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Rubén Darío Cuéllar: “Se debate si la vacuna contra el Covid será universal y gratuita o si tendrá algún costo”

Domingo, 21 de junio de 2020 a las 23:35
El embajador boliviano asegura que los debates en la ONU están centrados en la nueva normalidad. Dice que el país tiene que debatir sobre la conveniencia de producir alimentos con semillas transgénicas

El director ejecutivo del Programa Mundial de Alimentos (PMA), dependiente de la ONU, David Beasley, advirtió de que el próximo virus mortal será la hambruna en el mundo. ¿Cuáles son las bases para ese informe?

Cuando comenzó la crisis por el coronavirus y se decretó la cuarentena, decíamos, ¡por Dios cuándo vamos a volver a la normalidad! Ahora, ¿a qué llamamos normalidad? Al modelo económico que se venía desarrollando antes de la pandemia que nos mostraba muchos desafíos, no solo por el cambio climático, del crecimiento de la brecha entre los países más desarrollados con relación a los de menor desarrollo, sino que estamos hablando de una situación de emergencia social ocurrida como nunca antes existió. Nos encontramos frente a una cantidad de personas refugiadas en otros países a consecuencia de las guerras, de conflictos internos o como el caso de Venezuela, por la gente que escapa de una dictadura y que ha llegado a cifras insostenibles, afectando a otros países. En estos momentos que la pandemia nos permite mirar hacia atrás, percibimos que el mundo, tal y como se había planteado en su estrategia, era insostenible por causa de las deficiencias estructurales. La pandemia dejó al descubierto unas crisis internas muy difíciles de mantener en el tiempo.

En ese escenario, ¿cómo está Bolivia?

Uno de los fenómenos que pudimos observar de Bolivia es que hasta hace una década atrás el país se preciaba de contar con un alto nivel de seguridad alimentaria. No solo éramos autosuficientes en la producción de alimentos, sino que teníamos una capacidad exportadora. Sin embargo, cuando revisamos las cifras de producción desde 2017 a la fecha, encontramos que Bolivia pasó de convertirse en un país productor de alimentos a un importador neto de productos alimenticios. Estoy hablando solo de los productos de la canasta familiar, como papa, cebollas, arroz y zanahoria. Estábamos importando alrededor de $us 800 millones al año por este concepto. Hace una semana tuve la oportunidad de participar en una conferencia virtual ofrecida por el Premio Nobel Joseph Stiglitz que decía que la industria del mundo ha dado muchas muestras de ser eficientes, pero ha emitido pésimas señales de ser resilientes. En este momento necesitamos un modelo económico resiliente, que se adecúe a los desafíos y retos que están surgiendo día a día.

¿De qué forma ubicaría a Bolivia en ese reto?

Hay que verlo como una gran oportunidad. Ese gran bajón que ha tenido nuestro crecimiento a consecuencia del Covid-19, que está por menos del 6% del PIB es una cifra brutal, pero tenemos que despuntar y reorganizar la estructura económica del país por la parte agrícola, por la producción de alimentos, fundamentalmente.

Esto nos llevará a sincerar los debates sobre el uso de las semillas transgénicas para la producción masiva de algunos alimentos. Resultaba muy irónico ver la discusión si en Bolivia se iba a poder sembrar maíz híbrido o genéticamente modificado, cuando nuestro déficit nos llevaba a importar cerca del 90% del maíz que se consumía en Bolivia, todo genéticamente modificado.

Manteníamos una discusión ideológica sobre quién se beneficiaba económicamente por el manejo de las semillas genéticamente modificadas. Hoy tenemos que bajarnos de la discusión filosófica para ingresar a la discusión en el terreno, para ver cómo vamos a dar de comer a los bolivianos eficientemente, a buenos precios y en tiempo récord. Si para eso tendremos que recurrir a semillas genéticamente modificadas, seguramente lo haremos.

En su criterio, ¿la incorporación del debate sobre el uso de semilla genéticamente modificada en el país abrirá otro frente de conflicto?

