¿Quiere recibir notificaciones de alertas?

Clasificados

Cara a cara

Viernes, 24 de octubre de 2025 a las 04:00

     

El nuevo episodio político en Bolivia revela una verdad incómoda: tras dos décadas de encierro institucional y productivo, el país enfrenta el reto de volver a integrarse al mundo. Rodrigo Paz lo resume con una frase certera: “estos 20 años nos aislaron del mundo”. Pero ese aislamiento no es solo diplomático; también es económico. La Cepal prevé que Bolivia apenas crecerá un 1 % en 2025, mientras América Latina alcanzará un promedio del 2,4 %. El diagnóstico es claro: la economía nacional ha perdido dinamismo y confianza, dentro y fuera del país.
Ese rezago se siente en el día a día. Los precios de los alimentos suben, y la carne -símbolo de bienestar en muchas familias- se ha vuelto un lujo. La inflación en productos básicos muestra que el problema ya no es abstracto, sino doméstico. Cuando los salarios se estancan y el consumo cae, las promesas de reactivación suenan vacías. El crecimiento no se mide en discursos, sino en la capacidad real de las familias para llenar su mesa y sostener su esperanza.
El desafío es doble y urgente: recuperar la credibilidad externa y resolver los nudos internos que frenan el desarrollo. No bastará con abrir mercados o firmar acuerdos; hay que abrir oportunidades. Si el aislamiento fue una decisión política, la modernización debe ser un compromiso nacional. Bolivia no puede perder más tiempo discutiendo el pasado: tiene que construir su lugar en el mundo, y hacerlo ahora. Y, por cierto, el avance puede ser muy positivo si los políticos demuestran que saben poner la patria por encima de los intereses partidarios. 


 

¿Quiere recibir notificaciones de alertas?

Las notificaciones están desactivadas

Para activar las notificaciones: