La preocupación por el medioambiente impacta también a las empresas. Muchos sistemas productivos optan por asumir modelos de sostenibilidad y recurren, para ello, a materiales y recursos que reduzcan al mínimo la generación de residuos. Se trata de la economía circular. El concepto original se ha ampliado. Ahora, las empresas también buscan materiales recuperados que reinsertan en la industria, conservando su valor. El compromiso asumido por estas empresas se expande a diversas prácticas conscientes. Este sistema económico apunta a la reducción significativa de desechos industriales en algunos sectores. Supone un quiebre directo al sistema de economía lineal, cuyo foco principal es la rentabilidad. “La economía circular alienta un flujo constante, una solución virtuosa, en la que los residuos puedan ser utilizados como recursos para reingresar al sistema productivo”, asegura Gladys Lorena Terrazas Arnez, docente de la UPDS y líder ambiental. A pesar de los desafíos que significa cambiar paradigmas, Terrazas cree que en América Latina y en Bolivia, hay evidencia de una creciente actividad económica innovadora y regenerativa. Se está reflexionando e incorporando miradas hacia la sostenibilidad y la economía circular. “El escenario post Covid19 nos ha obligado a repensar nuestras formas de consumo, producción y estilos de vida, reflexionando desde la sostenibilidad e impacto ambiental”, explica la educadora. En Bolivia aun no se cuenta con información sobre la cantidad de empresas que están implementando medidas o proyectos con enfoque de circularidad. A pesar de esa falta de datos, es notorio que, cada vez más, los emprendedores y los consumidores asumen una mayor conciencia respecto a los bienes y servicios que desean adquirir. Uno de los grandes temas asociados a esta nueva forma de ver la economía está ligado al manejo responsable y sostenible de los residuos sólidos “y ese es un gran tema que nos trae desafíos día con día, como ciudadanos o como tomadores de decisión”, detalla la especialista. Según el informe de la Fundación Alternativas (2021), en Bolivia, la generación masiva de residuos y las malas prácticas en torno a su gestión no sólo tienen consecuencias ecológicas-medioambientales negativas; también tienen consecuencias como la pérdida de potencialidades de desarrollo socioeconómico. Se estima que un 75% de los residuos generados podrían disponerse y/o transformarse en nuevos insumos de valor agregado. Lorena Terrazas destaca que, a pesar de no tener legislaciones específicas que motiven o incentiven a la economía circular, Bolivia cuenta con emprendimientos y empresas que muestran sus buenas prácticas. Ejemplos visibles de esta práctica se observan en el reciclado y reutilización del vidrio, la reutilización de llantas para transformarlas en pisos ecológicos o la transformación de las prendas de vestir como otro emprendimiento que aplica la circularidad. La especialista se cuestiona la participación de instituciones y autoridades para afianzar estas prácticas con políticas adecuadas. “Tal vez aún no se tengan todas las respuestas, pero lo cierto es que podemos empezar desde reconocer la necesidad de cambiar nuestra mirada, nuestros paradigmas aprendidos, nuestros prejuicios respecto al consumo y producción insostenible, y cómo nuestros estilos de vida pueden influir de manera positiva o destructiva para el planeta” resalta Terrazas. Finalmente, invita a la población y a las empresas a buscar nuevas opciones de modelos de negocios ambientalmente amigables pero sobre todo, integrales.