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Javier Zabala, el genio que hace de la madera música y escultura

Miércoles, 12 de noviembre de 2025 a las 12:50

El joven cochabambino Javier Zabala tiene pasión total por el arte. Él es uno de los 34 expositores de la Colectiva Internacional de Esculturas, que se celebra en el Museo de Arte Contemporáneo.

Un genio del arte desde la cuna. Desde muy pequeño, Javier Zabala Enríquez encontró en la madera un universo de posibilidades. Nació en Cochabamba y, a los seis años, ya pasaba horas en el taller de su padre, observando cómo los trozos de madera se convertían en charangos. “Empecé con el taller de mi padre”, recuerda. Aquella experiencia marcó el inicio de una vocación que, con los años, se transformó en arte.
 
A los 22 años decidió dar un paso más y dedicarse a la escultura, un camino que amplió su forma de expresión sin alejarlo de sus raíces como lutier. Hoy, a sus 28 años, Javier es un artista que combina ambas pasiones: la creación de instrumentos musicales y las formas escultóricas que emergen de la misma materia prima. “Trato de combinar la escultura con la elaboración de los charangos. Hago una fusión de los dos”, explica con orgullo.
 
Su talento ha sido reconocido en distintos escenarios. En pocos años, ha obtenido 14 premios: 11 como escultor y tres como lutier. Cada reconocimiento, dice, es un impulso para seguir creciendo y para demostrar que el arte hecho en Bolivia tiene un valor propio. “Me gusta competir conmigo mismo. En ese sentido, me gusta superarme constantemente”, afirma.
 
Es uno de los 34 invitados -de siete regiones bolivianas- que le dan vida a la séptima edición de la Colectiva Internacional de Esculturas, organizada por el Colectivo Artístico Fragmentos e inaugurada estos días en el Museo de Arte Contemporáneo (calle Sucre, esquina Potosí). 

Esta muestra cuenta con el apoyo de la Secretaría Municipal de Cultura y Turismo, es dirigida por Cristóbal Aldana y la curaduría es de Natalia Magnani.

La obra de Zabala se destaca por su técnica, su detalle y su sensibilidad que transmite a través de la madera.

Él vive un momento de plenitud artística, pero también de sueños. Con una sonrisa y los pies en la tierra, confiesa: “Una de mis metas es que en el mercado nos reconozcan por nuestro trabajo. Sueño que algún día sea el mejor de los escultores bolivianos”. Con cada talla, cada línea y cada nota, se acerca un poco más a cumplirlo.

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