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Cara a cara

Domingo, 21 de diciembre de 2025 a las 04:00

El aislamiento del vicepresidente Edmand Lara se ha convertido en muestra elocuente de la crisis que atraviesa el gobierno de Rodrigo Paz. No estuvo presente la noche del miércoles, cuando el presidente apareció junto a su gabinete para anunciar las últimas y trascendentales medidas económicas. No fue un detalle menor ni un descuido protocolar. Fue un gesto político cargado de significado. En un contexto de cierto malestar social y críticas a la orientación económica del Ejecutivo, la ausencia de Lara terminó amplificando las dudas sobre la cohesión interna del poder.

La relación Paz-Lara muestra signos de un deterioro que ya parece irreversible. Diferencias en el diagnóstico de economía, desacuerdos sobre la profundidad de los ajustes, y una notoria falta de coordinación política han erosionado un binomio que prometía complementación y diálogo. El aislamiento de Lara no solo expone una relación fisurada, sino que desnuda una gestión que parece cerrarse sobre sí misma cuando demanda más consenso.

El DS 5503, lanzado sin la presencia de Lara, quedó envuelto en una atmósfera de fragilidad política. Para amplios sectores, la imagen reforzó la percepción de un gobierno que toma decisiones clave sin debate interno ni respaldo pleno, generando desconfianza. En lugar de transmitir liderazgo y unidad frente a la crisis, la escena proyectó división y debilidad. Si el distanciamiento entre Paz y Lara no halla un cauce institucional, el costo político puede ser alto. La ausencia del ‘Vice’ ya no puede leerse como hecho aislado, sino como la confirmación de un quiebre que tiende a agravar la incertidumbre económica y política del país.

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