“¡Cruceños, a vencer o con gloria morir!”, arengó el coronel argentino Ignacio Warnes a sus tropas patriotas, instantes antes de iniciarse una de las más importantes —y la más sangrienta— batallas por la independencia de Bolivia y de América: la batalla de El Pari, ocurrida el 21 de noviembre de 1816 en Santa Cruz de la Sierra, en el entonces territorio de la Republiqueta de Santa Cruz.
Los historiadores relatan que se lanzaron a la lucha unos 1.500 soldados patriotas por la independencia de la corona española frente a aproximadamente 2.500 realistas al mando del brigadier Francisco Javier de Aguilera, cruceño, pero leal al imperio ibérico.
Esa batalla, que dejó un saldo de más de 3.000 muertos en ambos bandos, es considerada el aporte más importante de Santa Cruz a la independencia de Bolivia y de Argentina, ya que, a pesar de coronarse vencedor, el ejército de Aguilera sufrió severas bajas, lo que le impidió continuar camino hacia Tucumán, donde el 9 de julio del mismo año se había firmado la independencia de Argentina.
El primer grito libertario La guerra por la independencia de Bolivia fue el conflicto más largo de las luchas independentistas de América (1809–1825). El historiador Jorge Abastoflor destacó que, de las 12 provincias que tenía el Virreinato del Río de la Plata, seis se encontraban en lo que hoy es el actual territorio boliviano, pero fueron cinco las que firmaron el Acta de la Independencia, en Sucre: Chuquisaca, Potosí, La Paz, Cochabamba y Santa Cruz. Acta de la independencia Chuquisaca no solo encendió la llama de la rebelión en la Real Audiencia de Charcas, el 25 de mayo de 1809, sino se extendió en todo el Alto Perú y escaló a toda Latinoamérica. “Si no hubiese sucedido el sacrificio que se da dentro de nuestro territorio, no se hubiesen dado las campañas exitosas que tuvo Simón Bolívar y Antonio José de Sucre en Junín y Ayacucho, en territorio peruano, ni tampoco se hubiese dado de forma exitosa la invasión de San Martín desde la Argentina hacia Chile, que después va a llegar hasta el Perú”, consideró Abastoflor. Las páginas escritas por los historiadores, como el estadounidense Herbert Klein, destacan el papel que desarrolló la Universidad de San Francisco Xavier y su Academia Carolina, centros intelectuales cruciales donde la discusión y difusión de ideas ilustradas y revolucionarias entre estudiantes y juristas contribuyeron a la conciencia de autonomía. Al ser sede de la Real Audiencia de Charcas, era también el centro administrativo y judicial de una vasta región, lo que le otorgaba una relevancia política innegable y la convertía en un punto estratégico para el inicio de cualquier movimiento de insurrección. La Paz fue escenario de un nuevo grito libertario, el 16 de julio de 1809, liderado por Pedro Domingo Murillo. Este evento, aunque rápidamente sofocado, sentó un precedente y encendió la chispa de la independencia en la región, siendo un claro precursor de los movimientos que surgirían posteriormente en el continente. Como centro urbano y comercial, fue un lugar donde las ideas ilustradas y revolucionarias de la época encontraron eco. A pesar de la represión realista, hubo una efervescencia intelectual y un deseo palpable de cambio que se manifestaba en conspiraciones y levantamientos. Potosí también fue un pilar fundamental en la declaración de la independencia, gracias a su aporte económico que provenía de su Cerro Rico, el principal yacimiento de plata de América. Y aunque gran parte de la actividad minera fue interrumpida por las revueltas, las ideas libertarias propiciaron el surgimiento de una élite criolla y mestiza en Potosí, que acumuló capital y poder, que al final chocaron con los intereses españoles. Cerro Rico de Potosí Cochabamba se destacó también por su espíritu rebelde y fue un centro clave de levantamientos. La “Revolución de Cochabamba” del 14 de septiembre de 1810, liderada por el coronel Francisco del Rivero y Esteban Arce, es considerada una chispa fundamental en el proceso independentista. La ciudad jugó un rol importante en la resistencia patriota, destacándose eventos como la Batalla de La Coronilla, el 27 de mayo de 1812. Según Klein, Cochabamba fue un bastión fundamental en la lucha por la independencia boliviana, principalmente por su iniciativa política y los levantamientos que impulsó. La firma del acta Entre enero y febrero de 1825, las cinco provincias que estaban estructuradas declaran su independencia de la Corona española. Luego llega el mariscal Antonio José de Sucre, quien convoca a la asamblea deliberante y, finalmente, se reúnen el 6 de agosto en Chuquisaca y firman el acta, también conocida como la “Declaración de Independencia de las Provincias Unidas del Alto Perú”. La fecha elegida conmemoraba la victoria de las tropas patriotas en la batalla de Junín, el 6 de agosto de 1824, en la sierra peruana, donde Simón Bolívar derrota a las fuerzas realistas comandadas por José Canterac. A pocos días de haberse firmado el Acta de la Independencia, el Alto Perú pasa a llamarse República de Bolívar, entre el 11 de agosto y el 3 de octubre, y luego adopta el nombre definitivo