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Respetar el voto… y la voluntad popular

Martes, 21 de octubre de 2025 a las 04:00

     

La inédita segunda vuelta electoral ha ratificado el compromiso de los bolivianos con la democracia. El ciudadano ha respondido a los llamados del Órgano Electoral y se ha consolidado como el primer cuidante del voto. Ya sea en su papel de jurado electoral, como ciudadano que acude responsablemente a votar o como colaborador de las diversas entidades que observaron el proceso electoral en su conjunto; los bolivianos han demostrado el camino que quieren para el país.
Al igual que ocurrió el 17 de agosto, la jornada del domingo se desarrolló con normalidad. Cerca de siete millones de bolivianos, tanto en el país como en los recintos habilitados en el exterior, acudieron a las urnas con la esperanza de elegir lo mejor para Bolivia. Se habló sobre un incremento del ausentismo a los centros electorales. Los datos, todavía en consolidación, demuestran que las cifras entre la primera y segunda vuelta no varían significativamente. 
Las más de 35.000 mesas electorales funcionaron correctamente. Más allá del retraso en la instalación de alguna de estas mesas, los informes de observadores internacionales y del mismo Defensor del Pueblo ratifican la ausencia de incidentes relevantes. Bolivia vivió una fiesta democrática fundamentalmente por el compromiso y la convicción de cada uno de los votantes en el proceso electoral.
La labor del Tribunal Supremo Electoral, respaldado por sus nueve tribunales departamentales, ha sido clave para revertir la desconfianza en un órgano del Estado seriamente cuestionado años atrás. El camino por reconstruir la credibilidad del Órgano Electoral ha estado plagado de escollos. El buen hacer de los vocales y la determinación de abrirse a la población de manera transparente ha facilitado esta transición. El TSE se reunió con los actores políticos, convocó a actores sociales y apeló cuantas veces pudo a los medios de comunicación para trasladar al votante cada una de las etapas del proceso han apaciguado las dudas. Incluso, la celeridad con la cual se conocieron los datos del Sirepre acalló cualquier inquietud.
En la memoria de muchos votantes permanece todavía la sensación amarga del fraude electoral de 2019 y la labor desarrollada para revertir esos recuerdos ha sido compleja. Aún hoy, algunos sectores minoritarios pretenden elevar la misma voz de fraude para empeñar el resultado de las urnas.
Por fortuna, el propio Jorge Tuto Quiroga ha silenciado esos gritos infundados. La noche electoral felicitó al ganador y mencionó que existen “denuncias anecdóticas”, pero más allá de esas observaciones livianas, “Bolivia no está para que tratemos de causar más dificultades a los bolivianos que están sufriendo en la cola en los surtidores, por el dólar, por el diésel por la gasolina. A ese sufrimiento económico sumarle un político no cabe”. 
Igual madurez política se reflejó en el ganador de la segunda vuelta, Rodrigo Paz Pereira. El senador tarijeño compartió escenario con su padre, el expresidente Jaime Paz Zamora, y con su familia. Una muestra más que evidente para entender Bolivia como una gran familia. Paz Pereira, el presidente electo, apeló al “amor a la patria” como argumento que sostendrá su disposición de servicio a una Bolivia que “respira tiempos de cambios y renovación”.
En estos nuevos tiempos, el ciudadano ha conquistado un importante espacio de la vida política. Al igual que supo cuidar y defender el voto, también está dispuesto a mostrarse firme para que se respete su voluntad – la manifestada el 17 de agosto y la ratificada el 19 de octubre – y demandar a las autoridades el fiel cumplimiento a las promesas lanzadas en campaña. Los nuevos políticos están llamados a gobernar con el ciudadano, a caminar junto a él y no a pesar de él.

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