Mientras el mundo apenas alcanza un 35% de avance en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), en Bolivia empieza a gestarse un movimiento silencioso que podría acelerar ese proceso: las universidades se organizan para medir y potenciar cómo las empresas aportan a la Agenda 2030.
El planeta enfrenta una crisis climática, social y económica que ya no admite discursos tibios. Sin embargo, el último balance global sobre el cumplimiento de los ODS, realizado entre 2023 y 2024, reveló un dato alarmante: apenas se ha logrado un 35% de avance. La pandemia, los conflictos internacionales y la desinformación han frenado el ritmo de acción. En este escenario, un nuevo actor comienza a tomar protagonismo en Bolivia: la academia.
Para Lucía Sosa, directora ejecutiva de Pacto Global en Bolivia, la brecha no está solo en el desconocimiento, sino en una percepción equivocada sobre quiénes son responsables de cumplir esta agenda.
“El desconocimiento de los objetivos de desarrollo sostenible y el entendimiento de que esta es una agenda solo de los gobiernos centrales y no así de los diferentes grupos de interés, hace que sea mucho más lento todo este proceso”, explica.
Una agenda de derechos, gobernanza y economía
Uno de los errores más comunes es reducir los ODS a una narrativa ambiental. Sosa aclara que la Agenda 2030 es mucho más amplia, profunda y que abarca a todos los sectores de la sociedad.
“Hablar de sostenibilidad no es solamente hablar de una ideología verde, sino también de derechos humanos, gobernanza, transparencia y, evidentemente, de economía”, agrega.
Esto implica abordar temas como igualdad de género, salario digno, finanzas sostenibles, gestión hídrica, gobernanza corporativa, biodiversidad y economía circular. Es, en palabras de Sosa, “la única hoja de ruta global aprobada por todos los estados miembros de Naciones Unidas para alcanzar un mundo más justo, más próspero y en paz”.
Las universidades como aceleradoras
Ante la lentitud del avance global, Pacto Global en Bolivia impulsa una mesa de trabajo con universidades del país, entre ellas la Universidad Franz Tamayo (Unifranz), a fin de identificar cómo la academia ya está contribuyendo desde la formación, la investigación, los programas académicos y las acciones sociales.
“Las universidades juegan un rol fundamental en dar a conocer e inclusive implementar dentro de sus pénsum lo que son los ODS, cuáles son las metas que responden y sobre todo cuáles son estos objetivos prioritarios por país”, señala Sosa.
Pero el paso más innovador es aún mayor: las universidades se están organizando para crear un Observatorio de los ODS para el sector privado. Esta iniciativa, que se trabaja junto al sistema de Naciones Unidas y Pacto Global, permitirá medir el impacto real que tienen las empresas en el cumplimiento de la Agenda 2030.
“Necesitamos medir el impacto que se tiene desde las empresas y la sociedad civil”, enfatiza la representante de Pacto Global.
Empresas que ya cambiaron la narrativa
Mientras gran parte de la sociedad aún percibe los ODS como un discurso lejano, el sector empresarial boliviano ha empezado a asumir un rol protagónico. Pacto Global inició operaciones en Bolivia en 2017 con apenas siete empresas, hoy la red alcanza a cerca de 140. “Las empresas ya son protagonistas de esta narrativa. Más allá de generar capacidades internas, están generando agendas que implican alianzas con diferentes grupos de interés”, afirma Sosa.
Un ejemplo concreto es la iniciativa de los Big Changers Bolivia, un reconocimiento otorgado por Pacto Global a empresas líderes que, a través de mesas de trabajo, aceleran acciones concretas de sostenibilidad hacia la Agenda 2030, actuando como referentes de impacto transformador.
Resultados tangibles: ética, agua, biodiversidad e inteligencia artificial
Los avances no se quedan en compromisos simbólicos. Una de las mesas de trabajo logró reunir a 35 empresas y gremios empresariales durante un año para construir un código de ética empresarial disponible para cualquier organización que quiera adoptarlo. “Ese es un paso interesante para abordar este tema de buen gobierno corporativo”, destaca Sosa.
Otras mesas trabajan en temas como inteligencia artificial, gobernanza transformacional, biodiversidad entendida como capital natural, economía circular y gestión hídrica, incluso con el desafío de actualizar una ley del agua que data de 1904.
La sostenibilidad ya no es opcional
Para Sosa, “hablar de desarrollo sostenible, lo llamemos Agenda 2030 u ODS, no es solamente una narrativa romántica que a veces se escucha, sino la única forma de hacer negocios en este momento”.
Las nuevas generaciones exigen empresas más responsables, transparentes y comprometidas con su entorno. Pero para que ese cambio sea sostenible en el tiempo, se necesita que las universidades formen profesionales con esta lógica desde su etapa académica.
Ahí radica la importancia del trabajo que se realiza en la mesa académica de Pacto Global, que tiene la misión de conectar el conocimiento con la práctica empresarial.
La pieza que faltaba
Si bien las empresas ya comenzaron a moverse en este campo y el marco global también ya está definido, la gran pieza que faltaba era la formación de talento con visión ODS. La academia boliviana, como es el caso de Unifranz, empieza a ocupar ese lugar.
Sin profesionales que entiendan la gobernanza, el salario digno, la gestión del agua, la economía circular o las finanzas sostenibles desde su formación, difícilmente las empresas podrán cumplir la Agenda 2030.
En este desafiante contexto, las universidades entran al juego no como espectadoras, sino como aceleradoras de un cambio que el mundo necesita con urgencia.