Durante su homilía en Domingo de Resurrección, el obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Santa Cruz, monseñor Estanislao Dowlaszewicz, pidió a los fieles pasar de una fe rutinaria a una experiencia viva que renueve el corazón, ilumine las dificultades y abra caminos de esperanza.
Esta celebración pascual fue presentada como el corazón mismo de la fe, no como un simple recuerdo, sino como un acontecimiento vivo en el que Dios irrumpe con poder en la historia humana.
“No es solo un hecho del pasado, sino un evento salvador, una señal de la victoria de Dios y el fundamento de nuestra fe”, dijo el religioso.
Sobre la escena del sepulcro vacío, tras la resurrección de Jesús, la misma fue descrita como un tránsito profundamente humano que va de la oscuridad a la luz. Además, cuando todo parece detenido, cuando el silencio pesa y la noche aún no se disipa, es precisamente ahí donde Dios comienza algo nuevo.
“Todavía es de noche, todo parece estar perdido; sin embargo, es cuando comienza una nueva creación”, revelando que la acción de Dios no espera condiciones ideales, sino que brota en medio de la fragilidad.
El Evangelio, leído en esta jornada, también mostró el dinamismo del amor que no se queda inmóvil. María Magdalena, Pedro y Juan no caminan: corren. No esperan respuestas completas, pero se dejan mover por una certeza interior.
Ese impulso es interpretado como signo de una fe viva, porque como se destacó en la homilía “ellos corren porque el amor no puede esperar”, y es precisamente ese amor el que permite reconocer la presencia de Dios incluso cuando aún no todo está claro.
Finalmente, la homilía abrió el horizonte hacia la misión, recordando que la Pascua no se guarda, se anuncia. La tumba vacía se convierte así en signo permanente de que el amor de Dios supera todo límite humano, porque “el amor es más fuerte que el pecado y la muerte”, y esa certeza impulsa a repetir, con la misma convicción de los primeros testigos.
“He visto al Resucitado”, no como una frase lejana, sino como una experiencia que también hoy puede transformar la vida.
La celebración litúrgica concluyó en un clima de profunda alegría pascual, cuando monseñor Dowlaszewicz invitó al pueblo de Dios a expresar su júbilo por la resurrección de Cristo con aplausos y la entonación, a viva voz, del cántico “Él vive”
Finalmente, en ese mismo espíritu de comunión eclesial, el obispo auxiliar compartió el saludo confiado por el papa León XIV al conocer que Santa Cruz ora por él, transmitiendo con cercanía sus palabras, que es un gesto que fortaleció aún más el vínculo de fe y unidad en este tiempo de esperanza.