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Doña Lola, la vendedora que sabe diferenciar el sabor de un cuñapé cocido en horno de barro o industrial

Viernes, 02 de septiembre de 2022 a las 01:51

Por Redacción

(VEA EL VIDEO) Es una de las vendedoras más antiguas del Mercado Nuevo. Crio a sus hijos en sus pasillos mientras trabajaba, ahora su hija Ludmila la acompaña

A sus 76 años, doña Lola Cotrina aún mantiene su rutina diaria de trabajo, la misma que empezó siendo muy joven, de 22 años, cuando llegó de Comarapa a Santa Cruz. La mayor parte de su vida transcurrió en el mercado Nuevo, ubicado en plena esquina de las calles Sucre y Cochabamba, a tres cuadras de la plaza principal 24 de Septiembre. 

Justamente en el ingreso principal del mercado se encuentra su puesto de venta de horneados típicos. Si bien ella se encuentra detrás del pequeño exhibidor repleto bolsas de cuñapé, roscas, merengues, tablillas, paraguayos y frascos de manjar blanco, es su hija Ludmila Rodríguez (47) quien desde el pasillo atiende a los clientes.

Doña Lola dice que no le gustan las entrevistas porque son muchas preguntas y pide que responda su hija, y así se hizo en un principio. Pero después de algunos minutos decidió hablar y contarnos su historia. 

Cuenta que llegó a vender en el mercado Viejo, que estaba ubicado donde actualmente se encuentra el paseo La Recova, a pocos metros de la plaza 24 de Septiembre. “Comencé vendiendo tomates y cuando nos tocó venirnos acá, abrí un puesto de abarrotes”, recuerda con claridad, y puntualiza que el nombre de Mercado Nuevo era para diferenciarlo del que acababa de dejar.

Apunta su mirada hacia la calle y dice que mucho antes de las losetas, la arena en época de lluvia se convertía en barriales, los cuales todos se daban modos para cruzar y llegar a hacer sus compras. Pero los comerciantes también tenían que trajinar a diario hasta la calle Aroma, en la iglesia San Francisco, para esperar los carretones que llegaban de Cotoca con carne. 

“No quise volver a Comarapa, mis hijos nacieron acá y se criaron conmigo en estos pasillos, como los de la mayoría de los que trabajamos desde hace varias décadas”, dice doña Lola, que lleva cinco años vendiendo horneados típicos y cuyo paladar sabe diferenciar el cuñapé abizcochado cocido en un horno de barro o industrial elaborados. ¿Son iguales?, le preguntamos, y contesta: “Sí, ambos son lindos, los puedo diferenciar también por la etiqueta”.

Vea el video:

Tiene varios proveedores. De Cotoca y Portachuelo le mandan manjar blanco, de San Javier los cuñapé abizcochados y queso criollo y el resto de los productos se los llevan personas particulares, como los chupetes y dulces de alfeñique, merengues, tablillas de maní y de leche, mermelada de frutilla y miel de abeja

En este mes aniversario del departamento de Santa Cruz, Ludmila comenta que la directiva del mercado se encarga del adorno de todos los puestos donde predominan los colores verde y blanco. “Ahora somos los hijos de los fundadores los que atendemos los puestos, somos de la tercera generación, me toca acompañar a mi madre, a quien he visto trabajar desde que era chica”, confiesa con orgullo. 

La entrevista concluye con la degustación de una tablilla de maní y dulces de alfeñique, una muestra del buen trato que doña Lola y Ludmila dan a todo aquel que llega a su puesto y son buen ejemplo de la práctica de una de las frases más emblemáticas de Santa Cruz: “Es ley del cruceño la hospitalidad”. 

Los cuñapés abizcochados llegan desde San Javier / Foto: Jorge Ibáñez

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