Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), alrededor de 4 millones de personas fueron diagnosticadas con cáncer, en la región de las Américas, durante 2020.
Con esos datos, no debe extrañar que quien recibe el diagnóstico positivo a cáncer enfrente negación, ansiedad, depresión o ira, y crea que el cáncer es un sinónimo de muerte. Las sicooncólogas Alejandra Covarrubias y Viviana Vargas explican cuál es la labor que realizan desde esta especialidad.
LOS PACIENTES
Vargas señala que el objetivo es que el paciente tenga una mejor calidad de vida y que aprenda a gestionar sus emociones. Indica que es importante dar información al paciente y a su familia, para que sepan cuáles son las etapas que atravesará durante su tratamiento, los posibles efectos que pueda tener en su organismo, como náuseas, mareos o pérdida de cabellos, que no ocurre a todos.
Indica que a la mayoría de las personas le han enseñado a reprimir sus emociones, por lo que se dificulta reconocerlas y que el paciente necesita reconocer sus emociones con respecto a su diagnóstico. El sicooncólogo trabaja en que la persona sepa que no es su culpa estar enferma, que no es un estorbo para su familia y que su enfermedad no es un castigo. Se busca que el paciente se libere de esas emociones negativas. Insiste en la necesidad de no ocultar ni reprimir las emociones, porque el hacerlo solo dificulta el tratamiento, así como su relación con la familia.
La negación, la ira, la depresión y la aceptación pueden llegar en distinto orden, sostiene Vargas, por lo que es importante abordar al paciente desde lo que esté atravesando.
Covarrubias explica que cada caso es único, por lo que la intervención también lo es. Señala que es importante darle al paciente la mejor contención, informarle sobre la enfermedad para ayudarle a entenderla y que pueda manejarla mejor. Para ello es importante preservar la salud mental.
Indica que incluso en pacientes que han sido diagnosticados con el mismo tipo de cáncer, los síntomas difieren y las reacciones al tratamiento son distintas; señala que puede que algunos pacientes necesiten quimioterapia ambulatoria, mientras que otros precisen internarse. También que hay quienes sufren la caída del cabello, y otros deciden raparse para evitarse el impacto de esa pérdida.
Sostiene que existen casos, en los que el paciente enfrenta cuadros ansiosos y rasgos depresivos, que hacen necesaria la participación de un siquiatra, que pueda medicar para controlar esos trastornos. Remarca que, una persona con salud mental, estará más tranquila y podrá sobrellevar mejor su diagnóstico y tratamiento.
En pacientes pediátricos, Vargas señala que se trabaja en técnicas de relajación, en gestionar el dolor a través de diversas actividades y con elementos que estén a su alcance. Se les enseña a tomar sus pastillas a tiempo, se les explica cómo deben comportarse cuando están siendo sometidos a distintos estudios y a qué esperar durante su tratamiento.
LA FAMILIA
Con los familiares también debe trabajarse porque, al igual que los pacientes, enfrentan situaciones como la culpa. Vargas indica que muchos parientes y cuidadores se sienten culpables por no poder hacer más, por no poder quitarles el dolor, etc. Con los papás de niños con cáncer, explica, se busca que comprendan que están haciendo todo lo que se puede hacer y lo que está bajo su control. Se les enseña a aceptar que los niños tendrán un comportamiento que puede parecer un berrinche, pero que es una expresión de un dolor que no siempre entienden y que, muchas veces, los sobrepasa.
Covarrubias resalta que debe haber un trabajo multidisciplinario para que el paciente se sienta bien y continúe el tratamiento. Señala que lo económico suele ser una causa de abandono, de pacientes adultos del sistema público.
REMISIÓN
En el mejor de los casos el paciente se cura y debe seguir realizándose estudios para confirmar este diagnóstico. Vargas indica que se hacen controles periódicos, y que el acompañamiento del sicooncólogo continúa. Muchos pacientes viven en una tensión y angustia constantes, señala, por el miedo a que el cáncer vuelva a aparecer. Los profesionales deben promover en estos pacientes convivir con la situación y gestionar esas emociones de manera positiva.
Covarrubias manifiesta que debe existir un cambio en los hábitos de vida del paciente para que evite sentir al cáncer presente en su vida, se le ayuda a ver otras cosas positivas de su vida.
Si se trata de niños, Vargas explica que se promueve una nueva forma de comunicación en la familia para que no se vea al niño desde la enfermedad, o desde la pena.
DIAGNÓSTICO TERMINAL
Existe la posibilidad de que la enfermedad ya no tenga cura y lo que el paciente necesitará son cuidados paliativos, con otro equipo específico, señala Covarrubias.
Se debe preparar para el duelo tanto al paciente como a su familia; al paciente para que sepa que quizás fallezca, y, a los parientes, para que puedan soltar a su familiar. Sostiene que existe un momento en el que ya no se puede hacer más que darles calidad de vida y amor.
En ese entendido, se trabaja en lo que llama voluntades anticipadas, que consiste en ‘cumplirle los deseos’ que pueda tener, como antojos de comidas que quizás tenía prohibidas. Indica que, ya en ese estadio, esa práctica ni va a mejorar ni va a empeorar el diagnóstico, pero emocionalmente ayudará. En esta etapa, el objetivo es que el paciente pueda irse en paz y que su familia acepte dejarlo ir, en paz.
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