Pues sí, esa es la prioridad número uno del pueblo boliviano, expulsar a este nefasto régimen, apéndice del trasnacional Socialismo del Siglo XXI, heredero del fracasado comunismo, que cayó con el Muro de Berlín y la implosión de la Unión Soviética, al mostrar en la práctica su inviabilidad económica, política y social.
Si bien el antidemocrático Movimiento al Socialismo, se encuentra en una franca etapa de agotamiento, es necesario darle el empujón final. Tenemos que salir de sus garras, para que Bolivia sea un país decente. Mientras el MAS gobierne, este país no tendrá libertad, democracia ni justicia. No habrá autonomía ni federalismo, no tendremos un padrón limpio ni elecciones sin fraude, no tendrá Pacto Fiscal, no se respetará el medioambiente y mucho menos tendremos un país libre del narcotráfico, la corrupción publica y en racismo indigenista, tan arraigados en los plurinacionales. El masismo ya está haciendo lo propio en su autodestrucción, aunque para algunos analistas es solo un tongo impuesto desde Cuba. De todas formas, la ciudadanía ya no los soporta, sus trapitos sucios ventilados ante la opinión pública, los hace ver de cuerpo entero, un partido de gente maligna, dispuesta a cualquier cosa para seguir aferrada al poder, aunque destruyan el país hasta sus cenizas. No tengo duda que pasaran a la historia, como el partido más abominable que gobernó a esta pobre patria. Serán de triste recordación; así como los alemanes se recuerdan del nacismo, habiendo desprestigiado en el proceso, a la izquierda del Grupo de Puebla y al indigenismo quechua y aimara, sus gestores, operadores y finalmente sus únicos beneficiarios.