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Cambio climático encabeza la lista de las mayores preocupaciones para la producción de soya en la región

Martes, 02 de septiembre de 2025 a las 03:00

El último Congreso de la Soya organizado por Anapo, dejó algunas lecciones para avanzar en biotecnología. La sequía y las plagas se deben atacar con ciencia

El cambio climático es, hoy por hoy, el principal desafío que enfrentan los productores de soya en Sudamérica. A este se suman los insectos y las malezas resistentes que invaden los cultivos. Estos últimos han evolucionado, desarrollando una mayor tolerancia a los agroquímicos.

Lo que antes constituía una solución eficaz, ahora exige dosis más altas y formulaciones más potentes para lograr el mismo resultado. Es un círculo vicioso: a mayor resistencia, más productos químicos, lo que conlleva un daño potencial considerable al medio ambiente y a la salud humana. ¿La alternativa? De momento, la biotecnología.

Durante el VI Congreso Internacional de la Soya, que se realizó la semana pasada en Santa Cruz, expertos nacionales e internacionales coincidieron en que el futuro de la producción dependerá de la capacidad de los agricultores para adoptar tecnologías como la soya HB4, la agricultura de precisión y el uso sostenible de los suelos productivos.

“Además de enriquecer los conocimientos de los productores, este congreso también pudo evidenciar lo que los agricultores necesitan para aumentar su producción con un enfoque de sostenibilidad. Y en este camino, la biotecnología es una herramienta fundamental”, declaró Jaime Hernández, gerente general de la Asociación de Productores de Oleaginosas y Trigo (Anapo), entidad organizadora.

Martín Mariani Ventura, gerente global de Semillas y Tecnología de la empresa argentina Bioceres, explicó que, a escala regional, la tecnología HB4 —aprobada en noviembre de 2024 para Bolivia— permite desarrollar variedades de semillas de soya que se adapten a los distintos suelos que sufren sequías prolongadas, factor que, según una encuesta regional, es el principal problema que afecta la productividad del grano.

“Hoy, la principal preocupación es la sequía, es decir, las condiciones de cambio climático. Más del 30% de los agricultores tiene esta como su principal preocupación”, indicó Mariani, al mencionar que, en algunas regiones de Argentina, Uruguay y el sur de Brasil, el problema mayor son las malezas tolerantes al glifosato; en Brasil, Paraguay y Bolivia, el control de insectos, “pero la sequía continúa siendo el problema principal”, señaló.

El experto agregó que, en segundo lugar, se encuentran las cuestiones bióticas, es decir, fenómenos que están directamente relacionados con los seres vivos en un ecosistema. “Hablamos de problemas bióticos desde el punto de vista de malezas o plagas y luego, el tema de enfermedades como la roya, para lo que existen herramientas químicas o tolerancia genética que ayudan a superarlas”, indicó.

Por su parte, Estela Ojeda, gerente del Instituto de Biotecnología Agrícola de Paraguay (Inbio), destacó que su país tiene muchas similitudes con Santa Cruz en cuanto a clima y suelos, y que la sequía es uno de los principales problemas que ha causado grandes pérdidas económicas para el productor.

“Los efectos de la sequía y de las altas temperaturas que tuvimos y que ustedes (en Santa Cruz) también padecieron fueron bastante fuertes en la campaña 2021-2022. Otra dificultad es también el tema de las malezas, que son más resistentes y, como en todos los países, hemos usado el glifosato, que por más de 20 años fue la solución a los problemas de maleza. Sin embargo, en algún momento nos hemos olvidado de otras tecnologías, otras técnicas de manejo, y eso ahora tiene su consecuencia en las malezas resistentes”, sostuvo.

En ese sentido, ponderó la tecnología HB4 como una herramienta que puede atender esas problemáticas y que, en el caso de enfermedades como la roya, en Paraguay se están desarrollando materiales con mayor cantidad de genes resistentes. “Digamos, con mejoramiento convencional con apoyo de marcadores moleculares, entonces con esa tecnología también en un futuro queremos traerla aquí a Bolivia”, afirmó.

Cuestión de rendimiento

Juan Pablo Rodríguez, gerente técnico de Agripac Boliviana, consideró que actualmente Bolivia es el país con el menor rendimiento del cultivo de soya, con un promedio máximo de 2,2 toneladas por hectárea, mientras que Brasil está por encima de las 3,5 toneladas. Consideró que para lograr esos rendimientos es necesario un cambio en la base de fertilización.

“Por otro lado, la protección del cultivo también es muy importante. Hay agricultores que ven sus campos con malezas y no les dan mucha importancia; en el congreso vimos que tener un campo limpio nos lleva, claramente, a tener un mejor rendimiento. También tenemos que proteger el cultivo de enfermedades y de plagas, porque estas son limitantes del rendimiento”, manifestó Rodríguez.

Subrayó que un manejo sostenible de los cultivos debe estar basado no solamente en agroquímicos, sino también en labores culturales, haciendo un manejo integrado del cultivo. “La genética es muy importante para esto y nosotros estamos haciendo un desarrollo de materiales o de semillas, tanto de soya como de maíz y sorgo, para tener mejores rendimientos”, recalcó.

A su vez, resaltó que los nuevos productos de las grandes industrias químicas son más eficientes, lo cual nos ayuda a bajar la cantidad de aplicaciones, teniendo un control de plagas con un menor impacto ambiental. “Tenemos productos menos tóxicos para los humanos y más eficientes para las plagas; nuevas moléculas, nuevos lanzamientos que hacen que la agricultura sea más eficiente y, si tenemos menos plagas, menos enfermedades, menos malezas, con un control eficiente vamos a tener mejores rendimientos”, expresó Rodríguez.

