El presidente del Estado me engañó. Creí que su relativamente moderado mensaje a la nación del 6 de agosto podría significar que ante tantos datos que la realidad le ofrece en sentido de que el país necesita un espacio de reconciliación y diálogo para enfrentar la crisis que cada día se nota más, podría inaugurar una nueva etapa en su gestión más democrática y participativa.
Nada. Más bien, la forma en que su Gobierno está manejando la postergación de la realización del Censo de Población y Vivienda hasta el 2024 muestra que las autoridades no captan las demandas de la sociedad y han redoblado el método de la confrontación y lo están haciendo ya no solo con relatos cada vez más mentirosos y contradictorios, sino con una abierta opción por la represión y el matonaje, como se ha podido observar en Santa Cruz al inicio de la semana.
Es difícil comprender esta actitud que subvierte la relación entre el Estado y la sociedad, olvidando que cuando esa relación se deteriora sobreviene la anomia y “todo puede pasar” porque se va imponiendo sistemáticamente la violencia. Las tomas de tierras en Santa Cruz y otras regiones del país por parte de los autodenominados movimientos interculturales que ya no solo agreden a “terratenientes” sino a la población originaria de esas regiones; en el conflicto entre los productores de coca de los Yungas de La Paz; en la represión a las movilizaciones de la sociedad, y el vergonzoso y recurrente uso del sistema penal para propio beneficio.
El Gobierno, pues, está sembrando vientos y cosechará, tarde o temprano y en función a su empecinamiento, tempestades como sucedió con Evo Morales con su afán de prorrogarse en el poder indefinidamente, y terminó fugando con sus cortesanos.
No está de más insistir en que los tiempos que vivimos son especiales. Los cambios de paradigmas, la crisis global, la invasión rusa a Ucrania, son factores cuyas repercusiones nos llegarán y se deberá enfrentarlos para que no nos arrasen y nuevamente seamos insignificantes en el escenario regional y global.
Esto requiere, como coinciden lo analistas serios, una sociedad con elevados niveles de confianza y participación y líderes democráticos que tengan la capacidad de formular visiones de país que convenzan a los ciudadanos, dejando discursos de confrontación y discriminación.
De ahí que, pese a los emprendimientos autoritarios hay que seguir buscando desde la sociedad resquicios para recuperar espacios de convivencia pacífica. En ese camino pudo ser incluido el debate sobre el Censo y se debe incluir la propuesta de los juristas independientes de un referendo constitucional para la reforma del sistema judicial y bien haría el Gobierno en no bloquear esta iniciativa a través de sus funcionarios en los órganos Electoral y Constitucional.
En todo caso, hay muchos síntomas de que la ciudadanía está perdiendo la paciencia y a lo largo de nuestra historia se pueden ver episodios parecidos de qué puede pasar cuando llega ese momento, particularmente cuando las autoridades políticas pierden la oportunidad del redesquite, como sucede ahora.