En su homilía dominical, el arzobispo de Santa Cruz, monseñor Sergio Gualberti, invitó a una renovación personal y social, basando nuestra vida en el amor, que se debe manifestarse en gestos de servicio a los demás.
Todos los dones que hemos recibido de Dios necesitan ser imbuidos del amor, caso contrario, no aportan a la salvación. Si no tengo amor no soy nada, reflexión el religioso desde la catedral cruceña.
Agregó que el amor tiene que abarcar a todas las actitudes y comportamientos en todos los ámbitos de nuestra existencia personal, familiar y social; y manifestarse en palabras, actitudes, en gestos concretos de humildad y de servicio, de magnanimidad y benevolencia, de generosidad y altruismo, de confianza, esperanza y constancia.
Señaló que si vivimos de esta manera el amor se vuelve un horizonte de vida y de perspectiva global que da unidad a todos nuestros anhelos, aspiraciones y relaciones con los demás.
Pidió recibir con gratitud el mensaje de San Pablo, que llama a buscar sin descanso el amor el Dios.