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Ñuflo vuelve a cabalgar la selva: el teatro revive la vida y obra del expedicionario español

Viernes, 25 de julio de 2025 a las 04:35

La obra se presentará la noche del viernes en la Casateatro. Por fin. Recupera la memoria viva de un pueblo que, entre tanto caos, quiere saber de dónde viene y por qué está donde está.

En pleno 2025, con un país patas arriba, una economía que no despega y una cultura que resiste como puede, hay un grupo de ‘locos’ lindos (actores, historiadores, diseñadores, soñadores) que se han metido la misión de revivir, con rigor y belleza, al hombre que fundó Santa Cruz de la Sierra. Se llama Ñuflo de Chaves, el Caballero de la Selva, y es la nueva obra del Taller de Artes Escénicas Mutares del Museo de Historia de la UAGRM.

La obra supone un montaje arriesgado, trabajado con paciencia, cabeza y corazón. La dirección está a cargo de Miloz Derpic, quien también ha sido el autor del libreto. Durante nueve meses gestó este guion. Investigó, leyó, soñó, preguntó, escribió. La narración inventó su juventud en Extremadura, lo puso a navegar por el Atlántico, lo hizo cruzar selvas y ríos hasta fundar, con visión y fe, la Santa Cruz original.

En el trabajo de investigación y creación del libreto contó con el acompañamiento de Paula Peña Hasbún, la mayor autoridad historiográfica de la ciudad. “Nos sentábamos en el museo. Ella me explicaba los silencios de la historia. Y yo, desde ahí, imaginaba”, dice Miloz.

El resultado ofrece una mezcla entre datos reales y mitología americana. Porque Ñuflo llegó persiguiendo ‘El Dorado’. Y lo que encontró fue otra cosa: una patria posible en medio de la selva, donde los indios y los españoles pudieran convivir.

Un Ñuflo, dos cuerpos. Y una ciudad que respira en escena


Ñuflo será interpretado por dos actores: Orlando Montalvo, en su versión joven e idealista, y Jaime Antonio Robles, como el viejo capitán, curtido por la selva y los años. Dos almas, un mismo sueño. El elenco lo completan más de quince artistas en escena, formados en el taller Mutares, capaces de encarnar hasta tres personajes cada uno. 

En escena, con cubos de madera, luces, proyecciones y música original se pasa de una taberna española a una canoa amazónica, del Perú virreinal a la Chiquitanía misteriosa. Todo en vivo. Todo sin cortar.

La banda sonora fue compuesta y grabada por Daniel Molina, guitarrista boliviano radicado en Alemania, que se zambulló en los archivos de la música renacentista española. Lo que sale de su guitarra es fondo musical, es alma. 

Otro de los grandes aportes de la obra radica en su cuidada estética. Sin un gasto excesivo, la obra está hecha con amor, con garra y con recursos mínimos. Miloz lo dice claro: “vamos a montar esto con la estética del teatro pobre de Grotowski. Porque no hay plata, pero hay talento y pasión de sobra”. 

El vestuario, diseñado por Nirvana Ávalos, te lleva directo al siglo XVI. El maquillaje te recuerda que esto es arte. Y las ilustraciones de Soledad Mendivil le dan esa textura onírica que conecta el pasado con el presente.

Los responsables de la obre expresan su pesar por la falta de apoyo económico para sacar adelante la puesta en escena. “Claro que duele. Pero también da fuerza. Porque cuando estrenemos el 25 de julio, con funciones especiales el 23 y 24, y temporada en septiembre, cada aplauso va a valer el doble”, dice Gilberto Melgar, productor y encargado de comunicación.

Con esta obra, Santa Cruz le está escribiendo un capítulo nuevo a su identidad. Ñuflo vuelve, no para conquistar, sino para recordarnos que su sueño de convivencia aún puede salvarnos del caos. 


 

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