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Cara a cara

Viernes, 06 de marzo de 2026 a las 04:00

 Algo extraño ocurre en Santa Cruz de la Sierra. La ciudad que durante décadas fue sinónimo de empuje y modernidad hoy atraviesa una suma de problemas que parecen haberse alineado como una tormenta perfecta. Basta caminar por la plaza 24 de Septiembre, el corazón histórico de la capital cruceña. Baldosas levantadas, bancas rotas y sectores deteriorados muestran un abandono difícil de justificar en el principal paseo público. Si la plaza central luce así, muchos se preguntan, ¿qué queda para el resto de la ciudad?

 A pocas cuadras, el centro histórico ofrece otra señal de alerta. Viejas casonas patrimoniales se deterioran lentamente, algunas al borde del colapso. Cada pared que se cae no es solo un problema urbano: es memoria que se pierde. Las ciudades que descuidan su patrimonio terminan erosionando también su identidad.

 Mientras tanto, la salud pública enfrenta su propio frente de batalla. Influenza, dengue y chikunguña circulan al mismo tiempo y presionan hospitales y centros de salud. Los virus no esperan decisiones administrativas ni discusiones políticas. 

 Y en medio de este cuadro, el alcalde de la ciudad pasa sus días en Palmasola, aferrado al cargo mientras gobierna desde el penal. La imagen institucional no podría ser más frágil.

 ¿Qué hizo Santa Cruz para merecer semejante panorama? Tal vez la respuesta sea incómoda. Las ciudades no entran en crisis de un día para otro. Lo hacen cuando la política se vuelve espectáculo y la gestión queda en segundo plano. Elegir bien nunca ha sido un detalle menor. Es, en realidad, el principio de todo.

(*) El autor es editor

 

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