La implementación de una política de cielos abiertos en Bolivia es “vital e inevitable” si el país quiere mejorar su conectividad aérea, atraer divisas frescas y dejar de ser un territorio poco atractivo para las aerolíneas internacionales, afirmó Jorge Valle, presidente de la Asociación de Líneas Aéreas, en una entrevista con Bolivia TV.
Valle recordó que Bolivia es el último país de la región que aún no ha adoptado formalmente este tipo de política y subrayó que ya existe una señal política desde el Ejecutivo. “Hemos escuchado reiteradamente al presidente de la República manifestar su interés en formalizar una política de cielos abiertos”, señaló.
En ese contexto, mencionó el reciente anuncio gubernamental sobre el interés de nuevas aerolíneas en operar en el país, como la low cost argentina Flybondi, que ya cumplió las cinco fases del proceso de autorización para rutas internacionales, aunque su inicio de operaciones dependerá de la disponibilidad de flota y la definición de itinerarios. Según Valle, incluso algunas empresas han decidido avanzar bajo el esquema actual, pese a las limitaciones existentes.
Desde la perspectiva del usuario, explicó que una mayor apertura permitiría ampliar la oferta de horarios y rutas, tanto internas como internacionales, además de generar una competencia sana que obligue al país a modernizar su infraestructura aeroportuaria. “Esto no solo beneficia al pasajero, también empuja al desarrollo de aeropuertos a la altura del contexto internacional”, sostuvo.
Sin embargo, advirtió que la política de cielos abiertos no puede limitarse a una decisión administrativa, sino que debe convertirse en una política de Estado. “Tiene que establecerse mediante una ley de la República que permita modificar disposiciones tributarias, aduaneras, migratorias, laborales y, sobre todo, aeronáuticas”, afirmó.
En ese punto, cuestionó la excesiva burocracia del sector, especialmente los largos plazos para obtener permisos de operación ante la DGAC. “Hay cinco fases que pueden tardar entre ocho y doce meses. Eso es irracional. Durante ese tiempo las aerolíneas pagan seguros caros y no operan”, criticó.
Valle señaló que estas trabas han generado una percepción negativa en operadores extranjeros. “Permanentemente recibimos la observación de que las condiciones en Bolivia son muy difíciles para operar”, dijo, y remarcó la necesidad de hacer el país más “tentador” para la inversión aérea.
Respecto al cabotaje —la posibilidad de que aerolíneas extranjeras operen rutas internas— explicó que es una opción que Bolivia podría considerar, siempre bajo el principio de reciprocidad. “Si permitimos que operadores extranjeros cubran rutas nacionales, también debemos tener la posibilidad de que nuestras aerolíneas hagan lo mismo en sus países”, indicó.
El presidente de la Asociación de Líneas Aéreas defendió además la viabilidad de fortalecer aerolíneas nacionales en paralelo a la apertura internacional y aseguró que existe demanda suficiente. “Las líneas internas suelen convertirse en alimentadoras de las internacionales. En aviación está comprobado que toda oferta genera su demanda”, afirmó.
En ese marco, destacó la importancia de convertir a Bolivia en un hub aéreo regional, un centro de conexión de vuelos más que un destino final. “Panamá tiene menos población que Bolivia y es un hub enorme. No se trata de que todo el tráfico se quede en el país, sino de conectar y distribuir vuelos”, explicó, citando ejemplos como Lima, São Paulo, Bogotá y San Salvador.
Sobre las rutas deficitarias, sostuvo que forman parte de la lógica del negocio aéreo, ya que suelen compensarse con rutas internacionales rentables. Puso como ejemplo a Boliviana de Aviación (BoA), señalando que sus operaciones internacionales y rutas troncales son las que sostienen otras menos rentables dentro del país.
Finalmente, Valle lanzó una advertencia contundente: “Bolivia se ha convertido en un país expulsor de líneas aéreas”. Recordó que el país llegó a tener más de 20 aerolíneas y hoy cuenta con una flota reducida, mientras grandes operadores internacionales como Avianca o Latam, con cientos de aviones, ya no conectan directamente a Bolivia con el mundo.
“Eso es lo que necesitamos recuperar: líneas que permitan volar desde La Paz o Santa Cruz a cualquier punto del mundo, sin transbordos traumáticos”, concluyó.