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Guardería de petitas de río busca padrinos para cuidar la especie

Domingo, 25 de mayo de 2025 a las 03:00

Este año se retrasó la liberación de los quelonios y se robaron unos 1.500 huevos durante los incendios forestales. Ocho guardaparques hacen de nodrizas que cuidan los huevos en una playa artificial.  

Caben en la palma de una mano. Las minúsculas petitas de río lucen todavía vulnerables cuando son liberadas al agua dentro de la Reserva de la Biósfera de Beni, pero en realidad ya están aptas para reencontrarse con su hábitat acuático, por algo los ocho guardaparques se han convertido en una especie de nodrizas, cuidándolas por 70 días mientras incuban y luego por 45 días más hasta que toman cuerpo, ya que cuando nacen apenas miden 5 centímetros.


El esfuerzo que se hace es solo por amor a la naturaleza, porque en la práctica no hay financiamiento del Estado, departamental o municipal. El Proyecto Quelonio existe hace tres décadas, todos celebran cuando ven a esas pequeñas petitas caminar desde la playa hacia el agua, pero a la hora de pagar para el combustible de las lanchas con las que se hace patrullaje en busca de los nidos de desove, o de financiar las piscinas artificiales armadas con hules, alimento, etcétera, no aparece el dinero.


La magra economía de un guardaparque, cuyo salario es de Bs 4.200 -pese a una nivelación reciente- no alcanza para esta misión altruista. Hace tres años, con la llegada de Marcos Uzquiano a la reserva, que venía relocalizado tras ser amenazado por la minería ilegal en el Madidi, se ideó hacer una campaña de apadrinamiento. 


Se empezó a socializar que todo aquel que quiera ser padrino de una petita podía aportar Bs 10, con lo que pretendían cubrir parte de los gastos. Este año, con todos los precios por los cielos, el padrinazgo ya es de Bs 20.


Una vez más, con la esperanza de que la sociedad civil se ocupe de esta especie que aporta al equilibrio ecológico y que año a año es amenazada porque se comen sus huevos o se los vende para su consumo en el mercado de San Borja, empezó la campaña de padrinazgo. Se puede llegar a reunir unos Bs 5.000. Pero la idea no se queda solo con el cuidado y rescate de la peta de río, también se busca educar a la gente.
 

 

 


Una experiencia de éxito


Que las comunidades indígenas chimanes de los alrededores sean las que elaboren su propio sistema de repoblamiento de conservación de la peta de río, es otro de los objetivos. Porque gran parte del aprovechamiento que se hace de estas petas lo hacen ellos, que consumen huevos de tortuga. 


“El año pasado, una primera experiencia exitosa que tuvimos fue con Jorge Cari, de la comunidad San Antonio. Es un chimán que hizo su propia playita, su propia colecta. Incubó los huevos y han nacido 381 petitas”, cuenta Uzquiano, satisfecho porque han logrado dar un paso adelante. 


“Nosotros le dijimos que en lugar de que saquen lo huevos y se los coman o los vendan en Bs 1 cada uno, más bien los incuben y nosotros, como reserva, buscaremos padrinos para cada peta y ese dinero irá para ellos”, explica Uzquiano que tiene más de 21 años de experiencia y es el actual jefe de protección de la reserva de Beni.

 

 

Cómo se hace el rescate


El rescate de los huevos se hace a partir de junio, primero patrullando las  playas naturales dentro del área protegida, principalmente del río Maniqui, aunque también se hace en el río Yacuma, que está fuera de la reserva, pero se llega hasta ahí porque es una importante fuente de sitios de desove


Después, por casi 10 días, los guardaparques patrullan buscando y levantando los huevos uno por uno, todo sea en nombre del repoblamiento y conservación de la especie. 


La colecta se hace con mucho cuidado, ponen los huevos de un nido en un contenedor, que puede ser un balde plástico con algo de arena del mismo nido, luego colocan una lámina de plástico, marcan la fecha, el número de nido y la cantidad de huevos que están extrayendo. 


“Son largas distancias, muchas horas de viaje, a veces se rescatan 200 nidos en una campaña. Todos los huevos son trasladados hasta el campamento Los Petos, donde hay una playa artificial de unos 10 x 8 metros, resguardada y vigilada. Ahí se implantan los nidos en el mismo orden de como fueron cosechados. Entonces, se los siembra en esa playa artificial y se los señaliza”, explica Silviana Nalema Onarri, la única mujer guardaparque, a la que le encanta esta parte de su trabajo. 


La playa artificial está al aire libre, pero tiene enmallado, es ahí donde se espera unos 70 días a que eclosionen los huevos. Todo ese tiempo los guardaparques hacen el monitoreo del bienestar de los mismos, porque puede haber ataque de hormigas, o de los predadores naturales, incluso las personas pueden entrarse a robar, como sucedió el año pasado aprovechando que los guardaparques estaban ocupados en los incendios forestales. “El año pasado robaron más de 1.500 huevos”, confiesa Uzquiano, por lo que ahora solo quedan 800 petitas listas para su liberación, pasando sus últimos días en la guardería, donde transcurren  sus días en piscinas improvisadas con hules, donde monitorean que estén bien de salud y que hayan tumbado el ombligo. 


Cuando nacen apenas miden cinco centímetros. “Son bien pequeñas, tenemos que tenerlas bien protegidas, porque al aire libre también pueden ser atacadas por águilas, y si alguna muere, la retiran y cambian el agua.


Los ‘guarda’ también proveen su alimento, que consiste en dotarles de una especie de bejuco, que le llaman camotillo, que se cosecha del mismo lugar. “Las tenemos por 30 a 45 días con cuidados intensivos”, precisa Uzquiano, quien fue repuesto en su lugar de trabajo en enero de este año, luego de que fuera cesado tras denunciar una red clandestina de caza de jaguares.


La Defensoría del Pueblo interpuso un amparo constitucional a su favor y la Sala Constitucional, ordenó su reincorporación. Esa decisión se consideró un hito en la protección de defensores ambientales en Bolivia. 


Ese mismo Uzquiano del que hablamos, cuida junto a sus colegas de las petitas hasta que puedan endurar el caparazón. Recién entonces son llevadas de vuelta a la playa para su liberación. Ese momento culminante suele hacerse el 30 de noviembre, cuando se celebra el Día de la Tortuga. Con la diferencia de que este año los quelonios pusieron tarde sus huevos y todo el proceso se dilató. Para cuando quisieron liberarlas ya era enero y llegaron las inundaciones.


“Para evitar que sean llevadas por la corriente muy lejos hemos decidido esperar hasta el 5 de junio para liberarlas por el Día del Medioambiente”, nos informaron.


La campaña ya está en redes sociales, mientras las autoridades competentes guardan silencio, usted puede hacer algo. Se puede visitar el sitio de Facebook de Fundesnap donde hay un QR: https://www.facebook.com/Fundesnap

 

 

 


 

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