No debería generar otro conflicto porque tendríamos que hablar de la producción a partir de semillas genéticamente modificadas o semillas que no tienen modificación genética. Creo que este debate ha estado arropado por una discusión de tipo filosófica e ideológica. Lo que se debe entender es que para protegernos necesitamos producir alimentos de una manera más rápida, eficiente, segura y lo más económico posible.

¿Bolivia planteó ese debate en Naciones Unidas?

En Naciones Unidas se producen los mismos debates y las mismas discusiones que ocurren en el país. Particularmente, en el foro de alto nivel sobre el desarrollo no hemos ingresado al debate de las semillas modificadas porque la discusión en la ONU lleva cierto protocolo, cierta liturgia, entonces no estamos en este tema.

Lo que está en debate es cómo va a emerger el mundo post Covid-19. Una de las cosas en las que hemos coincidido es en el tema de las deudas de los países, por ejemplo. Algunas naciones se resisten a que el punto de la renegociación de las deudas se incluya dentro de las resoluciones que viene trabajando Naciones Unidas. Un bueno número de países, entre ellos Bolivia, venimos solicitando que se proceda de esa manera, que no se hable de un plan de salida del Covid-19 sin que exista un acuerdo para la renegociación de la deuda.

Con todos los países en crisis, ¿qué se plantea para la renegociación de la deuda?

Bolivia, como parte del G-77, viene presionando para que China acepte ingresar dentro de los acuerdos de las deudas con los países. Esto nos ha hecho caer en un círculo vicioso, porque hemos recurrido a los grupos de naciones más desarrolladas y a los organismos financieros internacionales para que declaren la moratoria de la deuda y liberen dinero para que los países en vías de desarrollo logren salir de esta crisis económica provocadas por el Covid-19. Sin embargo, ellos antes de liberar dinero o de asumir alguna posición les gustaría saber qué hará China porque muchos de los países, principalmente los pobres, tienen como principal acreedor a ese gigante asiático y esos organismos ni los otros países quieren financiar al gobierno chino. Si se ponen en moratoria los acreedores, léase China, tienen que seguir la misma política. Hasta ahora el Gobierno de Xi Jinping se ha resistido a manejar el tema de su acreencia a la deuda, a manejarla como un bloque para todos los países, por el contrario, con cada uno negocia las condiciones y características que varían de un país a otro. Eso no es sostenible para paliar los efectos de la crisis porque nosotros necesitamos una moratoria de la deuda con todos nuestros acreedores, con condiciones similares en todos los casos sino entraremos a un mercado especulativo que no nos ayuda. China no se ha pronunciado y a nivel bilateral ha hecho algunos ofrecimientos.

Bolivia tiene pendiente una auditoría sobre los créditos concedidos por China durante los últimos cuatro años del gobierno de Evo Morales. Revisaremos las condiciones, las obras realizadas en su mayoría por empresas chinas para definir cuánto pagar y cómo pagar.

¿Cuándo se realizarán las auditorías?

Eso depende de los ministerios de Planeamiento y el de Economía. Está en manos de ellos.

¿Qué se puede hacer ante la situación planteada por China?

Los países que forman parte del Acuerdo de Paris establecieron una moratoria, están discutiendo y probablemente acepten que durante ese tiempo no haya costos económicos, que no se acumulen los intereses, pero el gran obstáculo para que esto se produzca es precisamente China, que no se adhiere a eso. En América Latina, Bolivia, Ecuador y Venezuela mantienen un fuerte endeudamiento con China. En muchos países asiáticos y un alto porcentaje de los africanos son acreedores de China, por lo tanto la necesidad de que el Gobierno de Xi Jinping se pronuncie sobre el manejo de su acreencia es un tema fundamental, pero hasta ahora no lo ha hecho. Anuncia un manejo general para todos. Ha mantenido el protocolo de la negociación individual. La misma crítica va para el Wall Street y las bolsas de valores en el mundo que continúan operando como si nada estuviera ocurriendo en el mundo.

