Cumplido su deber ciudadano, los bolivianos deben esperar, por sobre todo, el respeto irrestricto a la voluntad popular expresada en las urnas este domingo. En un contexto marcado por la polarización política, una profunda crisis económica y la creciente desconfianza institucional, este momento representa una oportunidad clave para fortalecer la democracia, el diálogo entre sectores y la legitimidad del poder.
Sea cual sea el resultado, la ciudadanía debe exigir información oportuna y confiable, transparencia y legalidad en el proceso postelectoral. El rol del Órgano Electoral será decisivo, ya que cualquier atisbo de manipulación podría reavivar tensiones sociales y repetir los episodios conflictivos del pasado reciente. La comunidad internacional, por su parte, también jugará un papel importante como observadora imparcial.
Quien resulte electo tendrá la responsabilidad de gobernar no solo para su electorado, sino para todo el país. Se espera que el nuevo gobierno promueva la unidad nacional, respete la diversidad política y cultural de Bolivia, y busque consensos para enfrentar, entre otros, desafíos urgentes como la inflación, el desempleo, la corrupción, los efectos del cambio climático y el combate al narcotráfico.
Los bolivianos deben mantenerse vigilantes y comprometidos con una participación activa y pacífica. El balotaje no debe entenderse como el fin de un proceso, sino como el inicio de una etapa donde se construya una democracia más sólida, incluyente y representativa. Un punto de inflexión hacia una Bolivia menos oprimida y con mayor libertad. En paz y con esperanza renovada.