La salud mental, la educación y el compromiso ambiental conforman un triángulo vital para el bienestar humano. Mientras los jóvenes enfrentan entornos cada vez más caóticos y demandantes, la necesidad de reconectar con la naturaleza y aprender a cuidar de sí mismos se vuelve un desafío urgente para las instituciones educativas.
Liudmila Loayza, directora de la carrera de Psicología en la Universidad Franz Tamayo, Unifranz, asegura que estos tres pilares se entrelazan en una relación profundamente humana: la del bienestar integral. La educación tiene hoy un papel esencial en la construcción de entornos saludables. No solo forma profesionales, sino que también debe cuidar las emociones y el equilibrio interior de los estudiantes.
“En la educación se está innovando en introducir espacios que llamen a la relajación y a la tranquilidad, para que uno pueda tener un buen espacio para desarrollar sus conocimientos”, afirma.
Desde su experiencia como docente, Loayza observa un cambio positivo en las nuevas generaciones, ya que en la actualidad existe una mayor conciencia sobre los estados que afectan a la salud mental.
“Los jóvenes saben identificar factores que los molestan, como la ansiedad o la depresión. Sin embargo, todavía falta desarrollar habilidades para encontrar soluciones y sostenerlas en el tiempo”, puntualiza.
El entorno influye en la mente
En las últimas décadas, una disciplina emergente ha ganado cada vez más espacio en los ámbitos académicos y de investigación. Se trata de la psicología ambiental o ecológica, una rama estrechamente vinculada a la psicología social que analiza la interacción recíproca entre las personas y su entorno, tanto natural como construido.
Según Loayza, la psicología ambiental busca comprender cómo el entorno influye en la salud mental y el bienestar de las personas, y, a su vez, cómo las acciones humanas impactan en el medio ambiente. En ciudades como La Paz, señala, ese entorno puede resultar tan desafiante como revelador.
“Vivimos en un entorno caótico. Hay pocos espacios verdes; la ciudad es casi todo color ladrillo. Y al vivir en una hoyada, no tenemos una visión hacia un horizonte más amplio o pleno. Esto afecta nuestro estado emocional”, explica.
Los paceños, continúa, están acostumbrados a convivir con el ruido, las marchas y el estrés urbano. Pero basta alejarse un poco para notar el impacto de la naturaleza.
“Sin ir lejos, cuando uno va a Copacabana o al lago Titicaca, simplemente estar en un ambiente natural, ver el color azul del lago, ya genera bienestar. Es como volver más descansado después del caos”, afirma.
Una generación con conciencia ambiental y emocional
Loayza considera que la generación actual enfrenta un doble desafío: cuidar su salud mental y cuidar su entorno natural, porque hoy sabemos que el ruido ambiental, la contaminación y el desorden urbano provocan malestar emocional. Por eso, la promoción de espacios verdes no es solo una cuestión estética, sino una necesidad psicológica.
La especialista sostiene que una transformación sí es posible. “Podríamos convertir a La Paz en una ciudad verde. Si todos plantamos un árbol, si creamos huertos urbanos o llenamos de plantas nuestras terrazas, podríamos cambiar nuestro entorno y también nuestra salud mental”.
Universidades: semilleros de conciencia y acción
Desde su rol como directora de la carrera de Psicología, Loayza destaca el papel de las universidades en la formación de ciudadanos comprometidos. “Estoy convencida de que la universidad es el semillero de los proyectos que pueden transformar el entorno”, asegura.
En ese sentido, menciona el Futures Week como un espacio donde jóvenes proponen soluciones sostenibles para sus ciudades. “Se invita a líderes estudiantiles, autoridades y público en general para analizar el estado de las ciudades y pensar juntos en cómo mejorarlas. Si no es desde la universidad donde surgen estas ideas, ¿de dónde más podrían venir?”, reflexiona.
El evento, que cuenta con el apoyo de The Millennium Project, la Red Iberoamericana de Prospectiva (RIBER), el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en Bolivia y el Gobierno Municipal de La Paz, es organizado por Unifranz y se ha consolidado como uno de los espacios más relevantes para reflexionar, co-crear y proyectar el porvenir desde Bolivia. El programa del Futures Week 2025, que se realizará entre el 10 y el 13 de noviembre en La Paz, prevé reafirmar la visión juvenil en acción colectiva en beneficio de la comunidad.
De plantar un árbol a sembrar conciencia
La psicóloga insiste en que el compromiso ambiental debe nacer de la experiencia emocional y no solo de una acción simbólica.
“Plantar un árbol no debería ser solo una política pública o una actividad escolar. Si yo he experimentado que estar cerca de la naturaleza me genera bienestar, entonces cuidar ese árbol se convierte en una necesidad personal y emocional”, explica.
Desde la educación, tanto en escuelas como en universidades, se puede fomentar esta conexión profunda con la naturaleza.
“Si un maestro lleva a sus estudiantes al campo y luego les permite reflexionar sobre cómo se sintieron, ya está generando conciencia ambiental. Esa vivencia de bienestar es la que transforma y motiva a cuidar los espacios verdes”.
En esa línea, en octubre, Unifranz lanzó la campaña “Ciudades Verdes”, una iniciativa que busca marcar un antes y un después en la fisonomía urbana del país. Arborizar las ciudades, mejorar la calidad del aire e impactar positivamente en el clima urbano, haciendo un llamado colectivo a repensar el espacio en el que vivimos.
La iniciativa combina innovación, tecnología y acción comunitaria para restaurar los ecosistemas urbanos. El objetivo para este año es sembrar más de 5.000 plantines en Cochabamba, La Paz, El Alto y Santa Cruz, con la participación de estudiantes, docentes, vecinos e instituciones aliadas. El mensaje es claro: devolver a las ciudades un respiro, un pedazo de naturaleza, un futuro posible.
La salud mental y el medio ambiente están más conectados de lo que parece. La educación puede ser el puente que despierte la conciencia, impulse la acción y devuelva el equilibrio entre las personas y la naturaleza. Cuidar la mente, cuidar al otro y cuidar el planeta son, en esencia, un mismo acto de humanidad.