Damián Szifron, que ganó reconocimiento a escala internacional por dirigir la cinta Relatos salvajes (2014), estrena su primer filme en Hollywood Misántropo , un thriller que sitúa la acción en Baltimore, la noche de Año Nuevo. Un feroz ataque de un francotirador deja un saldo de 29 muertos y ni una sola pista.
Eleanor Falco (Shailene Woodley) es reclutada por el agente especial del FBI Geoffrey Lammark (Ben Mendelsohn) para integrar el equipo a cargo de la identificacióny captura del homicida. Szifron conversó con EL DEBER (Geeked) acerca de su nueva película, que se estrena en los cines de Bolivia el jueves 27 de julio.
- Luego de haber pasado tantas dificultades a la hora de grabar “Misántropo”, ¿Cómo se siente ahora que puede ver el producto final? Uno siempre compara su situación con dificultades de la gente en pandemia, gente que enfermó, que perdió familiares y dice: bueno, por ahí no fueron tantas las dificultades, pero sí un rollito muy cuesta arriba, pero por múltiples razones, no solo la pandemia, que complicó todo. Fueron muy pocos días de rodaje. Un tema que generaba mucha inquietud en todas las esferas involucradas con la película eran los tiroteos en EEUU. En una sociedad que genera episodios así, de violencia descomunalcon una frecuencia aterradora, una cinta que tenía una serie de asesinatos en masa en el corazón de su relato era considerada como la oveja negra de las películas que se estaban desarrollando en ese momento. Misántropo es un proyecto que se sacó adelante y que es una enorme liberación. - Desde la idea hasta la concepción de la cinta pasaron más o menos 13 años … Muchos de los proyectos, por ejemplo, el primer episodio de “Relatos salvajes” se me ocurrió muchísimo antes de saber que iba a ser una película de episodios y que iba a escribir todos los demás. A veces es así. Las películas se presentan un día, las dejas ahí anotadas, y años después vuelven y las seguís desarrollando.Soy una persona que filma poco pero que escribe mucho, así que tengo muchos proyectos avanzando en paralelo y - ¿Cuál es la diferencia más notoria que tuvo de filmar en América Latina y hacerlo en EEUU, donde se realizó “Misántropo”? - ¿Terminó de grabar la película como la concibió desde un principio? Misántropo se convirtió en un vehículo potente que yo agradezco, casi como un exorcismo. Lo único en lo que diría que el estudio metió mano fue en el nombre en inglés: To Catch a Killer. - ¿Hay algún género que le llame la atención para desarrollar un proyecto? - ¿Hay alguna película o serie que lo haya marcado?
Misántropo fue uno de ellos.
La diferencia para mí era brutal porque sobre todo en Argentina tengo muchísimo apoyo a la hora de filmar. Si hay determinado tema que quiero filmar o tratar, por lo general hay productores interesados en financiarlo y en apuntalar cada una de las decisiones que van conformando una película, cosa que no necesariamente pasó en Estados Unidos y sobre todo en relación a este proyecto, que fue como una papa caliente con una temática que no generaba tanta afinidad. Pero después de todo es la historia que me salió, después de muchos viajes que hice a Estados Unidos y otros proyectos que desarrollé allá, fueron esas las imágenes que me fueron asaltando y que iban configurando este relato, conflicto y personajes.
Sí, la película refleja un 100% la historia que quería contar, como el proceso creativo para materializarla. Por ejemplo, en alguna reescritura empezó a ganar terreno el personaje de Lammark, el personaje que interpreta Ben Medelsohn, que de alguna forma refleja también cierto conflicto que yo viví de forma personal en experiencias anteriores.
Fue una cuestión de último momento, que no defiendo ni celebro, ya que siempre llamé a la cinta Misántropo , porque se concibió así.
Tuve la suerte que en América Latina la distribuidora mantuvo el nombre original, y que, en Francia, Suiza y en varios países también se mantuvo. No es común y no tenía por contrato el corte final, pero después de varias idas y venidas con los productores respetaron la visión del director y eso tengo que remarcar.
Tuve la suerte de que uno de mis primeros proyectos fue la serie Los simuladores
En cada capítulo me permitía visitar un género que amaba y que era muy distinto del siguiente o anterior episodio. Hay capítulos western, policiales, terror, vampiros, dramas, melodramas, hay rusos, hay nazis. Fue una experiencia muy enriquecedora que me dejó explorar todo ese cine que tanto me gusta.
Puedo decir que amo el cine clásico, amo el cine de género, pero a la hora de rodar lo que hago siempre es híbrido. Por ahí no es tan puro como el cine que más me gusta, siempre hay algo de Frankenstein, un procedimiento más complejo, es un poco un policial, pero también un drama, pero también una película testimonial o es una ‘buddy movie’, típicamente americana traspolada a la Argentina con elementos autóctonos. Siempre va apareciendo la mezcla de géneros, como ‘blends’, algo resultante que no es intencionado, pero aparece así.
Uff, muchas películas me han marcado. A mí el cine me cambió la vida, me marcó muchísimo. Los recuerdos que tengo de la vida en general están asociados a películas que vi, al momento en que las vi. La relación con mi papá y también con mi abuelo materno está atravesada por el cine, así que sería una lista interminable de películas.