Se escucha la marcha nupcial, la emoción de los pocos invitados asistentes está a flor de piel. La novia, del brazo de su padre ingresa al lugar, al sitio donde se celebrará su boda, solo que no es el tradicional altar de una iglesia, sino uno armado solo para esta ocasión, en el jardín de una casa quinta, al aire libre y con frondosos árboles como parte del escenario nupcial, pero igual es la casa del Señor. Es una boda, de las que se están llevando a cabo en esta época de coronavirus, que cambió buena parte del concepto de los enlaces matrimoniales, entre ellos la forma de vestirse y de arreglase de la novia.
Todo puede haber mudado en la futura esposa, el vestido, el peinado, el bouquet o los zapatos. Lo que se mantiene intacto, incólume es ella, la mujer que pasará al equipo de las casadas. Y lo hace con la misma ilusión que lo hicieron quienes se unían en matrimonio antes, hasta hace un año atrás. Todas sueñan con ese momento, cuando se dirigen al altar, donde las espera su amado, para ponerle el anillo matrimonial en el dedo, manifestarle su amor y pedirle que sea su esposa. Esa emoción, esa ilusión no cambia ni con pandemia, ni con Covid 19 asechando por todas partes, cuenta Eliana Terrazas, de la empresa organizadora de eventos MíaBoda, que ha casado a miles de mujeres y que ha visto evolucionar esta ceremonia, desde cuando eran grandes celebraciones, hasta sencillas ceremonias, a las que solo asisten los futuros esposos, sus padres y unos cuantos invitados íntimos, cuenta cómo han cambiado estas fiestas y lo diferente que son algunas novias.
Dice que al no poder haber fiestas de noche, los matrimonios se hacen de día, desde el mediodía, hasta que entra la noche. Ello hizo que los trajes de las novias se adapten a esa nueva realidad, que sean más simples, pero más románticos. Algunas tienen dos vestidos, uno más formal para la ceremonia nupcial, y otro más descontraído para usar en el festejo, que le permite moverse entre sus invitados y bailar.
Terrazas dice que la tendencia de la novia de la pandemia es que use vestidos con poco volumen, más sueltos y con mayor movimiento. Con telas limpias, con poco bordados y sin brillo, pues recuerda que los matrimonios ahora son de día y al aire libre.
Por su parte la diseñadora de modas Éricka Suárez Weise, manifiesta que las novias de estas épocas siguen queriendo que su vestido siga siendo muy especial, el que soñaron siempre, que represente ese momento mágico e inigualable que van a vivir. Sin embargo los tiempos impuestos por la pandemia influyen en la decisión de un modelo de traje. Ahí tiene que ver el trabajo creativo de los diseñadores, de encontrar el diseño adecuado para esa novia especial, que incluye las texturas, las superposiciones y los colores.
Para la también diseñadora Poala Fiorillo, una novia nunca debe dejar ser romántica en su vestuario. Coincide en que el Covid 19 cambió las líneas de los vestidos, pues ahora son elaborados con telas livianas, con muy poco bordados y en los que el corte es muy importante, tomando en cuenta que será la luz del día la que iluminará la celebración nupcial. El blanco, el nude y los tonos marfil siguen siendo los colores que más se usan. El escote debe ser discreto y quedan de lado las transparencias que son recomendables para eventos nocturnos.
El complemento de una novia, en cualquier época, es el bouquet, el ramo de flores que lleva en las manos. El decorador Francisco Mercado explica que estos elementos siguen siendo románticos, elaborados con diversos tipos de flores, como las rosas tradicionales y la china, las orquídeas y los lisantrus, acompañadas con follaje, que en esta época se ha puesto de moda el eucalipto, que es simbólico, pues ahuyenta con su olor aromático a las enfermedades y a malos momentos. También quedan desechados los brillos, pues se trata de bodas diurnas.
Arreglo personal
El estilista Álex Rojas dice que el arreglo personal de una novia tiene que estar acorde con su vestido. Tomando en cuenta que ahora los matrimonios se celebran de día, el peinado deben ser más natural y descontraído, dejando de lado los peinados estructurados o moños bien armados, que se lucen mejor cuando el evento es nocturno.
Sugiere los semirecogidos, que en la parte de adelante están más armados y en la de atrás de la cabeza se van soltando, siempre con abundante fijador y porteñas que permiten mantener la estructura del peinado. También recomienda el pelo suelto con ondas, si el vestido deja los hombros al aire libre.
Lo que debe dar un peinado es una imagen de naturalidad, algo bohemio, nada armado, sin perder el romanticismo y la elegancia que debe tener toda novia, para estar en sintonía con el momento especial y único que va a vivir.
La tradicional tiara también ha cambiado. Ahora se usan las coronitas sin brillos, elaboradas con materiales opacos, mayormente florales, que se coloca sobre la cabeza y que engancha al velo, que la mayoría de las novias llevan, explica el estilista Rojas.
También las guirnaldas y flores naturales se usan bastante, y quedan muy bonitas porque la ceremonia es de día y al aire libre. Así se consigue dar una apariencia de frescura, y sobre todo de romanticismo, que nunca debe faltar en estos eventos, se lleven a cabo en la época que sea.
El maquillaje de la novia debe ser suave, siguiendo la línea natural, evitando los brillos, los tonos fuertes y los contrastantes. El delineado de los ojos, la difuminación de los tonos en los párpados, el rubor y los labios discretos, consiguen acentuar la belleza de toda mujer.
Gabriel García Márquez podría haber escrito una novela, El amor en tiempos de coronavirus, en el que cuente como hacen los amantes para esquivar el virus, y para llegar saludables a su boda, que ya no será de noche y con muchos invitados, sino un evento diurno y con la presencia de solo la familia algunas amistades. Así son los enlaces matrimoniales ahora, es la nueva realidad social.