La asunción de Rodrigo Paz Pereira ha inaugurado en el país una nueva etapa que exige de la ciudadanía no solo expectación, sino acompañamiento activo, crítico y responsable. Su discurso de unidad, concertación y apuesta internacional abre espacios de esperanza, pero también de exigencia para quienes depositaron su confianza en quien fuera candidato presidencial de la Democracia Cristiana en los recientes comicios generales.
Es así que la ciudadanía debe participar vigilante, lo que implica monitorear que las promesas de campaña -por ejemplo, la recuperación del rol internacional y el fortalecimiento institucional del país,- se traduzcan en hechos concretos y no queden en simples promesas. La transparencia, el acceso a la información y la rendición de cuentas serán fundamentales para que la ciudadanía ejerza una suerte de control social que estimule una gestión pública eficaz, honesta y transparente.
Este gobierno propone una línea de concertación: el jefe de Estado ha llamado a “todas las fuerzas políticas, a todas las regiones y a todas las naciones” a sumarse a la visión de “unidad”. Pero esa convocatoria no puede devenir en pasividad ciudadana. La sociedad también debe aportar ideas, planteamientos y críticas constructivas desde diferentes instancias para que la concertación no sea vacía formalidad sino participación real. Para ello, es necesario construir desde abajo la institucionalidad, fiscalizar desde adentro, proponer desde lo ordinario y empujar para que lo prometido se convierta en acción concreta.