¿En el plenario de la ONU se debate sobre una posible vacuna para el Covid-19?

Ese es uno de los grandes temas de debate. Hay varios laboratorios a lo largo del mundo que están desarrollando prototipos de vacunas contra el coronavirus y la ONU viene exigiendo que ese antídoto llegue a todos los rincones del mundo en igualdad de condiciones. Acá estamos en la discusión si esto implica un pago por esa medicina, si tiene que ser gratuita y si es gratuita, cómo convencemos a los países de menor influencia para que las vacunas lleguen al mismo tiempo que a las naciones que sí tienen más peso económico.

En caso de que la vacuna sea gratuita para los países, ¿quién la financiaría?

Naciones Unidas ha llevado adelante un plan para combatir el Covid-19 que prevé la conformación de un fondo para este tipo de contingencia, pero, obviamente, una cosa es lo que propone la ONU y otra es la que los países aprueban. Si bien hasta ahora el plan sugerido por el secretario general, Antonio Guterres, ha sido bien acogido por todos los 193 países miembros, todavía no se ha alcanzado la meta de recaudación que se ha propuesto. ¿Qué es lo más seguro?, tener una vacuna gratuita universal o tener una vacuna universal con algún costo. Eso es parte de la discusión. Hay mucha gente que sostiene que debe haber una vacuna accesible a todos los países, pero en términos de volumen y de producción, no tanto en términos de gratuidad de su costo. Otros están en la línea en que al ser un bien universal y que existen tantas donaciones para su desarrollo, debería ser distribuida de forma solidaria y gratuita.

¿Cómo impacta en esto la salida de Estados Unidos de la Organización Mundial de la Salud?

Esto es más una medida política que un impacto real a la forma como viene trabajando la OMS. Estados unidos contribuye con más de $us 500 millones al año a la Organización Mundial de la Salud. Se ha creado una fundación para recibir aportes para salir de esto, pero esta es una gran lección para demostrar la capacidad de resiliencia, porque si una institución no es conducida de la mejor manera, se tienen que hacer ajustes. Hasta hace muy poco tiempo en la ONU se tenía el cuidado de que los directores de las agencias, como la OMS, sean profesionales entendidos en la materia, pero esta vez, por primera vez en la historia la Organización Mundial de la Salud es dirigido por una persona que no es profesional del sector. Tengo entendido que Tedros Adhanom era el canciller de su país (Etiopia) y ha sido elegido secretario general de la OMS con un fortísimo apoyo de China, entonces hay cierto nivel de susceptibilidad con relación a las primeras acciones que asumió con relación al brote del Covid-19 en China. Ahí existe un primer pecado original en el multilateralismo mal entendido. Naciones Unidas designó en un puesto tan importante a una persona que no entiende mucho de las políticas de salud en el mundo.

¿Qué significa la proyección para Bolivia de un crecimiento de menos del 5,3%?

Es brutal. En términos sencillos significa el cierre de cientos de empresas y la pérdida de miles de puestos de trabajo. Eso generará una corriente de desocupación muy grande. Necesitamos recibir apoyo y recursos para colocar en marcha un plan para generar empleos, en ese sentido, el sector agrícola es un gran receptor de mano de obra. Seguramente muchas empresas de servicios tendrán que cerrar, pero los 11 millones de bolivianos necesitaremos alimentos y, en mi criterio, hacia ese sector se deberían volcar los esfuerzos de producción.

¿Cómo afectará en lo político esta crisis social?

Los bolivianos estamos muy preocupados con el Covid-19 y creo que en este momento no es prioridad el aspecto político. Estamos ante un enorme desafío, ante una oportunidad que se abre para implementar los cambios que la gente viene reclamando a su clase política. Me refiero a cambios de modelo económico, de objetivos a largo plazo. Nadie pensaba que el petróleo llegara a tener un precio negativo en el mercado, entonces es hora de cambios de paradigmas.

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