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Aranceles en EEUU: por qué Bolivia no está a salvo pese a su baja exposición

Martes, 19 de agosto de 2025 a las 12:06

 

Las exportaciones a Estados Unidos representan solo el 3% del total boliviano, pero el impacto se sentirá vía contracción global y menor ingreso de divisas. Una respuesta arancelaria de Bolivia sería un error

Por Oscar Mario Tomianovic

 

Tras asumir la presidencia de los Estados Unidos, Donald Trump ha convertido la política comercial, y especialmente los aranceles, en el tema central de su agenda económica. Esta posición no tomó a nadie por sorpresa: Incluso antes de asumir su primer mandato, Trump daba indicios de estar a favor de una política arancelaria más agresiva. No se debe ignorar que, durante su primer mandato (2017-2020), Trump impuso aranceles del 25% sobre bienes como el acero y el aluminio.

En continuidad con el espíritu exhibido durante su primer mandato, Trump mantiene un discurso pro-aranceles, si bien mucho más agresivo en perspectiva comparativa. Frases como “Tariff is the most beautiful word in the dictionary” ponen de manifiesto la importancia de esta medida dentro de la política económica de la primera potencia del mundo.

El consenso entre los economistas es que los aranceles desalientan el comercio entre los países, aumentan el precio de los bienes para los consumidores finales, destruyen fuentes de empleo y terminan empeorando la calidad del bien que es ofrecido. Por ejemplo, acorde a una investigación del 2021, existe un amplio consenso sobre los efectos negativos de los aranceles sobre el bienestar económico general: Entre el 94% y el 95% de los economistas encuestados estaban “de acuerdo” o “de acuerdo con reservas” sobre la idea de que los aranceles generan efectos negativos.

 ¿Qué pasa con Bolivia?

Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), las exportaciones bolivianas con destino a Estados Unidos han pasado de $us 145 millones en 1992 a apenas $us 271 millones en 2024. El peso de las exportaciones bolivianas con destino a ese país pasó del 32,4% en 1994, cuando alcanzó su pico máximo, a apenas un 3% en 2024, lo que demuestra que el mercado estadounidense tiene una importancia cada vez menor en los destinos de los productos bolivianos en el comercio internacional. Prueba de ello es que, a la hora de fijar los aranceles específicos durante el “Día de la liberación”, el equipo económico de Trump aprobó un arancel estándar de únicamente el 10% para las exportaciones bolivianas.

¿Esto quiere decir que Bolivia estará exenta de los impactos negativos de la guerra comercial que se está desarrollando a nivel global? 

No. Únicamente nos dice que no sentirá sus efectos directos en la forma de una caída dramática de sus exportaciones totales por condiciones asfixiantes de uno de sus principales socios comerciales. Este sería el escenario si los aranceles fueran impuestos por países con relaciones comerciales más estrechas, como Perú, China o Brasil, con los cuales Bolivia presenta un mayor flujo de exportaciones. 

Al no ser este el caso, cabe esperar que el principal efecto de estos aranceles norteamericanos en la economía boliviana se sienta de manera más bien indirecta, es decir, que se padezcan efectos negativos vinculados a las caídas de la actividad económica, fruto de la contracción del producto global que sigue a una guerra comercial. Dado que estas medidas llevan menos de un año de ser anunciadas y con menos de seis meses de ser aplicadas, aventurarse a lanzar más proyecciones sobre un impacto concreto en el Producto Interno Bruto (PIB) boliviano puede ser apresurado. 

 

Posible impacto

No puede ignorarse que estos aranceles tendrán un impacto negativo en las exportaciones bolivianas. En un contexto de falta de dólares, con una brecha cambiara de más del 100% entre el dólar oficial y el paralelo, la caída de las exportaciones supondría un golpe severo al flujo de divisas, no tanto por la magnitud del comercio entre ambos países, sino por el delicado estado de la economía boliviana, donde cualquier impedimento a la entrada de dólares termina repercutiendo en mayor medida a otros sectores productivos. 

Con una menor entrada de dólares por exportación, las tareas de importación, por ejemplo, de bienes de capital, se vuelven más complicadas, poniendo en jaque a toda la estructura productiva.

Ahora bien, cabe destacar que esta situación de una guerra comercial beneficie a Bolivia en un escenario particularmente específico. Se ha documentado que, tras la insistencia de Estados Unidos en mantener sus aranceles altos, países como China, Corea del Sur y Japón han celebrado acuerdos de integración comercial, facilitando la cooperación económica entre ambos. 

Puede barajarse un escenario en el cual la política arancelaria de Estados Unidos concluya con esta nación siendo la única en aplicar aranceles generales, mientras los demás países del mundo, aunque apliquen aranceles recíprocos a Estados Unidos, busquen fomentar la libertad del comercio exterior. Este escenario, cuya factibilidad puede ser analizada desde el punto de vista de las relaciones internacionales, supondría un beneficio neto para Bolivia, esto al ver sus aranceles reducidos al tratar con países con los cuales sí presenta un mayor volumen de transacciones. No obstante, este beneficio quedaría anulado si dichas negociaciones por nuevos y mejores acuerdos comerciales no tienen lugar, permaneciendo inalterado el statu quo. 

El verdadero peligro se presenta en la forma de una continuación o respuesta desacertada ante la acción de Estados Unidos, es decir, aquel escenario donde Bolivia decide aplicar aranceles recíprocos a dicho país. Si bien es cierto que las importaciones desde Estados Unidos han caído sustancialmente, pasando de $us 1.245 millones en 2014 a $us 807 millones en 2024, el país del norte continúa siendo uno de sus principales socios comerciales en esta materia, sólo por detrás de países como China, Brasil, Argentina y Perú, quedan encima otros socios comerciales clave, como Chile, Japón o México. 

Luego, una política que encareciera los productos que importamos de nuestro quinto socio comercial más importante únicamente tendría las mismas consecuencias que hemos visto se aplican a Estados Unidos cuando la aplican en su territorio nacional, a saber, aumento de precios y destrucción de puestos de trabajo. 

Por tanto, Bolivia debería evitar a toda costa una escalada en las tensiones arancelarias que se observan en el mundo.

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