Mónica Salvatierra
monica.salvatierra@grupoeldeber.com
Como el intenso latir de un corazón o como la constante inhalación y exhalación, el trabajo en EL DEBER ha sido un aprender y entregar lo mejor de cada uno de manera constante durante los últimos 365 días. La transición entre 2020 y 2021 ha marcado el tiempo de mayores desafíos para quienes somos parte de este grupo multimedia. Hace un año los bolivianos no imaginaban las transformaciones que marcaría la pandemia y los medios reportábamos el virus de Wuhan como un fenómeno aún distante.
La transformación digital de EL DEBER avanzaba viento en popa y abría camino en el sendero con innovaciones; sin embargo, el confinamiento, los cambios en la vida diaria de las personas que forman parte de la audiencia, pusieron motor turbo a las decisiones, a las acciones y dieron rienda suelta a la creatividad con un solo objetivo: ser útiles y colmar las necesidades de información de las audiencias en todas las plataformas de este grupo multimedia.
La llegada del virus a Bolivia marcó un antes y un después en el periodismo mundial. EL DEBER no fue la excepción y los equipos de trabajo sumaron conocimientos para un aprendizaje acelerado. El primer gran cambio fue el teletrabajo. Para una redacción inmensa (la más grande del país) e intensa parecía irreal la posibilidad de adaptarse y conectarse al sistema editorial a través de escritorios remotos. El equipo de Sistemas lo hizo posible. Y, con el tiempo, los grandes debates periodísticos son logrados a través de los recursos virtuales. Por supuesto, que existe nostalgia y el anhelo permanente de volver a compartir el ambiente, los cafecitos, el sonido de las teclas mientras se van creando las noticias, las crónicas y los reportajes que hacen la marca de EL DEBER.
“Bajo el azote del coronavirus, las medidas de bioseguridad para evitar el contagio determinaron un repliegue casi total de nuestros periodistas y el ‘teletrabajo’ es, por ahora, la forma más segura y recomendable de cumplir con la misión de informar sin sucumbir. Una sala de Redacción como la de EL DEBER, casi en penumbras y silenciosa, ofrece una imagen surrealista de ese lugar de trabajo siempre bullicioso, agitado y febril. Lo extrañamos y por eso sentimos la necesidad de volver”, dice Pedro ‘Choco’ Rivero, el director general, que es uno de los firmes soldados en esta transformación.
El teletrabajo abrió las puertas a las reuniones virtuales que, de ser encuentros de planeación de contenidos, más adelante abrieron las puertas a webinars con expertos, que tuvieron amplia participación y que muestran las infinitas posibilidades de comunicar y aportar cuando hay compromiso con la sociedad.
Otra gran transformación fue suspender la salida del impreso a las calles. Jamás se había contemplado tal posibilidad, ni siquiera durante los días del paro de 21 días, cuando circular por Santa Cruz de la Sierra y otras ciudades era una misión complicada. Pues el coronavirus obligó a ese extremo. El papel estaba ausente, pero las fuerzas de todos los equipos de trabajo se volcaron a la edición digital, a la radio y más adelante al Streaming de noticias, con la finalidad de que EL DEBER pueda colmar las necesidades de sus audiencias. Esto también determinó que haya un nuevo enfoque de contenidos. La salud concentró gran parte de la atención; los servicios para que quien estaba confinado y estresado en su hogar pueda tener ayuda, tanto en la cocina con recetas y tips, como con consejos acerca de cómo aprender a vivir la nueva normalidad.
“Ha sido un aprendizaje a empujones, un proceso de adaptación sin tiempo para el error, un desafío sin plazos para la innovación. Sin nuestro impreso en las calles, nos sentimos como en una larga noche sin amanecer. Nuestra dedicación exclusiva a las plataformas digitales nos permitió descubrir varias claves de ese lenguaje de las audiencias. Consolidamos nuestro streaming, aparecieron productos que nacieron más por demanda de nuestras audiencias que por iniciativa propia como los sectores y después suplementos Dr. Salud y el de Servicios y Entretenimiento. En el mundo de las redes, EL DEBER fue pionero y creó formatos basados en la combinación gráfica de imágenes con titulares o frases textuales breves de los protagonistas de la noticia, que tuvieron gran acogida y muy pronto fueron utilizados no sólo por otros medios nacionales, si no incluso por autoridades locales, departamentales y nacionales”, reflexiona el director de Contenidos, Juan Carlos Rocha.
