Sobre el filo de la medianoche del último día de 2024, tres militares bolivianos pasaron un mal momento cuando, ‘por error,’ atravesaron la línea fronteriza con Chile, a la altura del Salar de Coipasa (Oruro). La falta de equipos tecnológicos impidió a dos efectivos del Ejército y uno de la Armada, parte del Comando Estratégico de Lucha contra el Contrabando, identificar su ubicación precisa sobre el terreno, de acuerdo al informe emitido por la Fiscalía de la región chilena de Tarapacá.
El incidente fue resuelto rápidamente cuando la patrulla boliviana fue ‘reconducida’ a territorio nacional por Carabineros de Chile, luego de sus declaraciones de rigor y de que fueran incautadas sus armas de reglamento para las pericias correspondientes. Según la nota de EL DEBER, ni el Ministerio de Defensa ni la Cancillería hicieron referencia alguna sobre lo ocurrido, a un mes de que los presidentes de Bolivia y Chile firmaran un acuerdo migratorio con procedimientos para el retorno de ‘migrantes irregulares’, sean nacionales de ambos países o de otras procedencias.
Y porque no es la primera vez que ocurre, no sorprende entonces que un ‘comando estratégico’ boliviano, a cargo de la lucha especializada contra el contrabando en una desolada línea fronteriza de más de 800 km de extensión entre dos países con sus relaciones diplomáticas en suspenso, no esté bien capacitado y mejor equipado para cumplir su tarea con seguridad, eficiencia y sin correr el riesgo que, por un ‘despiste’, conlleva meterse en el patio del vecino sin su consentimiento.