de República de Bolivia, como una reafirmación de las independencias regionales que pasaron a tener una estructura unitaria, siguiendo el modelo francés. Su posición geográfica y su rol administrativo la convertían en un nudo de conexiones comerciales y sociales, lo que facilitaba la propagación de ideas y el establecimiento de redes entre los distintos actores sociales que, en su momento, apoyarían o se opondrían a la independencia. Aunque no era un centro minero se beneficiaba indirectamente de la riqueza generada por la minería al ser el centro administrativo y judicial de la Audiencia de Charcas. LA PAZ Según Herbert Klein, no solo fue un escenario clave para los primeros levantamientos independentistas y la prolongada guerra de guerrillas, sino que también aportó recursos económicos y humanos vitales para el sostenimiento de la causa. Su rol político como cuna de la insurgencia y su importancia como centro comercial y de abastecimiento, la convirtieron en un pilar fundamental en la gesta libertaria. COCHABAMBA Si bien las fuentes no detallan específicamente los aportes económicos de Cochabamba durante el período de independencia según Klein, la región fue históricamente importante por su producción agrícola, lo que la convertía en una zona de aprovisionamiento. Sin embargo, se menciona que en el siglo XIX fue quedando como una “periferia” relegada frente a otros centros político-económicos como La Paz. POTOSÍ La riqueza mineral de Potosí fue el motor económico del Alto Perú durante siglos, y su declive y control se volvieron centrales en la lucha por la independencia. Si bien la plata fue la causa de su auge, también fue un factor en las tensiones que llevaron a la emancipación, y la ciudad se convirtió en un escenario de las batallas y un recurso codiciado por ambos bandos. SANTA CRUZ El aislamiento geográfico de Santa Cruz, en comparación con las regiones andinas, hizo que desarrollara una mayor autosuficiencia económica. Esto, paradójicamente, pudo haber contribuido a fortalecer un espíritu de autonomía y a la capacidad de la región para sostenerse durante el largo periodo de lucha. Durante la guerra de independencia, su economía se basaba en la agricultura y la ganadería. 25 de mayo de 1809. La consigna en Chuquisaca fue: “¡Viva Fernando VII! ¡Muera el mal gobierno!”. Se conformaron nueve Compañías militares según el oficio de sus integrantes. 16 de julio de 1809. La última reunión previa al levantamiento de La Paz, tuvo lugar en casa de Murillo el 15 de julio. Historia. Simón Bolívar gobernó Bolivia desde el 12 de agosto de 1825 hasta el 29 de diciembre de 1825 Tarija fue parte de Bolivia por decisión propia. Argentina la reclamó La situación de Tarija durante la independencia de Bolivia es compleja y se debe a su particular historia y ubicación geográfica. A diferencia de las otras provincias del Alto Perú que firmaron el Acta de Independencia en 1825, Tarija estaba bajo la jurisdicción de las Provincias Unidas del Río de la Plata (actual Argentina), específicamente de la provincia de Salta. El arquitecto e historiador Víctor Hugo Limpias explicó que dicha situación se consolida en 1838, en la Batalla de Montenegro, en la que la Confederación Perú-Boliviana triunfa sobre el ejército argentino, que reclamaba como suyo el territorio. La incorporación de Tarija a la República de Bolivia fue un proceso que se consolidó luego de un cabildo abierto realizado el 26 de agosto de 1826. El pueblo tarijeño decidió “voluntariamente” unirse a la nueva república de Bolivia. Este proceso fue ratificado por el Congreso boliviano el 23 de septiembre de 1826. “No olvidemos que en 1825 Bolivia era mucho más que Argentina económica y demográficamente. Cuando nace Bolivia tenía cerca de un millón de habitantes y la Argentina no llegaba a 600 mil. Los tarijeños eran inteligentes, pero no futuristas y apostaron por lo que entonces era más y era mejor: apostaron por Bolivia”, agregó Limpias, a tiempo de mencionar que en ese momento, el vecino país se encontraba en un caos administrativo, político y militar “terrible”. El proceso de incorporación de Tarija a Bolivia no fue inmediato. Se resolvió a través de un largo proceso diplomático y político. Finalmente, el Congreso de Bolivia, el 23 de septiembre de 1826, reconoció la voluntad de los tarijeños y admitió a sus diputados. La ley de 3 de octubre de 1826 oficializó la incorporación de Tarija como parte del territorio boliviano. ÚLTIMAS BATALLAS 09 de diciembre 1824: Batalla de Ayacucho. Sucre venció a De la Serna
RECURSOS Y ESFUERZO DE LAS PROVINCIAS DEL ALTO PERÚ
CHUQUISACA
LAS FECHAS CLAVE
¿Por qué Tarija se incorporó un año más tarde a Bolivia y decidió dejar de ser parte de Argentina?
Por esos motivos, Tarija no firmó el Acta de Independencia de Bolivia en 1825, porque legalmente pertenecía a la provincia argentina de Salta. Sin embargo, su población, a través de múltiples actos de voluntad popular y gestiones políticas, logró que la nueva república de Bolivia la aceptara como parte de su territorio.
02 de abril 1825: Batalla de Tumusla. Olañeta fue derrotado por las tropas desertoras de Medinacelli