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Imaginar, crear y transformar: el aprendizaje que necesitamos para el futuro

Miércoles, 07 de enero de 2026 a las 14:50
Santi Fuentemilla, líder en aprendizaje del futuro del Fab Lab Barcelona

La experiencia de los Fab Labs avanza con firmeza en el ámbito eductivo. Santi Fuentemilla. líder en aprendizaje del futuro del Fab Lab Barcelona, considera que la vinculación de estos espacios creativos de resolución de problemas se enriquece con la participación de la comunidad. De esta manera, se construyen soluciones reales y prácticas que benefician al entorno inmediato.

Durante Futures Week 2025, realizada en La Paz, se abrió un espacio de reflexión profunda sobre el futuro y la necesidad de prepararnos para él con intención, conocimiento y creatividad. En este contexto, Santi Fuentemilla, líder en aprendizaje del futuro del Fab Lab Barcelona, invitó a pensar la tecnología desde una mirada más humana. 
“Se trata de proyectar el futuro, no llegar a él de manera improvisada, sino construirlo”, afirmó en entrevista con Educación y Sociedad de El Deber, durante su visita al país.
Fuentemilla lidera el área de Future Learning del Fab Lab Barcelona, la unidad de investigación del Instituto de Arquitectura Avanzada de Cataluña. Desde este espacio, impulsa la exploración de nuevas formas de aprendizaje en entornos creativos como los Fab Labs y los Makerspaces, escenarios diseñados para transformar los métodos tradicionales de enseñanza y el desarrollo de habilidades.
El experto participó en el Futures Week 2025 como expositor guía del Workshop de fabricación digital Fab Lab: Prototipado de soluciones para ciudades sostenibles, donde seis equipos multidisciplinarios trabajaron en el desarrollo de soluciones digitales para la ciudad de La Paz, aplicando metodologías de diseño, prototipado y experimentación. 
El evento fue organizado por la Universidad Franz Tamayo (Unifranz), con el apoyo de The Millennium Project, la Red Iberoamericana de Prospectiva (RIBER) y 2030 Construyendo Futuros.

Fab Labs: lugares donde las personas dejan de ser simples consumidores

Fuentemilla explica que un Fab Lab tiene múltiples dimensiones, todas alineadas con el desarrollo de personas capaces de crear, experimentar y resolver problemas y destaca que “los Fab Labs empoderan a las nuevas generaciones en el proceso creativo y les dan la posibilidad de ser menos consumidores y más creadores”.
Esa transformación sucede porque estos espacios promueven el “aprender haciendo”, una metodología esencial para desarrollar habilidades para el futuro. Son habilidades que no siempre se pueden ver en un currículum, como el trabajo colaborativo, la creatividad aplicada o la capacidad de compartir conocimientos con otros. 
“En definitiva, espacios como los Fab Labs permiten que estas habilidades crezcan, porque las dinámicas son distintas a las de entornos educativos más formales”, señala Fuentemilla.
Desde 2007, el Fab Lab Barcelona ha sido un referente europeo. Actualmente investiga tres grandes áreas: futuros del aprendizaje, modelos de fabricación distribuida y sensórica medioambiental. Todas estas líneas buscan colocar a la ciudadanía en el centro del cambio tecnológico.

Aprender haciendo para no olvidar lo esencial

Para Fuentemilla, uno de los principales aportes de un Fab Lab es recuperar esa conexión natural entre aprendizaje y experiencia práctica. Los niños exploran el mundo tocando, experimentando y equivocándose, pero a medida que avanzan en la educación formal, ese proceso se vuelve menos tangible. “Cuando hacemos el aprendizaje menos tangible, lo hacemos menos aplicado”, reflexiona.
El enfoque maker permite volver a unir lo conceptual con lo práctico. Cualquier conocimiento puede materializarse en algo concreto a través de un artefacto, un prototipo o una solución tecnológica. Esa creación material vuelve a conectar a las personas con sus contextos locales y les permite identificar problemas reales y buscar soluciones en comunidad.

Tecnología con mirada humana para cerrar brechas

El acceso desigual a la tecnología sigue siendo un desafío global. Sin embargo, para Fuentemilla, los Fab Labs ofrecen una alternativa poderosa. “Son una herramienta para que la brecha digital no sea tan brecha”, afirma. Estos espacios abren oportunidades a personas que, por motivos económicos o geográficos, no podrían acceder fácilmente a tecnologías emergentes.
La red global de Fab Labs permite compartir conocimientos de manera abierta. La filosofía de innovar en red fortalece la colaboración y garantiza que las soluciones creadas no queden encerradas en un solo país o institución. Cada proyecto documentado se convierte en un recurso educativo disponible para cualquier persona.

Educación para una tecnología más crítica, abierta y responsable

Frente a los cambios acelerados de la inteligencia artificial y otras tecnologías emergentes, Fuentemilla recomienda a los bolivianos a no tener miedo, “porque ahora todos hablamos de inteligencia artificial. Mucha educación, mucha pedagogía. Solo el hecho de estar hablando de ello ya genera valor”.
Sin embargo, el desafío no es solo aprender a usar la tecnología. Es entenderla, cuestionarla y analizar sus implicaciones. 
“No es solo lo que podemos generar, sino entender cómo funciona la tecnología para poder tener una mirada crítica”, explica. Esta comprensión permite detectar qué nos ofrecen las plataformas digitales, qué nos quitan y por qué ciertos servicios son gratuitos.
Perder el miedo implica también recuperar la agencia, esa capacidad de decidir conscientemente cómo queremos que la tecnología forme parte de nuestras vidas. “La agencia es una de las habilidades que nos permite desarrollar un futuro mejor”, afirma Fuentemilla. Y esa agencia solo se cultiva con educación y pensamiento crítico.
Construir el futuro desde la ciudadanía
Para el experto del Fab Lab Barcelona, las soluciones más sostenibles no nacen únicamente desde arriba. Deben construirse junto a las comunidades que las usarán. “Si queremos generar soluciones sostenibles, la aproximación top down no funciona”, advierte. 
Empoderar a las personas, enseñarles a crear y acompañarlas en el uso de las herramientas tecnológicas es lo que permite que esas soluciones perduren.
La Futures Week 2025 se convierte así en un recordatorio de que construir el futuro no es un acto pasivo. Requiere educación, creatividad, apropiación tecnológica y un compromiso genuino con las personas. En palabras de Santi Fuentemilla, “esto lo hacemos por la sociedad y por las personas que van a implementarlo y vivirlo”.
Perder el miedo a la tecnología no es una meta individual, es una tarea colectiva. Y la educación —abierta, crítica, creativa y ciudadana— es el camino más sólido para lograrlo.
 

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