Por Carlos Aranda En un escenario económico de creciente inflación, el sistema financiero boliviano se encuentra en una encrucijada. Durante años, la política de mantener tasas de interés bajas y reguladas ha sido una herramienta para fomentar el acceso al crédito, pero esta estrategia, que puede tener algunos efectos positivos a corto plazo, hoy se ha convertido en una fuente de distorsión en el mercado crediticio. ¿Qué es la tasa de interés?Para entender la situación actual, es fundamental comprender el concepto de la tasa de interés. Coloquialmente suele considerarse a las tasas de interés como el precio del dinero. Funciona como un mecanismo que equilibra el mercado entre dos grupos de agentes económicos: i) los ahorradores: Aquellas personas o entidades que tienen recursos disponibles, pero no necesariamente ideas de inversión ii) los inversores: Aquellos que tienen proyectos e ideas, pero carecen de los recursos inmediatos para llevarlos a cabo.La tasa de interés es la retribución que los inversores pagan a los ahorradores por el uso de su capital. Este precio no es arbitrario, sino que se define en función de tres factores clave: la preferencia temporal de los agentes (la preferencia por tener recursos hoy en lugar de mañana), el riesgo asociado a la inversión (la probabilidad de que el préstamo no sea devuelto), y la prima por la liquidez (el costo de que el ahorrador no pueda disponer de su dinero de inmediato). Tasa real negativaEl actual panorama económico, alta inflación y devaluación, ha generado un fenómeno conocido como represión financiera, que se da cuando la tasa de interés real es negativa. Una tasa de interés real se calcula restando la tasa de inflación a la tasa de interés nominal. Cuando la inflación es superior a la tasa de interés que ofrecen los bancos, el valor real del dinero de los ahorradores disminuye en el tiempo, por lo cuál no hay incentivos para ahorrar y los agentes económicos retiran dinero del banco para buscar otros mecanismos de preservación y/o revalorización de su patrimonio (dólar, adelanto de compras de la canasta básica y otros activos financieros o reales).Conforme la tasa de inflación se disparó en el país, tanto la Tasa Real Efectiva Activa (la que se cobra por los préstamos) como la Tasa Real Efectiva Pasiva (la que se paga por los ahorros) han caído a valores negativos. Esto significa que los ahorros depositados en el sistema financiero pierden poder adquisitivo. Esta realidad tiene un impacto directo y negativo, ya que desincentiva el ahorro y genera serias distorsiones en el mercado del crédito.La disminución de los depósitos en cuenta corriente evidencia una “fuga de capitales” del sistema financiero. Las obligaciones a la vista con el público, es decir, el dinero que personas y empresas tenían en sus cuentas corrientes, cayeron de Bs 33.300 millones en enero de 2025 a Bs 29.500 millones en julio del mismo año.Esta situación se agrava por la presión que el financiamiento del déficit público ejerce sobre los fondos de pensiones.Prácticamente todo el ahorro que antes fluía a los bancos ahora se canaliza hacia este fin, complicando aún más la disponibilidad de liquidez en el sistema.La combinación de menos recursos disponibles y tasas de interés bajas crea una distorsión entre el ahorro y la inversión. Para corregir este desequilibrio, es inevitable que se requiera un futuro aumento en las tasas de interés bancarias. Tasas reguladasLa incapacidad de las tasas de interés para reflejar el verdadero costo del dinero y el riesgo financiero ha convertido la regulación en una “camisa de fuerza” para el sistema. Los bancos se ven atrapados en un círculo vicioso: tienen restricciones para obtener dólares y liquidez, pero deben prestar a tasas que no son económicamente sostenibles.Esta política, aunque políticamente atractiva a corto plazo, tiene consecuencias económicas inmediatas. Cuando las tasas se sinceren, es decir, cuando se permita que reflejen las condiciones reales del mercado, dos grupos serán los más afectados: i) Quienes tienen créditos con tasa variable: El alza de las tasas podría incrementar drásticamente las cuotas de sus préstamos, mermando su poder adquisitivo y poniendo en riesgo su estabilidad financiera ii) Quienes aspiran a un crédito: Las personas que buscan adquirir una vivienda o iniciar un emprendimiento encontrarán que el acceso al financiamiento se reduce considerablemente. Tasas más altas harían que el costo de un crédito sea prohibitivo, alejando el sueño de la casa propia y frenando el consumo y la inversión en la economía real. A manera de cierreEn conclusión, aunque la liberalización de las tasas de interés es una medida impopular y con un costo político evidente, es un paso inevitable para restablecer el equilibrio y la sostenibilidad en el sistema financiero boliviano. Ignorar el problema no lo hará desaparecer, solo pospondrá una realidad que ya está generando distorsiones significativas en la asignación de capital en la economía. Estamos entonces frente al necesario endurecimiento de las condiciones para adquirir un préstamo que tendrá consecuencias recesivas en el corto plazo, o la muerte absoluta del crédito en la economía.