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Más allá del podio: el esfuerzo detrás del logro boliviano en robótica

Miércoles, 18 de febrero de 2026 a las 08:52

Tras la obtención de 24 medallas por parte de la delegación boliviana en el Master Continental disputado en México, los hermanos Jorge y Ricardo Wang —entre los integrantes más destacados del equipo— repasan la disciplina, el apoyo familiar y la perseverancia que marcaron el camino hacia el logro internacional.

 

Jorge Wang es uno de los jóvenes bolivianos que integró la delegación nacional que consiguió 24 medallas en el Master Continental de Robótica 2026, disputado el 13 y 14 de febrero en México. El resultado no solo consolidó a Bolivia como protagonista del certamen, sino que confirmó el crecimiento del talento joven en competencias internacionales.

La delegación boliviana, encabezada por los hermanos Jorge y Ricardo Wang, cerró una participación histórica en el torneo, que reunió a 260 equipos de toda Latinoamérica. El evento marcó la clausura continental de Informatrix en su 15° aniversario y fue organizado por la Sociedad Latinoamericana de Ciencias y Tecnología (Solacyt). La sede fue la Universidad La Salle de Oaxaca, donde durante dos jornadas intensas se compitió en nueve categorías para niveles escolar, bachillerato y universitario. El desempeño boliviano destacó especialmente en programación y habilidades robóticas, consideradas de mayor complejidad técnica.

Pero detrás de los podios hay una historia que empezó mucho antes de los escenarios internacionales.

“Desde pequeños sentimos curiosidad por entender cómo funcionan las cosas”, cuenta Jorge. La inquietud nació en casa, junto a sus hermanos, armando juguetes, desarmando aparatos electrónicos y participando en ferias científicas escolares. No era solo entretenimiento: era el inicio de una forma distinta de mirar el mundo.

Lo que terminó de atraparlos fue algo más profundo. “La posibilidad de combinar creatividad, tecnología y trabajo en equipo para crear soluciones reales a problemas cotidianos”. Esa combinación, explica, les dio propósito.

Cuando llega una competencia de alto nivel como el Master Continental, nada queda librado al azar. “Nos preparamos durante meses con entrenamientos constantes”, señala. El trabajo incluye diseño, programación y pruebas, además de simulaciones de competencia para perfeccionar la estrategia. “Reforzamos el trabajo en equipo y la organización del tiempo, porque la presión en estos eventos es muy alta”.

Esa exigencia también marca su rutina diaria. “Nuestra rutina es bastante exigente. Primero cumplimos con nuestras responsabilidades académicas y luego dedicamos varias horas al desarrollo del robot”. Muchas veces el trabajo se extiende hasta la noche o durante los fines de semana. La clave, dice, está en organizarse para equilibrar estudio, práctica y descanso.

Jorge reconoce que el camino no lo recorren solos. “Hemos recibido un gran apoyo de nuestras familias, docentes, entrenadores y compañeros”. También destaca a las instituciones educativas, organizaciones científicas y patrocinadores que apuestan por el talento joven y hacen posible la participación en competencias internacionales.

Más allá de los resultados, la experiencia cambió su perspectiva. “Sí, completamente. La robótica nos enseñó a pensar de forma innovadora, a resolver problemas y a trabajar en equipo”. Hoy se proyecta estudiando una carrera tecnológica, participando en proyectos innovadores y contribuyendo al desarrollo científico del país. “Queremos aplicar nuestros conocimientos para crear soluciones que beneficien a la sociedad”.

Y cuando se le pregunta por el logro más importante, la respuesta vuelve a alejarse de las medallas: “Más allá de los premios o reconocimientos, nuestro mayor logro ha sido aprender a trabajar en equipo, superar desafíos y demostrar que la perseverancia y la pasión pueden abrir muchas oportunidades”.

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