En Paraguay, según Estela Ojeda, existen agricultores que han llegado a cosechar hasta 6 toneladas por hectárea, pero el promedio oscila entre 2,2 y 3,5 toneladas. “A excepción del 2021, que fue malísimo, creo que el rendimiento promedio estuvo entre los 1.200 y 1.500 kilos, lo que afectó directamente a toda la economía del país, porque para nosotros, después de las hidroeléctricas, la mayor fuente de divisa es el agro, y dentro del agro, la producción de soja”, remarcó.

Por su parte, la investigadora Jovanna Vargas, quien expuso en el congreso el tema “Plagas de la soya: Impacto en el rendimiento, selectividad y resistencia”, afirmó que en Bolivia se tienen registradas cerca de 40 plagas en el cultivo del grano, de las cuales algunas son esporádicas, pero entre las más difíciles de controlar están el ácaro verde, Mononychellus planki, los tisanópteros (insectos), que atacan directamente la planta en floración; coleópteros de las gramíneas que ahora atacan la soya, y el “pegador de hoja” (gusano enrollador de hoja).

“Estas cuatro plagas, año tras año, han ido apareciendo y han ido perdiendo susceptibilidad a diferentes agroquímicos, porque de repente, el uso de un mismo activo o un mismo mecanismo de acción ha hecho que al final los controles sean ineficientes. Entonces, una de las recomendaciones que se hizo es que hay que conocer bien a la plaga y hay que saber utilizar los productos, haciendo rotación de mecanismos de acción”, sostuvo.

Vargas profundizó que el conocimiento es un activo muy importante, ya que a través de este se conoce el ciclo biológico de una plaga. “En Bolivia hemos avanzado bastante en tecnología, no tenemos nada que envidiar a los países que nos rodean. De repente, nos falta un poco el tema de la capacitación, del conocimiento para poder hacerlo de manera inteligente”, añadió.

La HB4, realidad en Bolivia

En el marco del VI Congreso Internacional de la Soya, el gerente de Anapo anunció que en la próxima campaña de verano 2025-2026 se iniciarán ensayos en la siembra de soya con tecnología HB4, con el objetivo de iniciar un proceso de validación para identificar las semillas que mejor se adapten a los diferentes tipos de suelo y se pueda iniciar su producción comercial, probablemente en la campaña de verano 2026-2027.

“Vamos a comenzar a introducir líneas y/o semillas de soya que tengan incorporada la tecnología HB4 para que, a partir de esta campaña de verano 2025-2026, iniciemos su proceso de validación y podamos identificar qué semillas se adaptan a nuestras condiciones de suelo y ambiente para que se puedan liberar como nuevas variedades de soya HB4 para su producción comercial”, explicó Hernández.

El 6 de noviembre de 2024, el Ministerio de Desarrollo Rural y Tierras entregó a Anapo y la Cámara Agropecuaria del Oriente (CAO) la resolución que autoriza el uso del evento de soya HB4. En esa ocasión, el ministro de Desarrollo Rural y Tierras, Yamil Flores, informó que la resolución da luz verde a la importación de esa semilla. Se informó que en 2015 se permitió su uso en Argentina, y posteriormente en Brasil (mayo de 2019), Estados Unidos (agosto de 2019), Paraguay (2019), Canadá (2021) y la República Popular China (2022).

Según Hernández, el proceso de validación se hará en ensayos demostrativos en tres localidades durante dos campañas agrícolas, verano 2025-2026 e invierno 2026. “Si todo sale bien, para el próximo verano 2026-2027 ya podemos tener variedades aprobadas con el INIAF (Instituto Nacional de Innovación Agropecuaria y Forestal) para comenzar una producción comercial en la campaña de verano 2026-2027”, sostuvo.

Lo que dejó el congreso

El evento reunió a más de 700 participantes, entre productores pequeños, medianos y grandes, además de técnicos de propiedades agrícolas y de casas comerciales que brindan asistencia técnica.

Se presentaron los avances de la tecnología HB4, que ya se encuentra aprobada en países del Mercosur y Estados Unidos, y que en Bolivia podría dar inicio a su cultivo comercial a partir de la próxima campaña de verano.

La tecnología y el factor agua

La tecnología HB4 proviene de la modificación de genes del girasol y tolerante a la sequía, que aumenta la fotosíntesis y produce antioxidantes bajo estrés hídrico. El gen HB4 se activa en condiciones de escasez de agua y aumenta la fotosíntesis para seguir produciendo. 

Martín Mariani sostuvo que en Argentina se han realizado análisis de una variedad de soya con esta tecnología y se ha demostrado que la fijación de carbono es mucho mayor, así como la cantidad de producción de biomasa. “Con esto  está ayudando desde el punto de vista sustentabilidad porque está fijando más carbono y está haciendo un uso más eficiente por cada milímetro de agua”, destacó.

Luego, ponderó que no sólo tiene tolerancia al glifosato, sino al glufosinato —efectivo contra malezas resistentes al glifosato—, hace una reducción de la cantidad de herbicidas a aplicar durante el curso del cultivo, reduciendo hasta 300 litros de agua por hectárea.

“Una parte del negocio nuestro es todo el uso de productos biológicos. Tenemos una compañía, que está presente aquí también en Bolivia, que busca el reemplazo de los productos químicos con productos biológicos, con lo cual tenemos otro impacto adicional”, agregó.

Mariani señaló que todos los cuestionamientos que hay sobre la biotecnología “no correrían” y más bien tienen mucho más beneficio que usar una variedad sin HB4. “Hoy, prácticamente Bolivia usa (semillas) RR o de otras fuentes”, explicó.

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