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Camila recibió un milagro

Viernes, 23 de mayo de 2025 a las 06:00

Camila Scanferla enfrentó el diagnóstico de leucemia de su hijo con una fuerza que nunca imaginó tener. En este testimonio, abre su corazón y comparte lo que significa ser mamá en medio de la tormenta

Cuando la vida da un giro inesperado, no todos logran mantenerse de pie. Pero hay historias que inspiran, que conmueven y que nos recuerdan la fuerza que puede tener el amor. 


Camila Scanferla es una de esas madres que, sin proponérselo, se convirtió en un faro de esperanza. Su hijo Santino fue diagnosticado con leucemia a los dos años y, desde entonces, comenzaron una batalla que duró veinticuatro meses y que enfrentó con fe, lágrimas, abrazos y una inquebrantable fortaleza. 


En el mes de mamá ella comparte su experiencia como madre, su dolor, su aprendizaje y la luz que finalmente llegó. Sus palabras no solo honran la lucha de su hijo, sino que también acompañan a tantas otras familias que hoy transitan caminos similares.


¿Sos una mamá valiente?
Nunca me vi como una mamá valiente. Solo fui una mamá que amó con todo el corazón y estuvo dispuesta a hacer lo que fuera por su hijo. Si eso es valentía, entonces sí, lo soy.


¿Cómo fue el momento en que recibiste el diagnóstico de leucemia para tu hijo?
Fue como si el mundo se detuviera. No entendía cómo algo tan grave podía estar pasándole a mi bebé de solo 2 años.
Pero recuerdo que, en medio del caos, recé. Y esa oración fue el comienzo de una lucha con fe.


¿Cómo manejaste la noticia emocionalmente como madre?
Me permití sentir el dolor, pero sabía que no podía quedarme ahí. Por él, tenía que levantarme todos los días y enfrentar lo que viniera. Él necesitaba a su mamá fuerte, y eso traté de ser.


¿Cuál fue el momento más difícil durante todo el proceso?
Verlo sufrir, sobre todo en los días en que lo pinchaban. Una se siente tan impotente. Quisiera poder cambiarle el lugar, cargar su dolor, pero no se puede.


¿Cómo lograbas mantenerte fuerte para acompañarlo día a día?
Mirándolo a los ojos. Santino, con su sonrisa, me recordaba que, aun en los días más oscuros, había esperanza. Pero también me mantenía fuerte la fe. Saber que muchas personas oraban por nosotros me sostenía. El amor de Dios se manifestaba en cada abrazo, en cada palabra de aliento.


¿Qué tuviste que dejar por tu hijo?
Dejé todo: mis planes, mi rutina, mi trabajo, incluso el tiempo para mí misma. Todo pasó a segundo plano. Él era mi prioridad absoluta. Pero no lo viví como un sacrificio, sino como un acto de amor.


¿Cuándo supieron que había superado la leucemia?
Hace poco, cuando nos dijeron que terminó su tratamiento, después de dos años.


¿Soñabas con el día en que te dijeran “está curado”?
Sí. Soñé con eso todos los días. Me imaginaba el momento, lo deseaba con toda el alma. La tocada de la campana es un momento muy emocionante.


¿Cómo cambió tu vida (y la de tu hijo) después de ese momento?
Empezamos a vivir más livianos, más agradecidos. Cada momento, por pequeño que sea, se siente como un regalo. Aprendimos a valorar lo esencial y a vivir con fe.


¿Qué aprendiste como madre durante esta experiencia?
Aprendí que el amor de una madre no tiene límites. Que somos más fuertes de lo que creemos. Y que, a veces, solo el amor y la fe sostienen.


¿Qué mensaje les darías a otros padres que hoy están enfrentando algo similar?
No están solos. Confíen en los médicos, pero también en la fuerza de sus hijos y en el amor de Dios. Y, sobre todo, crean en ustedes. Día a día, paso a paso, se puede. Recen. A veces no sabemos cómo seguir, pero una simple oración puede devolvernos la esperanza.


¿Hay algo que te hubiese gustado escuchar en ese momento que no te dijeron?
Sí, que no todo iba a ser oscuro, que también habría risas, momentos hermosos, y que un día todo esto sería solo un recuerdo.
Y también que Dios iba a estar ahí, incluso cuando yo no sintiera nada.


¿Hubo momentos en los que sentiste que no podías más?
Muchísimos. Pero, en cada uno de ellos, miraba a Santino, y él me enseñaba que sí se podía. Me devolvía la fuerza con una mirada. También Dios me daba una paz inexplicable.


¿Cómo cambió tu forma de ser mamá durante la enfermedad de tu hijo?
Me volví más paciente, más presente. Aprendí a escuchar, a abrazar más, a dejar de preocuparme por tonterías. Aprendí a vivir el ahora.


¿Qué palabras solías decirle a tu hijo para darle ánimo?
Le decía: “Vos sos más fuerte que esto”, “Estoy orgullosa de vos”, “Mamá está acá, siempre” y “Ya falta menos”.


¿Qué aprendiste de él en todo este camino?
Aprendí lo que es el coraje en su forma más pura. Santino me mostró cómo se lucha con una sonrisa. Es mi pequeño gran maestro.


¿Hay algo que aprendiste sobre el amor de madre que antes no sabías?
Sí. Que es un amor que transforma, que sana, que se reinventa. No sabía que podía amar tanto y tan intensamente. El amor de madre te rompe y te reconstruye al mismo tiempo.
 

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