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Claudia Ulloa, escritora peruana: “Hay que mirar a los animales con más amor y menos distancia”

Martes, 04 de junio de 2024 a las 23:00
La escritora, que vive en Noruega, se apresta a visitar Bolivia por primera vez para la FIL-La Paz en agosto

Después de tres libros de cuentos muy bien recibidos y su reconocimiento en 2017 como una de las mejores escritoras latinoamericanas menores de 40 años en Bogotá 39, la escritora peruana Claudia Ulloa Donoso (Lima, 1984) ha publicado una magnífica primera novela, Yo maté a un perro en Rumanía. 

La novela, con varias ediciones con editoriales en España y Latinoamérica, ha sido traducida ha cinco idiomas y ha recibido el aplauso de la crítica y el favor de los lectores. 

Trata de una profesora latinoamericana que se embarca en un viaje en automóvil por Rumanía con un exestudiante mientras intenta huir de una depresión; en el camino todo se vuelve extraño, por momentos peligroso y por momentos maravilloso. La crítica ha dicho de ella: “Esto es un librazo. Una locura y una belleza y un dolor de novela” (Emiliano Monge). Dum Dum editorial la publica ahora para Bolivia, con un lanzamiento inicial esta semana en la Feria Internacional del Libro de Santa Cruz. EL DEBER ha hablado sobre la novela con Claudia, que vive en Noruega y se apresta a visitar Bolivia por primera vez para la FIL-La Paz en agosto.

-¿Cómo fue el salto de los cuentos de tu anterior libro, Pajarito, a una novela tan compleja como esta?

Fue un salto progresivo y la intuición tuvo que ver durante el proceso. Me tomó más de cinco años escribir esta novela; aunque cuando empecé a escribir no sabía bien cómo iba a desarrollar la historia. Esta novela tiene una estructura desigual, pero, al principio del proceso de escritura la fui armando con una serie de narraciones breves que si bien no son una serie de cuentos, esa familiaridad con la brevedad la tengo desde siempre. Creo que siempre escribo desde fragmentos sin importar el género, sea cuento o novela parto siempre desde alguna imagen o voz.

-Para narrar la Rumanía de la novela, ¿te serviste de tu experiencia solamente? ¿Te apoyaste en autores rumanos? ¿Cómo se construye este paisaje?

Sí. Yo hice un viaje de vacaciones a Rumanía, pero estuve en Bucarest. Una parte de la novela transcurre en Bucarest y digamos que esas escenas las tenía ya vistas. Por lo demás, vi muchos videos en YouTube de autos recorriendo Rumanía por carretera, busqué más información sobre los ritos funerarios de allí aunque podrían parecerse mucho a otros, de otros lugares. Leí sí a Tatiana Tibuleac (El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes) hacia el final de la novela. Para una ficción, se puede pensar en Rumanía como cualquier país inventado.

-Contanos de tu relación con los animales. Aquí aparecen y desaparecen, y hay una pregunta sobre nuestra posibilidad de comunicarnos con ellos...

Me gustan mucho los animales, los quiero y los admiro y aprecio en el sentido más estricto de la palabra. Hay que mirarlos con más amor y menos distancia. Por ejemplo, los gatos tienen distintas miradas. No se les llama individuos, pero los percibo así, como seres individuales: a los gatos, los perros y a los animales en general. Tienen también una forma de comportarse que claro que tiene que ver con su especie, pero también hay rasgos muy particulares. He tenido un gato y he observado a las mascotas de mis familiares y amigos, y a los animales en la calle. Siempre he notado su presencia y creo que a partir de allí es donde surge la posibilidad de comunicarnos. Creo que cuando hay una presencia viva, orgánica, existe entonces la posibilidad de establecer una comunicación. No solo nos comunicamos con las palabras, también por lo sensorial. Un animal enfermo, por ejemplo, igual que los humanos, tiene un olor distinto, sus ladridos o maullidos cambian, su pelaje es distinto al de un animal sano. A partir de este olor o del tacto entendemos esa dolencia y creo que ese entendimiento es el inicio de una comunicación.

-La protagonista de la novela parece estar a la deriva, y vemos que toma pastillas y bebe alcohol. ¿De qué fantasmas está huyendo? ¿Y se puede escapar realmente de nuestros fantasmas?

La protagonista está huyendo y es consciente de ello. Huye a través de las pastillas y el alcohol, pero también huye aventurándose a un viaje. La pudieron haber invitado a Nepal o República Dominicana y ella vería esta oportunidad de viaje como una huida. En el fondo, quizás todos los viajes que hacemos son así. Algunas agencias de viaje los venden como “escapadas”. No sé si se pueda escapar de nuestros propios fantasmas, pero ¿para qué? Creo que al ser fantasmas están siempre ahí y son parte de nosotros.

-Y por último, el libro retrata un viaje por un país pero también un viaje interior. ¿Hacia dónde querías llevar a tu protagonista, no solo física sino también psicológica o espiritualmente?

Sí. Su viaje interior, creo, sale a relucir cuando ella pierde el habla y lo asume como algo normal. Su lenguaje es hacia adentro. Pero más que llevar a la protagonista a una redención yo siempre quise que la novela la contara el perro. Un perro que hablara como un dios que todo lo sabía y conocía mejor que nadie la naturaleza de los personajes y la propia narración.


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