¿Qué tipo de ciudades estamos construyendo? La pregunta, tan sencilla como trascendental, interpela a gobiernos, academia, instituciones y ciudadanos. De la respuesta depende la calidad de vida, la sostenibilidad ambiental y el bienestar social de las próximas generaciones.
Para Pedro Sáenz, vicerrector de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz) sede La Paz con 20 años de experiencia en gestión educativa, el futuro de las ciudades está condicionado por las decisiones que se tomen hoy, porque “el futuro se construye, no se adivina”.
El académico considera que el desafío central radica en planificar ciudades con horizontes amplios, capaces de proyectarse más allá de los ciclos políticos o administrativos.
“Esperamos encontrarnos con ciudades que hayan planificado a 25, 30 o 50 años, y no a semanas”, sostiene. En su visión, las urbes del futuro deben priorizar el tiempo y bienestar de las personas: “No es dable estar dos horas en una trancadera para llegar al trabajo. Necesitamos un transporte adecuado que respete el tiempo de la gente”.
La sostenibilidad urbana, según el académico, se construye sobre pilares esenciales, como son el acceso universal a agua potable de calidad, el uso de energía limpia, el equilibrio entre industria, tecnología y creatividad, y una ciudadanía que valore las capacidades humanas.
“En un futuro próximo, esperamos que en las ciudades la energía limpia sea la norma, y las tecnologías se integren con las industrias creativas y de servicios”, enfatiza.
La educación como laboratorio de soluciones
Para el vicerrector, las universidades tienen un papel crucial en la configuración de las ciudades sostenibles del futuro. “Las instituciones educativas jugamos un rol muy importante en la definición de esas ciudades”, afirma.
En ese sentido, propone que las aulas universitarias se transformen en espacios de experimentación y co-creación: “Los estudiantes deben convertir las aulas en laboratorios vivenciales, donde, mediante metodologías activas, ayuden a resolver problemáticas que afectan a la sociedad, las ciudades y el país”.
La conexión entre academia, Estado y empresa, dice Sáenz, es el puente que puede traducir los proyectos estudiantiles en políticas públicas sostenibles. “Tenemos que hacer que los proyectos que se generan en las aulas se conviertan en políticas públicas. El futuro se construye con planificación y acción conjunta”.
Juventud y sostenibilidad: construir desde la acción
La sostenibilidad, advierte Sáenz, no puede reducirse a un tema curricular o una moda discursiva; y tampoco debe ser considerada como un capítulo de una asignatura o parte de un proyecto de desarrollo. La sostenibilidad, explica, tiene que vivirse en el día a día.
Sin embargo, ¿quiénes son los protagonistas de esta transformación? Los jóvenes, quienes con su liderazgo y dominio de la tecnología tienen la capacidad de mover comunidades digitales y deben aprovechar eso para involucrarse en el desarrollo de soluciones sostenibles para su entorno.
Para ello, según Sáenz, previamente se debe formar conciencia ecológica; es decir, enseñar a los jóvenes a observar, diagnosticar y actuar sobre los problemas urbanos. Sostiene que, desde la academia o la ayuda de expertos, hay que ayudarlos a identificar los problemas que enfrentamos como ciudadanos, tales como la calidad del agua, el acceso a internet, la congestión vehicular.
“A partir de esas quejas ciudadanas, los mismos jóvenes podrán prototipar soluciones que luego escalen hacia políticas públicas para la comunidad en su conjunto”, asegura.
Tecnología e innovación para ciudades inteligentes
En la visión de Sáenz, la tecnología no es un fin, sino una herramienta que acelera el cambio. Por ejemplo, la inteligencia artificial (IA) es un acelerador eficaz que permite encontrar soluciones más rápidas a las problemáticas actuales.
Su aplicación, asegura, puede transformar la gestión urbana mediante la recopilación y análisis de datos. “Nos puede ayudar a analizar información sobre calidad del agua, del aire o tiempos de desplazamiento. El internet de las cosas nos permitirá medir en tiempo real y mejorar decisiones públicas”.
Además, los espacios de creación tecnológica, como los FabLabs, representan un punto de encuentro entre la innovación y la realidad. “Nos permiten trasladar las soluciones de la pantalla de la computadora a prototipos reales y económicos, integrando inteligencia artificial con fabricación digital para desarrollar soluciones a la medida”, afirma Sáenz.
Future Week: jóvenes diseñando las ciudades que soñamos
Un ejemplo de esta innovadora apuesta es el Futures Week, que se realizará del 10 al 13 de noviembre en La Paz, impulsado por Unifranz con el apoyo de The Millennium Project, la Red Iberoamericana de Prospectiva (RIBER) y 2030 Construyendo Futuros. La agenda se centrará en cinco ejes: Ciudad Saludable, Ciudad Culta, Ciudad Consciente, Ciudad Creativa y Ciudad Tecnológica.
Lo que comenzó como un experimento de pensamiento prospectivo, en siete años, se extendió a La Paz, El Alto y Cochabamba, con una propuesta que conecta la innovación, la sostenibilidad y la educación del futuro.
Ciudad Saludable, Ciudad Culta, Ciudad Consciente, Ciudad Creativa y Ciudad Tecnológica, son los ejes temáticos que guiarán el trabajo de los participantes y speakers nacionales e internacionales que se darán cita en este importante evento.
Sáenz lo describe como “un laboratorio de co-creación en el que se reunirán jóvenes, autoridades municipales y empresarios para diseñar soluciones reales a las problemáticas urbanas. Durante las jornadas, los jóvenes no serán público asistente, serán los actores principales del evento porque liderarán proyectos que, con seguridad, se convertirán en soluciones para ese futuro que queremos construir”, asegura.
Para el vicerrector de Unifranz La Paz, la educación debe ser un motor de transformación social que une generaciones y saberes. “No es posible construir el futuro si no es de forma intergeneracional. Si no participan los jóvenes y participamos nosotros, las soluciones estarán muy lejanas”, reflexiona.
Finalmente, desde su visión, la ciudad sostenible que todos anhelamos no se construye con discursos, sino con educación, innovación y compromiso compartido. Una ciudad donde la tecnología sirva a las personas, la juventud lidere el cambio y la sostenibilidad sea el lenguaje común del porvenir.