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Cara a cara

Viernes, 20 de marzo de 2026 a las 04:00

Los coletazos del caso Marset siguen dejando más preguntas que respuestas. La más evidente: fiscales y policías parecen no hablar el mismo idioma. Ni llamadas, ni mensajes, ni siquiera el infaltable WhatsApp. En teoría, deberían trabajar de la mano; en la práctica, las pesquisas expusieron desconfianzas que complican cualquier investigación seria. Una coordinación que no fluye termina siendo, por decirlo suavemente, funcional a la confusión.

La dimensión del caso también interpela. Autos de lujo, casas imponentes, canchas de fútbol privadas. Cuesta creer que el narco detenido en Estados Unidos haya jugado solo con sus guardaespaldas. Todo indica que tenía más de un compañero para armar equipo. Porque levantar ese nivel de vida —y sostenerlo— rara vez es un deporte individual.

Y en medio de ese escenario aparece “Marcelito” (Arce), con bienes millonarios acumulados en apenas cinco años de la presidencia de su padre. Una historia familiar que provoca una mezcla incómoda: rabia, vergüenza y, en algunos casos, resignación. El problema no es solo el tamaño del patrimonio, sino la velocidad con la que creció.

Si algo deja este caso es una señal inquietante: cuando las instituciones desconfían entre sí y los patrimonios se explican solos, la justicia llega tarde… o no llega. Tal vez el verdadero desafío no sea solo capturar a los protagonistas, sino demostrar que el Estado todavía puede jugar en el mismo equipo.

(*) El autor es editor

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