, Chile y hasta el Vaticano. La declaración pone foco en la "necesidad de mejorar los efectos de la IA en el mercado de trabajo, y que se tiene que aumentar la confianza y seguridad en la I.A. “para poder sacarle todo el partido”.
¿Por qué EEUU no quiso firmar? El vicepresidente James David Vance dejó claro que están en contra de una regulación y una gobernanza global de esta tecnología. Dijo en su favor que una regulación excesiva de la I.A. podría matar a un sector en plena eclosión. Vance coronó su postura diciendo que Estados Unidos es el líder en I.A. y queremos que siga siendo así". Desde que nació el internet (su apogeo fue en los 90) ha habido inquietudes sobre sus bondades y peligros, así como críticas sobre el acceso igualitario y la brecha que se abrió entre los que tienen acceso y los que no. Como sea, estas nuevas tecnologías -primero internet y ahora la I.A.- llegaron para quedarse, a esta última toca conocerla más, dominarla y sacarle el mejor partido para bien.