En un contexto marcado por la inmediatez digital, la sobrecarga de información y la reducción de los espacios de diálogo profundo, la comunicación asertiva se ha convertido en una habilidad esencial para preservar la calidad de las relaciones humanas. Saber expresar lo que se piensa y se siente con claridad, respeto y empatía no solo previene conflictos, sino que también fortalece la autoestima y el bienestar emocional.
“La comunicación asertiva permite defender los propios derechos sin vulnerar los de los demás. Es una competencia psicológica y social que impacta directamente en la salud emocional, el clima laboral y la convivencia familiar”, explica James Robles, director de la carrera de Psicología de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz), quien subraya que esta habilidad puede aprenderse y entrenarse con práctica consciente.
A diferencia de los estilos comunicativos agresivos —que imponen y generan confrontación— o pasivos —que evitan el conflicto a costa del silencio—, la asertividad se basa en el equilibrio: expresar necesidades propias sin atacar ni someterse. Diversos estudios en psicología coinciden en que las personas asertivas logran relaciones más sanas, toman mejores decisiones y experimentan menor estrés.
Robles advierte que el uso excesivo de pantallas y la comunicación fragmentada han debilitado habilidades clave como la escucha activa, la empatía y la tolerancia. Frente a este escenario, el especialista propone volver a una comunicación consciente, clara y responsable.
Las 5 claves de la comunicación asertiva, según James Robles
- Hablar desde el “yo” y no desde la acusación
Una de las bases de la asertividad es expresar pensamientos y emociones en primera persona. Frases como “yo pienso”, “yo siento” o “yo necesito” reducen la confrontación y evitan culpabilizar al otro. Este enfoque permite hacerse cargo de lo que se siente sin generar defensividad en el interlocutor.
- Describir hechos concretos, no emitir juicios
La comunicación asertiva se apoya en datos observables y situaciones específicas, no en generalizaciones o etiquetas. Decir “en las últimas reuniones ocurrió esto” resulta más efectivo que “siempre haces lo mismo”. Esto favorece el diálogo y la búsqueda de soluciones.
- Escuchar activamente y validar al otro
La asertividad no es solo hablar bien, sino escuchar mejor. Prestar atención, no interrumpir y demostrar comprensión fortalece la confianza. Validar no significa estar de acuerdo, sino reconocer la perspectiva del otro como legítima.
- Establecer límites claros y respetuosos
Saber decir “no” sin culpa es una habilidad clave. Poner límites protege la salud emocional y evita el desgaste en relaciones personales y laborales. Según Robles, los límites claros previenen conflictos futuros y fortalecen el respeto mutuo.
- Practicar la empatía y buscar acuerdos
La comunicación asertiva prioriza el entendimiento y la construcción de consensos. En lugar de imponer decisiones, se propone dialogar y encontrar soluciones que contemplen las necesidades de ambas partes, fortaleciendo la cooperación.
Una habilidad clave para el bienestar emocional
Los beneficios de la comunicación asertiva se reflejan en distintos ámbitos. En la familia, mejora la convivencia; en el entorno académico, facilita el aprendizaje colaborativo; y en el trabajo, contribuye a un mejor clima organizacional y mayor productividad. “Invertir en asertividad es invertir en salud emocional y calidad de vida”, concluye Robles.
Lejos de ser una capacidad innata, la asertividad es una habilidad entrenable que requiere autoconocimiento, práctica y disposición al cambio. En tiempos donde hablar no siempre significa comunicarse, aprender a hacerlo de forma asertiva se vuelve una competencia indispensable para relacionarse mejor y vivir con mayor equilibrio.