El turismo ya no se vende en postales. El viajero contemporáneo ha dejado atrás la lógica de “estar ahí” para demostrarlo en una fotografía y ahora busca sentir, participar y conectar. La transformación del sector apunta a un modelo donde el valor no radica únicamente en el destino, sino en la experiencia integral que este es capaz de generar.
“Antiguamente se vendía la foto y el turista venía por la foto para decir: ‘Yo he estado ahí’”, explica Juan Carlos Núñez, docente de la carrera de Administración de Hotelería y Turismo de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz). “Hoy vendemos experiencias, es decir, la sensación, el estar”, afirma. Este giro conceptual ha dado paso al denominado turismo experiencial o vivencial, centrado en provocar emociones y memorias significativas.
El cambio de paradigma responde a una transformación cultural más amplia. Según Núñez, el turista actual necesita “vivir, oler, sentir, tocar” para evaluar si una experiencia le gustó o no. En esa línea, el turismo comunitario se posiciona como una de las expresiones más claras de esta tendencia. No se trata de observar comunidades como si fueran una vitrina, sino de compartir dinámicas cotidianas: arar la tierra, sembrar, cosechar o cocinar junto a los habitantes locales.
Para Núñez, esta búsqueda de lo auténtico también revela una desconexión creciente entre las personas y los procesos productivos básicos. Menciona, por ejemplo, encuestas en colegios donde niños respondían que una gallina tiene seis patas, asociando la respuesta con las piezas de pollo que ven en el supermercado. “En las ciudades ya se ha perdido el sentido de las cosas”, sostiene. El turismo experiencial, en ese contexto, funciona como un puente que restituye vínculos sensoriales y culturales.
Diseñar este tipo de ofertas exige una gestión estratégica. “Los gestores, proyectistas y consultores están trabajando en un turismo más participativo, más atractivo, donde realmente el turista pueda dar esa vivencia”, señala Núñez. Un ejemplo concreto es la experiencia en antiguas haciendas, donde los visitantes participan en la preparación de alimentos al fogón, comparten tareas en la cocina y consumen lo que ellos mismos ayudaron a elaborar. La experiencia no solo genera satisfacción, sino también sentido de pertenencia temporal.
Este modelo impacta directamente en las economías locales. Núñez vincula el turismo experiencial con la economía circular y el llamado turismo naranja, donde la cadena de valor integra a comunarios, artesanos y proveedores de servicios complementarios. El objetivo es que la experiencia del visitante contribuya a mejorar la calidad de vida de la comunidad anfitriona, generando ingresos distribuidos y sostenibles.
La tecnología también juega un papel decisivo en esta nueva etapa. “Está jugando mucho”, enfatiza Núñez. El uso de visores de realidad virtual, por ejemplo, permite que un potencial turista experimente de manera anticipada un recorrido por el llamado Camino de la Muerte, sintiendo la adrenalina antes de concretar la compra. Esta simulación no sustituye la experiencia real, pero potencia la decisión de viaje al activar emociones desde la etapa de preventa.
En paralelo, el marketing digital se convierte en un aliado estratégico. Imágenes impactantes, videos inmersivos y narrativas cuidadosamente construidas son herramientas esenciales para captar la atención de un público saturado de información.
“Se buscan fotos magníficas y las palabras adecuadas para captar al cliente potencial”, explica Núñez, subrayando que la comunicación debe ser coherente con la promesa vivencial.
El desafío para los gestores turísticos es claro: diseñar propuestas auténticas, sostenibles y tecnológicamente integradas que trasciendan la simple visita a un lugar. En un mercado competitivo, el diferencial ya no es el destino en sí mismo, sino la capacidad de construir historias que el viajero quiera vivir y luego compartir. El turismo experiencial, más que una tendencia, se consolida como una estrategia para generar valor duradero, tanto para el visitante como para la comunidad que lo recibe.