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Zinnya del Villar, especialista en tecnología y datos: “La IA no es la verdad absoluta, el reto es enseñar a discernir la información”

Martes, 30 de septiembre de 2025 a las 08:18

La experta advierte que los jóvenes son los más vulnerables ante el auge de las fake news. Sostiene que empresas y medios necesitan ética, datos y nuevas estrategias para enfrentar impacto de la IA

Zinnya del Villar, considera que la tecnología, la IA y su uso  responsable es una labor que se debe cumplir. La fragmentación de la información para Del Villar conlleva una responsabilidad donde se dé luces a las generaciones más jóvenes, para que tengan la capacidad de no creer todo lo que se publica en las redes.   ¿En la relación entre periodismo, tecnología y democracia, ¿cuál es su lectura? He trabajado directamente en un proyecto con Datapop sobre fake news. Siempre pensamos en las grandes noticias falsas  —como el Brexit o la campaña de Trump—, pero en Latinoamérica uno de los problemas más serios está en los migrantes. Reciben mensajes engañosos, como que pagando pueden obtener papeles, lo cual es falso. Eso genera falsas expectativas, pérdidas económicas y problemas sociales en los países de destino. Aunque no afecta directamente a la democracia, sí lo hace de forma indirecta, porque obliga a los gobiernos a responder a estas crisis.  —¿Y en el plano político cómo inciden estas tecnologías?En Europa el impacto es más fuerte: las redes sociales han creado polos extremos, entre la derecha radical y la izquierda más dura. La juventud es la más vulnerable porque consume información en formatos distintos y con menos filtros. En América Latina todavía hay un mayor centrismo y diálogo, aunque ya se ven señales de polarización. ¿Cómo ve el uso de la inteligencia artificial en el ámbito empresarial?La IA está transformando todas las profesiones. El problema no es la tecnología, sino la mentalidad con la que se usa. Si seguimos con el modelo capitalista de producir más y más, la máquina siempre ganará. No podemos competir con ella en productividad. Lo que necesitamos son modelos económicos más sostenibles y circulares. Estos modelos requieren un cambio de mentalidad, una mirada donde se comprenda que la solución no es el capitalismo ‘salvaje’, sino que hay otras alternativas para poder siguir creciendo. Para ello el uso de la inteligencia artificial debe tener un componente ético, no desde una mirada moralista, sino de la responsabilidad social, académica o empresarial. Hablaba de ética. ¿Qué papel juega en este debate?Es clave. La ética no es censura ni moralismo, sino un marco para evaluar riesgos y beneficios. Hoy se impulsa la “inteligencia artificial responsable”, donde los propios desarrolladores consideran sesgos de género, impactos ambientales o efectos en poblaciones vulnerables. Las empresas deberían tener comités de ética para definir estrategias claras de datos e inteligencia artificial. En periodismo, los datos son cada vez más relevantes. ¿Por qué?Porque lo que no se mide, no se puede resolver. Los datos nos permiten evaluar pobreza, desigualdad o violencia, y saber si una política funciona. Pero hay un problema: el Big Data suele estar sesgado, por lo que necesitamos contrastarlo siempre con estadísticas oficiales. Es importante tener la capacidad de ofrecer datos verificables que de alguna manera presenten una determinada realidad que es posible mejorar, justamente a esa base de datos que se logra conseguir. ¿Cómo evitar la manipulación de datos en el periodismo?Se requiere alfabetización matemática. Hoy muchos gráficos se interpretan mal o se presentan de manera engañosa. Una sociedad más formada en matemáticas será más crítica con lo que consume.  ¿Qué consejo da frente al avance de la IA?Que la vean como una herramienta. No deben tenerle miedo, pero tampoco creer ciegamente en ella. Los jóvenes, en particular, deben entender que la IA no es la verdad absoluta. Ellos deben ordenar a la herramienta, no al revés. ¿Qué futuro le espera al periodismo tradicional?Esta es una oportunidad para replantearse. El periodismo estuvo muy ligado a gobiernos y perdió credibilidad. Hoy debería enfocarse en independencia y calidad. La irrupción de influencers y creadores de contenido no es buena ni mala: es el contexto actual. Lo clave es educar a la población para discernir qué información es confiable y cuál no.

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