El mundo del trabajo atraviesa una transformación profunda y acelerada. La inteligencia artificial generativa, la automatización y la digitalización están redefiniendo tareas, roles y profesiones a una velocidad inédita.
Según el Future of Jobs Report del World Economic Forum (WEF), cerca del 44 % de las habilidades actuales cambiarán antes de 2026, una tendencia que se intensificará hacia 2030. En este escenario, la capacidad de aprender, desaprender y volver a aprender deja de ser una opción para convertirse en una condición básica de empleabilidad.
“No debemos dejar la capacitación continua como nuestro mayor aliado para mantener al talento retenido, y dentro de este proceso se encuentra la necesidad de actualizar y volver a enseñar habilidades y competencias a nuestros trabajadores”, afirma Carola Zeballos, experta en capital humano y docente de la carrera de Administración de Empresas de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz). Para la especialista, el desafío ya no es solo tecnológico, sino profundamente humano y estratégico.
El concepto de reskilling —la recualificación de personas para desempeñar nuevos roles— emerge como una respuesta transversal frente a este cambio estructural. A diferencia del upskilling, que profundiza habilidades existentes, el reskilling permite a los trabajadores reinventarse profesionalmente y a las organizaciones adaptarse sin perder talento.
“El reskilling y el upskilling son la llave para adquirir o actualizar habilidades laborales en una era donde la tecnología cambia más rápido que los puestos de trabajo”, sostiene Zeballos.
Esta necesidad no es teórica. Estudios de consultoras como McKinsey & Company revelan que el 87 % de los ejecutivos reconoce brechas de habilidades en sus organizaciones, mientras que el 94 % de los empleados afirma que permanecería más tiempo en una empresa que invierte en su desarrollo. En este contexto, el aprendizaje continuo se consolida como un factor de competitividad y sostenibilidad.
“Las empresas que promueven el aprendizaje continuo cuentan con equipos más ágiles, creativos y competitivos”, explica Zeballos, quien remarca que capacitar no solo mejora el desempeño, sino que fortalece la cultura organizacional y la motivación interna. Desde su perspectiva, el reskilling permite reconvertir experiencia acumulada en valor futuro, evitando la obsolescencia laboral.
El World Economic Forum coincide en este diagnóstico. Su informe identifica una reconfiguración del mapa de competencias, donde las habilidades técnicas conviven con capacidades cognitivas y socioemocionales. El denominador común es la learnability, es decir, la capacidad de aprender de forma permanente, una competencia que solo puede desarrollarse mediante estrategias sistemáticas de reskilling.
Las 8 habilidades y competencias que marcarán el trabajo en 2030
De acuerdo con el WEF y el análisis de especialistas en talento, estas son las competencias que ganarán mayor relevancia hacia 2030:
- Pensamiento crítico y analítico: evaluar información compleja y tomar decisiones fundamentadas.
- Alfabetización en inteligencia artificial y tecnología: comprender y usar sistemas digitales de forma estratégica y ética.
- Capacidad de aprendizaje continuo (learnability): adaptarse a nuevos conocimientos y roles a lo largo de la vida laboral.
- Inteligencia emocional: gestionar emociones propias y ajenas en entornos diversos y cambiantes.
- Comunicación efectiva: transmitir ideas con claridad en contextos presenciales, digitales e híbridos.
- Creatividad: generar soluciones innovadoras en escenarios automatizados.
- Colaboración y trabajo en equipo: co-crear en redes multidisciplinarias y remotas.
- Adaptabilidad al cambio: responder con flexibilidad a la incertidumbre y la transformación constante.
Para Zeballos, ninguna de estas habilidades se desarrolla de manera aislada. “La capacitación continua es el puente que conecta el talento actual con las demandas futuras del mercado”, subraya. En esa línea, el reskilling se presenta como una estrategia integral que atraviesa tanto las competencias técnicas como las humanas.
El informe del WEF advierte que aquellas personas y organizaciones que no inviertan en reconversión de habilidades corren el riesgo de quedar rezagadas. En contraste, quienes apuesten por el aprendizaje permanente estarán mejor posicionados para aprovechar las oportunidades que traerá la economía digital.
De cara a 2030, el mensaje es claro: reinventarse no es una moda, sino una necesidad estructural. En un mercado laboral en constante evolución, el reskilling se consolida como la herramienta clave para seguir siendo relevante, productivo y empleable.