Poco a poco, el impreso volvió a las calles. Pero ahora el enfoque es diferente. EL DEBER no es el mismo en todas sus plataformas. Es coyuntura y noticias de último momento en la página web; es profundidad, reportajes y análisis en el impreso; es información actualizada y entretenimiento en la radio; es resumen de noticias y entrevistas sobre los temas más candentes de cada jornada en el streaming. El objetivo de cada día es que podamos brindar una experiencia de 360 grados a las personas, que sus necesidades sean colmadas.
Obviamente que para que esto sea una realidad se precisa aprendizaje constante, toda una maestría no solo para saber detectar las necesidades, sino también para crear la manera de colmarlas.
“En este tiempo aprendí que la labor periodística fue una ventana hacia el mundo exterior y ahí radica la función social y responsable de dar un servicio al público cuando la situación fue muy incierta y abrumadora. En lo personal, aprendí a abordar temáticas con las que anteriormente no tenía relación, a manejar el temor y también a tener mayor sintonía con quienes sufren del día a día por la enfermedad y la situación económica que atraviesa el país”, cuenta el periodista Álvaro Rosales.
“La pandemia cambió nuestras vidas y la forma de hacer periodismo. Fue un año de restricciones, de incertidumbre, pero también de desafíos. No fue fácil. Como todas las empresas, los negocios y las diferentes instituciones fueron afectados, los medios de comunicación también fueron golpeados. Y la prensa independiente como EL DEBER lucha a diario para mantener su liderazgo”, comenta Beatriz Ávalos, editora de la página web, que está firme en el puesto del deber desde que amanece.
El dolor que dejó la pandemia también golpeó a la familia de EL DEBER. El conductor David Álvarez perdió la guerra contra el coronavirus y dejó luto en la empresa.
“La pandemia ha puesto al mundo en una situación insospechada y al periodismo con la misión de cubrir este nuevo escenario de la mejor manera. Con la distancia social convertida en norma, la vida digital convertida en nueva realidad, los contagios en aumento y la crisis en descenso, los retos crecieron para los periodistas de EL DEBER. En la primera línea en las coberturas, con el riesgo inminente de ser los siguientes, continuaron haciendo periodismo a pesar de todo para cumplir con su vocación de servicio a la sociedad, opina Nelfi Fernández, periodista de investigación.
Mientras que este tiempo duro desnudó también las enormes carencias e injusticias de la sociedad. El periodismo permitió amplificar las voces de los más necesitados, desnudando lo mejor y lo peor del ser humano. Así lo ve la periodista Silvana Vincenti: “La pandemia me recordó, en tiempos digitales, que sin calle el periodismo no tiene carne; que los héroes nunca usan máscara y que estas situaciones extraordinarias muestran lo peor y lo mejor del ciudadano común y de las autoridades. Me quedó claro que la ambición política alcanza los hospitales, juega con la vida; no se conmueve con el dolor y que la necesidad del ciudadano de creer en algo le provoca hambre de historias positivas”.
Las crisis permiten aprender y transformar. Esa es la ruta de EL DEBER ahora y siempre. “La pandemia nos ha permitido estar en un constante proceso de aprendizaje para vivir en una nueva normalidad. Nos obligó a cambiar nuestras rutinas y abrir un espacio en nuestro hogar para las responsabilidades laborales. El DEBER se puso a la altura de la nueva realidad, porque asume el firme compromiso de escribir la historia de lo que pasa en todo el mundo y todas las regiones del país”, concluye orgullosa Carmela Delgado, responsable de una de las secciones fundamentales: Sociedad y Santa Cruz.
Este es el cumpleaños 68 de EL DEBER, uno de los más especiales de su historia. Hubo cambios profundos, pero lo que se mantiene inalterable es el compromiso con la comunidad y con los principios de la libertad y la democracia.