Este domingo, más de siete millones de bolivianos volverán a ejercitarse por segunda vez en lo que va del año en uno de los deportes nacionales menos reconocidos. Lo harán para elegir autoridades entre una colección casi enciclopédica de candidatos. Porque si algo no falta en Bolivia, además de paisajes hermosos y debates eternos, es gente dispuesta a ser alcalde o gobernador… o al menos a intentarlo con entusiasmo digno de causas mejores.
La papeleta promete ser una experiencia interactiva con nombres largos, siglas creativas y propuestas que van desde lo inspirador hasta lo francamente imaginativo. El votante promedio tendrá ese momento íntimo en la fila formada en su recinto electoral, repasando mentalmente: “¿Este era el del puente? ¿O el de los drones? ¿O el del TikTok?”. Democracia en estado puro, con un toque de memoria selectiva.
Por supuesto, todos los candidatos aseguran ser “la renovación”, incluso aquellos que llevan más tiempo en campaña que algunos edificios públicos en construcción. Y no falta el ‘candidato sorpresa’, ese que aparece como personaje desbloqueable en el videojuego, con promesas que desafían la física, la economía y, a veces, el sentido común.
Al final, el voto será esa mezcla de esperanza, resignación y cálculo fino, para elegir al que parezca menos complicado, más convincente o, en el mejor de los casos, ligeramente posible. Porque sí, entre tantos nombres, siempre queda la ilusión de que alguno realmente haga lo que dice.