Carlos Guevara Rodríguez
El gobierno de izquierda, después de una catastrófica gestión económica, preside una elección general en la que es derrotado abrumadoramente por la oposición de derecha. Esa era la situación después de la elección de 1985 cuando la desastrosa gestión de gobierno de la UDP dio lugar al gobierno de Paz Estenssoro y 20 años de gobiernos denostados como neoliberales, todos elegidos democráticamente.
Hasta ahí, dados los resultados del 17 de agosto, se repite la historia. Del balotaje el 19 de octubre, y del desempeño del siguiente gobierno, depende de que la historia se repita en el futuro de un modo positivo o negativo.
El gobierno de Paz Estenssoro logró derrotar la hiperinflación, estabilizar la economía e iniciar un proceso de recuperación y crecimiento, aun cuando al poco tiempo de haber asumido el gobierno se derrumbó la cotización del estaño, por esos tiempos el principal producto de exportación.
A pesar de la dureza del programa de estabilización, la siguiente elección en 1989 fue ganada con la primera minoría por el candidato del gobierno, Gonzalo Sánchez de Lozada, yendo el segundo lugar al general, y otrora dictador militar, Hugo Banzer Suárez. La izquierda no volvió a levantar cabeza sino hasta el siglo siguiente con la aparición del MAS y Evo Morales.
El próximo gobierno tiene que, al igual que en 1985, reestablecer la estabilidad macroeconómica si es que quiere seguir gobernando. Es en ese tema más que en ningún otro, y que debe ser resuelto antes que ningún otro, que la candidatura de Rodrigo Paz ha dado señales preocupantes.
La candidatura del PDC no parece entender a cabalidad la problemática económica. Sin estar del todo claro, parece que se inclina a no recurrir al financiamiento externo del FMI y otras instituciones multilaterales de crédito. Según algunas de sus declaraciones parece que pretenden reducir el gasto fiscal a tal punto que se podría prescindir de esas fuentes de crédito. Sin embargo, también ofrecen beneficios que van en contra de esa intención, como subir la renta dignidad a Bs2000, y aunque bajen su propuesta a Bs500 igual no encaja con una reducción en el gasto fiscal de la magnitud contemplada.
Sin recursos externos de financiamiento, la reducción del gasto fiscal que se tendría que realizar sería verdaderamente draconiana; sería como operar de emergencia sin anestesia. Lo más probable es que una reducción en el gasto de esa magnitud no sea políticamente viable. La alternativa sería seguir financiando el déficit fiscal con emisión inorgánica de dinero del BCB, de ese modo incrementando la inflación, incrementando el racionamiento de todo tipo de insumos, algunos críticos para el funcionamiento de la economía como ser los carburantes, y ahondando la crisis económica aun más.
Si bien la contratación del principal asesor económico de Samuel Doria Medina apunta a que Rodrigo Paz contempla un programa convencional de estabilización, incluyendo el necesario soporte financiero del FMI y otros, con todos los costos políticos que eso conlleva a corto plazo, no está claro que su entendimiento y convicción están en esa línea.
Recorrer de la situación actual de alta inflación, racionamiento y crecimiento estancado a una situación de inflación baja, ausencia de racionamiento y principio de crecimiento económico más alto, significa enfrentar a corto plazo una convulsión social y política. El país tiene menos ingresos y por tanto no puede seguir consumiendo al mismo nivel de antes. Esa es la realidad inescapable, una realidad que ya se vive todos los días con los racionamientos y costos que se incurren en las filas por carburantes, la demostración más clara de la nueva realidad en que vivimos.
De nuevo, la historia nos ilumina las consecuencias de un programa de estabilización después de un periodo de extraordinaria indisciplina fiscal que da lugar a una hiperinflación. Cuando el gobierno de Paz Estenssoro implementó el DS 21060 para estabilizar la economía, el sector minero, otrora el sostén de la economía y poderoso actor político, se alzó. Su Marcha por la Vida parecía que podía hacer tambalear el programa de estabilización y aun al mismo gobierno. El manejo político de esa y otras manifestaciones de reclamo popular tuvieron que ser adecuadamente administradas para que el programa de estabilización pueda estabilizar la economía a mediano plazo, tal y como sucedió.
En cambio, en el gobierno de la UDP se intentaron varios programas de estabilización. Todos fracasaron porque cuando empezó la protesta popular se rescindieron las medidas de restricción del gasto y sinceramiento de la economía. Simplemente ese gobierno no estaba dispuesto a soportar el costo político de llevarlas a cabo. El resultado fue que ni logró estabilizar la economía ni logró mantener su popularidad. La inflación se disparó a niveles record en el mundo y las medidas que se tuvieron que tomar después para controlarla tuvieron que ser más drásticas y costosas que si se hubieran tomado y sostenido antes.
Ese es el gran riego que se corre con la candidatura del PDC, que ésta resulte ser, con las diferencias del caso, una nueva UDP.