Su nombre es José Ronny Barberito Rodríguez (22), pero prefieren que lo llamen por su apodo, Potter, como el mago de la conocida saga británica. Desde enero de este año dejó de ver completamente después de un largo tratamiento médico, de 2 años, tiempo en el que tuvo que asimilar que tendría que aprender a vivir sin la ayuda de sus ojos. ¿Qué le pasó?, en un partido de fútbol recibió un pelotazo en la cara; el diagnóstico fue devastador, tenía desprendimiento de retina, el daño era irreversible.
Donuts, donuts…repite con voz clara y segura mientras sostiene con una mano una bandeja con sus productos recién horneados y con otra agarra su bastón blanco, que le sirve de guía para evitar chocarse con una persona o cualquier objeto en su paso por una vereda de la plaza principal cruceña. Es viernes (14 de octubre), media mañana, clima templado, acaba de llegar luego de marchar desde la plaza del Estudiante con un grupo de personas con discapacidad visual para celebrar el Día Internacional del Bastón Blanco (15 de octubre), símbolo de independencia y autonomía.
Acepta hablar de su vida, pero antes de ir a una banqueta para huir del ruido llama a su enamorada Vanessa Michel Silva (24). “Vení, te vas hacer famosa conmigo”, le dice con picardía a quien es su pareja desde hace tres meses, un año antes fueron compañeros en el Instituto Boliviano de la Ceguera (IBC). La joven tiene visión limitada durante el día, en la noche no ve absolutamente nada.
Antes de comenzar la entrevista, Potter debe atender a los transeúntes que le piden donuts. Escoja a su gusto, repite, hay de todos los tamaños, el precio no varía, cada uno cuesta Bs 3. Con mucha facilidad completa la venta, recibe y entrega cambios sin ninguna dificultad y seguro de que no se equivoca. Vanessa carga una pequeña conservadora con picolé de coco y oreo y una cesta de plástico con budín de chocolate y brigadeiros que ella misma prepara. Juntos van a parques, plazas y eventos de su comunidad y venden sus productos caseros.
Ronny junto a su enamorada Vanessa, ella prepara budín y picolé / Foto: Jorge Gutiérrez
Acaba de terminar un taller de repostería y panadería, desde niño le gustó la cocina, es por eso que al salir bachiller decidió estudiar gastronomía mientras podía ver, le queda pendiente un semestre para terminar la carrera. “Preparo lo que aprendí y salgo a vender. Nadie me enseñó cómo ser emprendedor, yo mismo me he dado cuenta de cómo funciona, lo que gano lo invierto en ingredientes para toda la semana, quiero que sepan que las personas con discapacidad visual no salimos a cantar a los micros y pedir limosnas”, confiesa emocionado Potter, que ya tiene pensado el nombre que le pondrá a su negocio: “Del ciego”.
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El nombre es intencional, no tiene ningún complejo de su condición actual, la asume con fortaleza y busca romper los prejuicios para no ser discriminado. Sueña con un espacio amplio y cómodo, acondicionado para personas con discapacidad visual y auditiva y para el público en general.
Es un joven activo, que se mueve sin acompañante a diario a cualquier sitio y usa el transporte público. Reclama por las aceras que son disparejas, llenas de obstáculos, y que algunos conductores de la línea 60 (la que más usa porque la toma desde su casa) son “abusivos y altaneros”. Y como prueba muestra su muñeca izquierda un poco hinchada, hace un par de días quedó atascada en la puerta de un bus debido a que el chofer la cerró para que no ingrese.
Todos los días sale bien temprano desde el Palmar del Oratorio, barrio Loma Linda, ubicado en el distrito 13. Vive con su mamá Magaly Rodríguez Flores, que es profesora y quien lo asiste en la cocina, y sus dos hermanos, Juan Pablo (20) y Aurora Nikol (17). Tiene teléfono móvil, se ha descargado la aplicación Talk-Back, que tiene la voz de mando en italiano, la cual entiende sin problema. Y hace una prueba para mostrarlo, sigue las instrucciones y se abre el listado de los chats abiertos. Como era de esperar, el de Vanessa está entre los tres más recientes. Ante cualquier emergencia llama a su familia o manda mensajes de audio. También usa la computadora con otra aplicación.
Gracias a una app utiliza sin problema su teléfono móvil / Foto: Jorge Gutiérrez Una vez al mes junto a Vanessa son encargados de la atención de uno de los baños del mercado Abasto, consiguieron el trabajo gracias a un convenio, aunque antes iban dos veces. También salen a divertirse como cualquier pareja de enamorados. En cuanto al deporte, participa en la liga para ciegos que se realiza en coliseos cerrados. Antes de despedirse, Potter, se confiesa una vez más: “fue duro perder la vista, era inevitable, ahora me considero una persona normal y hago todo para que así sea”. Basta verlo para saber que no miente.