Rita Medina. Nutricionista Los excesos al trasnocharse, comer demás e ingerir alcohol es la regla y no la excepción en la temporada de fiestas y vacaciones. Todo esto puede alterar la buena salud, en especial la del órgano que se ve más afectado: el hígado. La mala alimentación puede ser causantes de enfermedades hepáticas si no se controlan a tiempo. Según la Clínica Mayo, en Estados Unidos, la enfermedad hepática no alcohólica es la forma más común y afecta aproximadamente a una cuarta parte de la población en el mundo. Esta condición se caracteriza por una inflamación severa del hígado y puede derivar en una cicatrización avanzada, más conocida como cirrosis hepática. ¿Qué alimentos afectan al hígado? Existen ciertos alimentos que pueden afectar la salud del hígado, especialmente, si se consumen en exceso, y que podemos evitar poco a poco su consumo. Azúcar Ingerir alimentos y bebidas azucaradas promueve la producción de grasa en el hígado, lo cual puede traer como consecuencia los males del hígado graso. La fructosa, que es el tipo de azúcar presente en la fruta, la miel y algunos vegetales, así como la glucosa, el azúcar de la sangre, estimulan los genes productores de grasa en el hígado. Una dieta rica en azúcar contribuye a que la grasa se deposite en el hígado y genere mucha inflamación. Grasas La acumulación de grasas saturadas también conlleva a la inflamación del hígado. Una dieta en base a grasas saturadas, aquella que se encuentra en las carnes rojas y alimentos fritos, favorece el desarrollo de hígado graso, y puede provocar cirrosis. Pimienta Este alimento se debe consumir solo en pequeñas cantidades debido a que puede dañar el hígado y de manera irreversible. ¿Cómo cuidar el hígado de los excesos? Lo primero, es mantener una dieta y un peso saludable. El sobrepeso y una dieta desbalanceada son factores que pueden desencadenar la enfermedad de hígado graso no alcohólico. Para evitarlo es fundamental restringir los alimentos altos en grasas saturadas, azúcares y carbohidratos refinados. Es mejor optar por una dieta rica en vegetales, proteínas magras y grasas de buena calidad. Por último, pero no menos importante, consumir la cantidad de agua suficiente para el cuerpo. Evitar las bebidas alcohólicas El alcohol es capaz de producir graves alteraciones metabólicas en el hígado. Su consumo en exceso, por semanas o años, puede generar esteatosis hepática etílica (cúmulo de grasa producida por las lesiones causadas por el alcohol). Asimismo, desarrollar cirrosis hepática (alteración y deterioro de la función hepática a causa del alcohol). Por otro lado, si los excesos llevan más de 5 años y el consumo ha sido frecuente, es probable que se desencadene hepatitis alcohólica (un caso mucho más grave que las anteriores). Vivir con moderación significa que beber no es intoxicarse (o embriagarse) y en el caso de personas sanas, no consumir más de 1 trago al día si es una mujer y no más de 2 si es un hombre”, anota la investigación médica. Hacer ejercicio regularmente La actividad física es eficaz para mantener la buena salud del hígado. Sirve para utilizar los triglicéridos como combustible y así reducir la grasa de manera general. Usar protectores hepáticos, o los hepatoprotectores, como también se les conoce, son sustancias que ayudan a proteger al hígado de las toxinas y a estimular sus funciones. Durante las épocas de excesos son eficaces para optimizar el metabolismo hepático. Aquí algunas recomendaciones: Alimentos ricos en vitamina C Varias investigaciones revelan que el consumo de vitamina C en Comidas, Combatir el hígado graso implica adoptar cambios en los hábitos alimenticios. Vegetales y legumbres Se asocia con una menor incidencia de hígado graso, por ejemplo: pimentón, brócoli, col rizada o repollo y coliflor. Niveles adecuados de vitamina D Cada vez surge mayor evidencia de que la deficiencia de este micronutriente se asocia con el desarrollo de hígado graso. La vitamina D se encuentra en pescados como salmón y atún, queso y yema de huevo, principalmente. Alimentos ricos en Silimarina Esta sustancia ayuda a proteger las células hepáticas de los daños causados por toxinas y radicales libres, promoviendo así la regeneración del tejido hepático. La Silimarina se encuentra en la alcachofa, la raíz de cúrcuma y las semillas y hojas de cilantro.