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Vicepresidentes bajo la lupa: pasado y presente de un cargo clave

Lunes, 13 de octubre de 2025 a las 04:00

En la antesala de las próximas elecciones presidenciales, el rol de los vicepresidentes vuelve a estar bajo escrutinio. Este cargo, que debería ser una pieza fundamental en el equilibrio del poder y en la conducción del Estado, ha cobrado protagonismo en medio del reciente debate entre candidatos. Sin embargo, en lugar de ofrecer una visión inspiradora o propuestas sólidas, ese encuentro dejó al descubierto la pobreza de ideas y la falta de soluciones concretas a los problemas que hoy aquejan a los bolivianos.


La figura vicepresidencial ha sido motivo de controversia a lo largo de la historia política nacional. Con frecuencia, se la ha reducido a un papel decorativo o subordinado, una percepción que en los últimos años parece haberse consolidado. No obstante, también hubo excepciones notables que demostraron la trascendencia que puede tener un vicepresidente comprometido con los principios democráticos y con la institucionalidad. Una de esas excepciones fue mi padre, Luis Adolfo Siles Salinas, vicepresidente constitucional entre 1966 y 1969 y compañero de fórmula del general René Barrientos.


Las diferencias entre ambos fueron profundas, tanto por su origen y formación como por su visión del poder. Mientras Barrientos buscó concentrar las decisiones, Siles Salinas defendió la legalidad y el respeto a las instituciones. Aunque respaldó los aciertos del gobierno, no dudó en corregir sus excesos ni en oponerse a las medidas autoritarias. Así, cuando el régimen reprimió a los mineros, mi padre abogó por el diálogo y la moderación; y cuando se quiso procesar a dirigentes fabriles, intervino para excluir a quienes habían sido injustamente detenidos.


Con una mirada integradora y de largo plazo, emprendió un viaje emblemático a los llanos orientales, donde recorrió ríos y comunidades que inspiraron políticas institucionales, económicas, educativas y sanitarias. Fue impulsor del desarrollo rural y fundador de la Corporación de Desarrollo Campesino, además de ser pieza clave en la creación de la Universidad Católica Boliviana, convencido de que la educación era la base de la transformación social.


Entre sus mayores aportes, quisiera destacar dos. El primero, su decisiva participación en la redacción y coordinación de la Constitución de 1967, una norma que, como él mismo señaló, fue “la más liberal en derechos y libertades, y la más social en materia laboral y de desarrollo” que tuvo Bolivia. El segundo, su defensa intransigente del Congreso Nacional, al que consideraba un pilar del equilibrio democrático. En su discurso ante la Asamblea Constituyente de 1967, expresó una convicción que sigue vigente: “Los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial no deben ser entidades rivales, sino organismos complementarios, cuya armonización es el secreto, de manera inseparable, de las garantías individuales y del desarrollo colectivo”.


Tras la trágica muerte de Barrientos, Siles Salinas asumió la Presidencia y confirmó su fe en una democracia integral y transparente. Gobernó con integridad, promovió la integración nacional e internacional, y defendió los derechos humanos, guiado siempre por principios de honestidad, legalidad y justicia.


Al cumplirse este 19 de octubre veinte años de su fallecimiento, recordamos a Luis Adolfo Siles Salinas como un demócrata ejemplar, que dignificó la Vicepresidencia y la convirtió en una institución de servicio, equilibrio y compromiso con el país. Promovió la unidad entre los bolivianos. Ojalá su legado inspire a quienes hoy aspiran a ocupar ese cargo, para que comprendan que la Vicepresidencia no es un lugar de sombra, sino una tribuna de principios y una responsabilidad con la historia.
 

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