Por Daniela Revollo A sus 25 años, este emprendedor convirtió su pasión por las abejas en Abejas Nativas SC y Miss Bee, proyectos con los que protege colmenas, produce miel y promueve la polinización, demostrando que con paciencia y compromiso es posible generar un impacto positivo en el medio ambiente y la economía. Antonio Decker nos recibe en su unidad productiva, ubicada en la zona del Remanso, octavo anillo de la capital cruceña. El espacio es huérfano de cemento; predomina la tierra y lo verde. El lugar está decorado con diversas cajas blancas apoyadas en estacas, que contienen ese líquido dorado tan preciado que las abejas fabrican. Este cruceño apasionado por las abejas ha convertido su amor por el campo en un proyecto que, desde 2020, busca rescatar, proteger y dar a conocer la importancia de las abejas nativas. Nos ofrece sillas, nos muestra cada rincón disponible para grabar y, cuando llega el momento de ingresar al área de envasado, nos recuerda con firmeza que la higiene no es negociable: mandil, barbijo y cofia son obligatorios. Cuando Antonio asume el rol de “jefe” para llevar a cabo esta actividad, su voz de mando cambia: da órdenes con firmeza y delega funciones. Todo comenzó hace cuatro años, con apenas cuatro colmenitas y una curiosidad que lo llevó a estudiar estas especies. “Mi capital fue solo mil bolivianos para comprar cajas de abejas sin aguijón como estudio”, recuerda. En sus primeras ventas probó en grupos de Facebook; dos horas después, no quedaba ninguna disponible. Fue entonces cuando descubrió una realidad que lo marcaría: las abejas estaban desapareciendo en medio del chaqueo y el desmonte. Decidió actuar. En poco tiempo, Antonio logró rescatar 50 colmenas y con ellas empezó a producir miel. Primero llegó la miel negra de Parajobobo, luego la de La Guardia y la miel chiquitana. Hoy, su emprendimiento —Abejas Nativas SC— ha instalado más de 600 colmenas en la región, no solo para producir, sino también para polinizar y devolver vida a los campos. “El crecimiento fuerte vino hace dos años, cuando nos viralizamos en TikTok”, cuenta. La demanda se disparó y, para cumplirla, incluso tuvieron que comprar miel a otros productores certificados. Este año producen aproximadamente 800 kilos y han comprado un aproximado de 700 kilos, sumando un total de 1,5 toneladas en stock. “Esos 700 kilos los hemos comprado en los últimos meses, ya que gracias a Dios crecimos bastante en redes sociales”, explica. Lo que empezó como un trabajo solitario ahora es una labor de equipo: siete personas que rescatan colmenas, las instalan, producen, envasan, promocionan y distribuyen. Ofrecen desde mieles - bajo la marca Miss Bee - hasta servicios de polinización dirigida, pasando por la venta y división de colmenas. Pero el camino no fue dulce desde el inicio. Los primeros obstáculos fueron conseguir recursos para rescatar las colmenas, lo que obligó a Antonio a sacar un préstamo. Luego vino otra batalla: luchar contra la desinformación y la falta de conciencia sobre el papel de estos insectos. “La abeja es el animal más importante del mundo”, repite Antonio. Y los datos lo respaldan: solo en Bolivia hay más de 300 especies. Las abejas son vitales para la vida: polinizan plantas, mantienen la biodiversidad, aseguran la producción de alimentos y aportan miel y otros productos. Gracias a los rescates, las colmenas introducidas y el trabajo constante, hoy los campos tienen más frutos y flores. El sueño de Antonio va más allá: quiere comercializar a nivel nacional y exportar la miel boliviana. Su mensaje para otros emprendedores es claro: “Arriesgarse y tener paciencia. A nosotros nos tomó cuatro años que nos conozcan, pero con paciencia se puede”. En su taller, el zumbido de las abejas se mezcla con el aroma dulce de la miel en el aire. Allí, Antonio sigue trabajando, convencido de que proteger a las abejas es proteger nuestra propia supervivencia.