Medicación, nutrición adecuada y ejercicios supervisados son parte de los cuidados que debe tener una persona que ha sufrido un infarto. Se trata de una rehabilitación integral, como manifiesta el cardiólogo Ronald Jiménez. A cada paciente le corresponderá un programa diferente, según su caso y previa evaluación, indica Rosa Castedo, presidenta de la Sociedad Cruceña de Cardiología.
El cardiólogo Fernando Leite señala que la recuperación es variable, y que parte importante de este proceso es el apoyo emocional, debido a que los infartos son una de las causas más frecuentes de muerte en el mundo, lo que tiene un impacto en el paciente que, generalmente, se manifiesta como ansiedad y depresión.
Jiménez sostiene que las posibilidades de fallecer en un primer infarto son del 25%, en tanto que, en un segundo, del 50%, y en un tercero suben al 75%. Por ello es importante que el paciente sea controlado, de manera que se eviten futuros infartos.
Infarto Durante un infarto la arteria coronaria se obstruye y la irrigación se interrumpe; una zona del corazón deja de recibir sangre y, según el tiempo que se tarda en resolver, el músculo puede resultar afectado y algunas zonas pueden morir y quedar secuelas. El médico añade que, si bien un infarto es impredecible, quienes más riesgo corren son los varones entre 40 y 60 años, además quienes tienen enfermedades de base, como: obesidad, hipertensión, diabetes, y más si fuman.
Después del infarto
La atención de emergencia tiene el objetivo de disminuir el daño al corazón, ya sea a través de medicación para disolver el coágulo que se formó, con un stent -un pequeño tubo de malla metálica que se abre dentro de una arteria coronaria; evita que la arteria se cierre de nuevo- o a través de una cirugía cardiaca, detalla Jiménez.
Después, en consulta médica, el especialista deberá prescribir diferentes medicamentos de por vida, señala Leite. Agrega que, según la evolución del paciente, algunos se pueden discontinuar.
Jiménez explica que los medicamentos que se prescriben tienen la finalidad de dilatar las arterias coronarias, otros bajan la frecuencia cardiaca para una mejor irrigación y otros para evitar la formación de nuevos coágulos. A estos habrá que añadir aquellos medicamentos para tratar enfermedades de base.
Los cardiólogos aconsejan a los pacientes tomar sus medicamentos en horario y de la manera adecuada; incluso si se sienten mejor no deben descontinuar el tratamiento.
Rehabilitación En cuanto a los ejercicios Jiménez señala que “se puede y se debe” realizarlos, siempre y cuando sean aeróbicos, como caminar, trotar, correr, nadar o andar en bicicleta. Sin embargo, el tipo, la frecuencia y la duración del ejercicio, debe ser recomendada por un especialista en rehabilitación cardiaca. El médico indica que en Santa Cruz sabe de uno solo y que no es común que los pacientes acudan a estos especialistas. Por ello, son los cardiólogos los que hacen las recomendaciones sobre estos detalles. Jiménez indica que los ejercicios contraindicados son los anaeróbicos, es decir, aquellos que implican alzar peso y ganar músculo, porque puede afectar al grosor del corazón y ser perjudicial. Castedo sostiene que, después del infarto, el paciente debe ser evaluado para planificar su actividad física; para ello se suele optar por un test de esfuerzo, que medirá su capacidad funcional, a qué grado de esfuerzo se cansa, si se producen arritmias o alteraciones electrocardiográficas o de presión arterial. Con esos resultados, el cardiólogo elaborará un programa de actividad física con la carga e intensidad adecuados para el paciente. Se recomiendan, inicialmente 30 minutos de actividad física y una frecuencia mínima de tres veces por semana. La especialista indica que la rehabilitación cardiaca reduce: la mortalidad cardiaca, los eventos cardiacos posinfartos y la tasa de hospitalización; mejora la calidad de vida del paciente. Hábitos saludables Una dieta saludable, mejor si es supervisada por un nutriólogo, es recomendada por Jiménez. También el control de los factores de riesgo.