Al inicio todo era color esperanza. La nueva criatura que reclamaba un lugar en el sol mostró sus credenciales al mundo con el megayacimiento de plata: El Cerro Rico de Potosí que dio origen a Bolivia.
En el libro Bolivia, su historia (2015), de la Coordinadora de Historia, se plantea cómo la reorganización de la economía sembró altas expectativas sobre el aporte de la minería potosina y su posible efecto cascada en el resto del nuevo país. La Bolivia que acababa de nacer.
Los historiadores Rossana Barragán, José Peres-Cajías, Pilar Mendieta y Ana María Lema coinciden en que esta faceta optimista “estaba sustentada en dos supuestos económicos: por un lado, en que con la eliminación de las transferencias fiscales coloniales, los bolivianos podrían redirigir las rentas mineras potosinas única y exclusivamente a la dinamización de la economía boliviana; por otro lado, en la esperanza de mayores beneficios dada la nueva libertad comercial del país. Sin embargo, el estudio de la economía boliviana entre 1825 y 1870 muestra que estos supuestos estuvieron lejos de cumplirse y, más bien, recuerda que la ampliación de las libertades políticas no viene necesariamente acompañada de una mejora inmediata y sustancial en las condiciones de vida de la población”.
En este contexto, era la centralidad de la economía potosina la que llevó a los bolivianos a la ilusión de un gran despegue económico una vez libres de la cadena española. Este sentimiento no era gratuito, pues desde 1780 el Cerro Rico de Potosí había experimentado un segundo boom productivo que reforzó la dependencia de ese megayacimiento que parecía inagotable.
Lo que pudo ser y no fue El economista Germán Molina considera que el ciclo de la plata fue la punta de la madeja que permitió, a partir de 1825, que la generación de ingresos del país se apoye en la exportación de plata, guano, salitre, corteza del quino (quinina), goma, estaño, gas y agroindustria. Molina recordó que el primer presidente del país, Simón Bolívar, tuvo un enfoque liberal de la economía para resolver la crisis del sector minero, producto del desabastecimiento de mercurio, insumo principal para la explotación de la plata, que seguía siendo el pilar de la economía boliviana. Sin embargo, de acuerdo con el economista, la plata enfrentaba una profunda crisis: ya no tenía el mismo impacto que en el periodo 1580–1630. La producción había disminuido significativamente, afectando tanto la actividad económica como el comercio interno y externo del país. “El presidente, Andrés de Santa Cruz, en 1829 introdujo en el comercio interno y externo la moneda feble, una acuñación de menor gramaje de plata; esta produjo inestabilidad y confusión al sistema monetario que al principio era 100% plata, originando un perjuicio a las personas y al comercio nacional”, puntualizó Molina. El “ciclo de la plata” no finalizó en un año específico, sino que decayó paulatinamente a lo largo del siglo XIX. La producción de plata, si bien se mantuvo importante, fue desplazada gradualmente por la minería del estaño, que se consolidó como la principal actividad minera a partir de finales del siglo XIX y comienzos del XX. El declive de la plata está ligado a la caída de los precios internacionales, al incremento de los costos de producción y a la mayor demanda del estaño por la industria de la hojalata. Molina considera que todo el potencial de la plata no logró que el país dé un salto cualitativo en su estructura económica, sino que por el contrario se acentuó la dependencia por las materias primas, algo que se repite de forma inexorable a lo largo de estos 200 años. Allá en los inicios de la República
La expansión. En 1836, el presidente Santa Cruz derrota al ejército peruano y conforma la Confederación Perú- Boliviana.
Hacia el oriente. En 1846, la administración de José Ballivián alistó un programa para conocer los territorios orientales y del sur del país.
Guerra del Pacífico. El enfrentamiento bélico con Chile se inició en 1879. El resultado final fue la pérdida del Litoral.