La política local boliviana muestra señales de renovación. La irrupción de nuevos actores —como la gobernadora electa de Pando, la alcaldesa de Sucre, la alcaldesa de Colpa Bélgica y el alcalde de Cuatro Cañadas— introduce aire fresco en un sistema desgastado. Son liderazgos con legitimidad en las urnas y una impronta distinta. Se percibe un esfuerzo por marcar distancia de las prácticas tradicionales y una vocación de gestión más cercana a la ciudadanía.
Pero esa renovación no puede sostenerse sobre cimientos frágiles. Los errores del Tribunal Electoral Departamental de Santa Cruz no deben repetirse. Más preocupante es la demora en asumir decisiones claras. Donde las fallas son atribuibles a la autoridad electoral, la salida está definida: reprogramar la votación el siguiente domingo. La norma no deja espacio para ambigüedades.
Se abre también el tiempo de las transiciones. Y ahí comienza otra prueba. ¿Actuarán las autoridades salientes con la idoneidad necesaria para entregar información completa a sus sucesores? La experiencia reciente invita a la cautela. La continuidad institucional no puede depender de la buena voluntad. Habrá que ver, como dijo el ciego.
Y luego viene el 50/50. El Gobierno ha postergado decisiones clave a la espera de los resultados subnacionales. Ese margen se terminó. La gestión exige definiciones, no excusas. Es tiempo de trabajar más y discursar menos.
(*) El autor es editor