Vanessa Hayes vive el Carnaval desde el corazón. A sus 26 años, asume el reinado de la comparsa Peligrosas con orgullo, carisma y un fuerte compromiso con la tradición cruceña, combinando preparación, alegría y cercanía con la gente.
¿Qué significa para vos ser la reina de la comparsa Peligrosas en este Carnaval?
Es un honor inmenso y un reto que asumo con el corazón. Ser la soberana de las Peligrosas significa representar la alegría, la fuerza y la unión de una comparsa que vive el Carnaval con una pasión que contagia. Es mi oportunidad de celebrar nuestra cultura desde el lugar más especial: junto al pueblo.
Venís de una trayectoria como ex reina de belleza, ¿qué diferencia encontrás entre un certamen y el Carnaval cruceño?
La principal diferencia es la libertad. En un certamen hay protocolos y una competencia constante; en el Carnaval, el único objetivo es compartir y celebrar. Si bien ambos requieren disciplina, el Carnaval es pura espontaneidad: es el abrazo del pueblo y la conexión directa con la gente en las calles, sin jurados de por medio.
Peligrosas es una comparsa con mucha fuerza y personalidad, ¿cómo te identificás con ese nombre?
Me identifico plenamente porque, para mí, una mujer “peligrosa” es aquella que no tiene miedo de perseguir sus sueños, que es empoderada y que pisa fuerte donde va. Somos mujeres decididas, alegres y valientes, y ese es el espíritu que quiero proyectar en cada presentación.
¿Qué mensaje querés transmitirles a las mujeres que sueñan con representar a una comparsa?
Que sean auténticas. Que no vean la corona solo como un accesorio estético, sino como una plataforma para inspirar. Les diría que disfruten su esencia, que amen sus tradiciones y que se preparen, porque representar a Santa Cruz requiere compromiso, pero, sobre todo, un amor genuino por nuestra tierra.
¿Qué es lo que más disfrutás del Carnaval y qué momento esperás con más emoción?
Lo que más disfruto es la música de la banda y esa energía que solo se siente en Santa Cruz. El momento que espero con más ansias es el Corso, cuando el carro avanza y puedo ver las caras de los niños y las familias; ese intercambio de miradas y sonrisas es lo más gratificante.
Desde tu experiencia, ¿cómo ha cambiado el rol de la reina en los últimos años?
Ha evolucionado mucho. Antes, la reina era principalmente una figura decorativa; hoy somos líderes de opinión y gestoras de alegría. Tenemos voz, usamos nuestras redes sociales para promover el turismo y la cultura, y nos involucramos activamente en las decisiones de nuestras comparsas.
¿Qué significa para vos representar la alegría y tradición del pueblo cruceño?
Es una responsabilidad hermosa. Santa Cruz es un pueblo de fe, trabajo y fiesta. Representar esa dualidad de ser gente pujante, pero que sabe celebrar la vida, es lo que me llena de orgullo. Soy una cruceña de pura cepa y llevar nuestra tradición es mi mayor regalo.
¿Cómo combinás la disciplina de los certámenes de belleza con la espontaneidad del Carnaval?
La disciplina me ayuda con la puntualidad, el cuidado de mi imagen y la resistencia física que exige el Carnaval. Pero una vez que suena la tambora, dejo que la espontaneidad tome el control. La clave es estar impecable, pero lista para saltar, bailar y ensuciarse de pintura si es necesario.
¿Qué te emociona más: la corona, el cariño de la gente o representar a tu comparsa?
Sin duda, el cariño de la gente. La corona es un símbolo y la comparsa es mi familia carnavalera, pero el calor humano de los cruceños es lo que realmente le da sentido al reinado. No hay nada que se compare con el grito de la gente cuando pasamos contagiando alegría.