Por Wálter Vásquez
En su último informe, el Banco Mundial (BM) prevé para Bolivia un crecimiento del 3,5% este año y un 2,7% en 2023, en tanto que el Gobierno planificó una expansión del 5,1% para 2021 y cifras similares hasta 2025. El banco sostiene que “tras el fuerte repunte registrado en 2021, la economía mundial está entrando en una pronunciada desaceleración en medio de las nuevas amenazas derivadas de las variantes del Covid 19 y el aumento de la inflación, la deuda y la desigualdad de ingresos, lo que pondría en peligro la recuperación de las economías emergentes y en desarrollo”. Marianne Fay, directora del BM para Bolivia, Chile, Ecuador y Perú, explica cómo se obtuvieron estas cifras. _ ¿Qué factores tomaron en cuenta para llegar a las previsiones sobre Bolivia? Entre las más importantes está el hecho de que vemos que podría reducirse el espacio para continuar impulsando la economía únicamente con políticas expansivas de gasto, a menos que los precios de las materias primas continúen aumentando. Y eso se debe a varias cosas. Primero, al acceso limitado a financiamiento externo; segundo, a la necesidad de moderar el aumento de la deuda pública; tercero, a la necesidad de mantener niveles aceptables de reservas internacionales; y cuarto, al hecho de que -después de la fuerte expansión del crédito que hemos visto en los últimos años y tras los efectos de la pandemia- el sector financiero podría tener menos espacio que en el pasado para continuar impulsando el crédito interno. _ ¿Cuáles son los principales desafíos que las economías de la región van a enfrentar esta y la siguiente gestión? _ En cuanto a la cooperación financiera entre el Banco Mundial y Bolivia, ¿cuántos créditos aprobaron para el país y a cuánto asciende ese monto? _¿Cuándo se tendrá lista la planificación y cuándo comienza el nuevo periodo de cooperación financiera? _ ¿Ya se inició el diálogo? _ Con base en su experiencia y tomando en cuenta lo ocurrido en el país, ¿a qué áreas podría orientarse más el apoyo financiero del Banco Mundial?
Una cosa que podría tener un impacto a mediano o largo plazo es la posibilidad de aumentar inversiones en los sectores de hidrocarburos y litio, pero la limitante de eso es que en general no tiene impacto a corto plazo.
Son varios. El primero es qué va a pasar con la pandemia en la región y en el resto del mundo, porque la mayoría de nuestros países dependen mucho de las exportaciones (…) y la demanda internacional podría tener mucho efecto en ellos. Pero en general, lo que vemos como opciones en todos los países son esfuerzos para mejorar la gestión pública en términos de adquisición pública, focalización de programas y marco institucional para la toma de decisiones en la inversión pública. También se trata de mejorar el entorno regulatorio e institucional para promover más inversiones privadas.
En países como Bolivia, los potenciales para la inversión privada; por ejemplo, están en el litio y en las agroexportaciones, especialmente si mejora el sistema logístico de esta última (...).
Un punto que queremos destacar es que los países andinos tienen en su riqueza natural productos que son muy demandados en el contexto de la lucha contra el cambio climático, como el cobre, el litio, el hidrógeno verde.
La cartera vigente hoy en día es de más de $us 1.000 millones, los cuales se destinan a proyectos de inversión que se encuentran en diferentes etapas de ejecución. Los sectores que estamos apoyando incluyen transporte, salud, agricultura y desarrollo urbano.
También estamos en el proceso de elaboración del nuevo marco de alianza con Bolivia. Ese es un marco que se hace cada cuatro años en coordinación con el Gobierno y es el que organiza las actividades del Grupo Banco Mundial en el país.
Probablemente va a empezar en julio, con el inicio de nuestro año fiscal. Entonces, en los próximos meses tenemos que discutirlo con el Gobierno y finalizarlo.
¿Ya se habla de montos para este nuevo periodo?
Eso se tiene que discutir con el Gobierno, depende de lo que necesita el Ejecutivo.
Estamos empezándolo.
Hay varios temas que nos interesan mucho, pero quiero insistir en que al final es el Gobierno el que decide dónde quiere que los apoyemos. Pero hay sectores en los cuales hemos trabajado mucho y en los que -pensamos- podemos brindar mucho a Bolivia: en agua y saneamiento, cuyo acceso sigue siendo un desafío para el país; en energía; en acceso a servicios básicos; en transporte y en logística, que es un gran reto para el desarrollo del país.
También nos gustaría seguir apoyando al país en infraestructura resiliente, gestión de riesgo de desastres y medioambiente. En estos temas nos gustaría seguir apoyando para ver cómo se puede mejorar todo el marco de políticas ambientales, especialmente porque esas políticas muchas veces son gran parte de la gestión de riesgo de desastres. Entonces, hay unos ‘win-win’ ahí que se pueden buscar.